Ha sido una medalla por aclamación. En rara ocasión se puede ver que la práctica totalidad de los pueblos de dos comarcas extensas como La Serena y La Siberia se pongan de acuerdo para solicitar que la labor de un médico rural se reconozca con el máximo galardón de la comunidad autónoma. Un reconocimiento no tanto por su trabajo facultativo, que también, sino por su otra dedicación-pasión: ayudar a a los sufridores directos de la siniestra droga. A sus 71 años, Víctor Guerrero Cabanillas, de Esparragosa de Lares, cuna de otra medalla de Extremadura, su primo Pablo Guerrero, acoge con moderada emoción este premio, el culmen a una desinteresada labor para la que tuvo un cómplice necesario, su primera mujer, María José.
Su compañera, fallecida hace nueve años y madre de sus cinco hijos, le animó a implicarse porque la fatalidad le tocaba de lleno en el núcleo familiar. «A los drogadictos se les veía como delincuentes, culpables y a su familias como cómplices. Yo no podía soportar este pensamiento y decidí que había que dar un paso para dignificar a los que sufren esta lacra», explica Víctor. Y se implicó a fondo. Tanto que algunos le llamaron el médico de los drogadictos.
Pese a sus deseos de ser un médico rural afincado en La Siberia, la drogadicción en Villanueva de la Serena le empujó a moverse desde esta población. Su tarea es mayúscula: la rehabilitación del toxicómano, su inserción laboral, a través de su previa reeducación y cualificación profesional, y acabar con los estigmas que lo atenazan.
«Víctor es más buena gente de lo que parece», asevera un conocido de Esparragosa para definir a un paisano de discurso serio, casi seco al poco de conocerlo, pero que, cuando se profundiza, se atisba un espíritu abierto y acogedor. «Y se preocupa mucho por la gente», añade Basilio Redondo, alcalde de Esparragosa de Lares. Esa preocupación por los demás se remonta, como mínimo, a 24 años atrás.
Víctor Guerrero fue uno de los fundadores, en 1986, de la Asociación para la Prevención, Orientación y Atención a los Toxicómanos de Villanueva de la Serena (Apoyat). Cuatro años más tarde participó en la puesta en marcha de la Federación Extremeña de Atención al Drogodependiente (Fexad). Guerrero llegaría a ser presidente de ambas entidades. En su currículo asociativo figura que ha formado parte de la junta directiva de la Unión Nacional de Asociaciones de Ayuda a Drogodependientes (Unad) y miembro de la Sociedad Científica Española de Estudios sobre el Alcohol, el Alcoholismo y las otras Toxicomanías (Socidrogalcohol).
En 2007, el Ayuntamiento de Villanueva de la Serena bautizó con su nombre el centro de día de drogodependientes de la localidad, y antes, le habían reconocido su dedicación sanitaria con dos premios especialmente emotivos para él. De un lado, en 2006, el Premio Nacional de Médico de Rebotica, un galardón que se otorga a médicos que sobresalen tanto por su actividad profesional como por sus méritos humanísticos, y este año la Medalla al Mérito Colegial del Colegio Oficial de Médicos de Badajoz.
«Mi mejor homenaje llega contemplando la cara sonriente de muchas madres que han liberado a sus hijos de la adicción a las drogas. Recibir ahora la Medalla de Extremadura es un orgullo y por eso estoy profundamente agradecido» concluye.
Además de su actividad en el campo de la medicina y de su labor social, Víctor Guerrero Cabanillas mantiene otra sana obsesión, la de escritor. Son infinitas las colaboraciones para los medios de comunicación regionales y los artículos aparecidos en publicaciones como la Revista de Estudios Extremeños.
Pero la pluma de Guerrero ha creado también libros, de los que destacan tres singularmente. Dos de ellos vinculados a su condición de médico, 'La salud de Carlos V', y 'Felipe Trigo. Desorden mental y creación y literaria'. El tercero es 'Esteban Fernández de León Ibarra (1748-1819): un estadista ilustrado de Esparragosa de Lares'. Así es este médico rural, luchador contra la droga: un hombre infatigable.