Expedientes a cuatro boticarios, uno de los cuales facturaba medicinas que no entregaba al paciente; mea culpa público del máximo dirigente del SES; trastos a la cabeza entre boticarios y médicos... La explosión del gasto farmacéutico parece por fin disminuir después de un debate público en el que cada cual asumió su culpa.
La factura regional en medicinas ha proporcionado un alivio en el pasado mes de mayo, el último contabilizado por el Ministerio de Sanidad y Política Social, ya que en Extremadura subió un 8,53 respecto al mismo mes del año anterior, pero sólo un punto y medio por encima de la media nacional que ha sido el 7,03.
Lejos ya del cierto desastre acumulado a principios de año cuando la tasa extremeña duplicaba la nacional, ocho por ciento frente a cuatro en el acumulado de todo 2009.
La comunidad ya no es la peor, ha sacado mejor nota que otras cuatro regiones como son Aragón, Castilla y León, Galicia y Madrid.
El gasto total del SES ha sido de 32,1 millones de euros en mayo y «por primera vez en mucho tiempo» el precio medio de la receta ha descendido, a 13,84 euros, celebraba ayer Ceciliano Franco, director gerente del Servicio de Salud.
Espera que la factura se siga moderando y para septiembre u octubre se iguale con la media nacional.
Para llegar a esta senda que se promete positiva el SES se ha visto obligado a reforzar las inspecciones sobre una cadena -paciente, médico y farmacéutico- que se ha mostrado enormemente gastadora desde que hace poco más de un año se implantó por completo la receta electrónica, y que produjo un gasto final en 2009 de 360 millones de euros.
Ya no se quita
En los últimos meses, de acuerdo con facultativos y boticarios, y mediante una reciente campaña de información al usuario, el Servicio de Salud ha ido arreglando «desajustes», como la prescripción de medicinas de uso temporal en una receta la electrónica concebida como crónica; la anulación de tratamientos antiguos cuando el médico recetaba otro nuevo, o la escasa prescripción por principio activo, en lugar de por marcas.
En el curso de las inspecciones el SES ha expedientado a cuatro farmacias, una de las cuales le facturó medicamentos por valor de 2.500 euros que ni siquiera había entregado al paciente.
Semanas atrás el director gerente Ceciliano Franco se mostró personalmente arrepentido de haberse dado tanta prisa en poner en marcha la electrónica, y reveló que estaba planteándose quitarla temporalmente en algunas zonas donde el gasto se había duplicado, con el fin de analizar en detalle lo que estaba pasando.
Ayer en la comisión de sanidad y dependencia de la Asamblea de Extremadura dijo por contra que «ya no será necesario», una noticia bienvenida por la portavoz del PP, Teresa Angulo, porque entre otras cosas habría sido «tirar» el dinero invertido en el sistema.
Entre los fallos habidos Franco apunta que algunos farmacéuticos no han cumplido con su papel de agente sanitario ya que deberían haber corregido duplicidades de tratamiento, dosis inadecuadas, e incluso haber bloqueado la receta en contacto con el médico.
El SES está «moderadamente satisfecho» con la experiencia hasta el momento, piensa seguir adelante, y cifra en sólo 5,5 millones de euros el sobrecoste producido por los fallos de aplicación ya que el crecimiento del gasto farmacéutico es general en toda España.