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«Los cabestros de Vitorino llevan nuestros cencerros»

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«Los cabestros de Vitorino llevan nuestros cencerros»

06.06.10 - 00:11 -
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Toc, toc, toc. Montehermoso. Cencerrería Los Tres Golpes. Se escucha el martilleo incesante, rítmico, cansino sobre la chapa. Parece mentira que en Montehermoso aún haya tres industrias que vivan de hacer cencerros de manera completamente artesanal. En Los Tres Golpes, Amelio Retortillo y su cuñado José Antonio Hernández moldean y cuecen más de 4.000 al año y a cada uno les dan más de mil martillazos. Antes los vendían sólo en los contornos. Hoy los mueven por media España. Incluso vienen a comprárselos desde Portugal y hay buhoneros y guarnicioneros que cruzan los Pirineos y venden sus zumbas, sus cencerrillos, sus vaqueros a los ganaderos franceses.
-¿Amelio, cómo es la vida del cencerrero?
-Es más dura de lo que parece. Nos ven sentados, martilleando a la puerta del taller y la gente pasa y nos dice: «Qué bien estáis ahí». Sí, sí, sí. Eso es lo que parece, pero dar tantos golpes, el horno a gran temperatura. Te haces heridas porque te machas con el martillo aunque no quieras, la chapa te hace cortes si no tienes cuidado. A veces nos ponemos un poquito de tapón por el ruido.
-¿De niño soñaba ser cencerrero?
-Entré aquí con 20 años cuando vine de la mili y antes de eso trabajé en la agricultura con mi padre dos o tres años. Al casarme, mi suegro me dijo que me viniera a trabajar con él, a ver qué tal se me daba y llevo ya 30 años. De niño, yo soñaba. pues con ser camionero. Era una infancia bastante mejor que la de ahora, las calles no estaban cementadas, vivía frente a la última casa del pueblo, cerca de una laguna a la que iban los animales en la hora de la siesta a refrescarse. Aquí estaban los cabriales, dos o tres, que recogían 100 cabras cada mañana, se las llevaban y a la tarde volvían y cada cabra se iba sola a su casa. Ahora no queda nada de eso, sólo dos o tres rebaños de ovejas que están fuera del pueblo. En el pueblo ya no hay cabras porque son muy trabajosas, hay que estar todo el día con ellas. Las ovejas son más calmadas. Y que ya no da dinero.
-¿Es más fácil ser artesano naciendo en Montehermoso?
-Es posible. Aquí había mucho alfarero, aunque ya no queda ni uno. Mi abuelo fue alfarero y mi padre fu alfarero hasta que se casó. Yo he roto más de un cántaro porque corría entre ellos. Quedan tres o cuatro personas que se dedican a hacer gorros de Montehermoso. Hay desde hace muchísimos años una empresa que se dedica a hacer campanas y cencerreros somos tres.
-¿Tres cencerreros?
-Sí, sí. Mi suegro Gregorio Iglesias trabajaba con su padre. Se independizó y se vino a este taller. Su hermano con su padre se quedó en otro y aquí estábamos tres cuñados y uno se fue aparte. O sea que los tres cencerreros venimos de la misma rama. Los Iglesias hacen cencerros desde hace siglos, no se sabe desde cuándo porque se quemó el juzgado y los papeles.
-¿Da lo de los cencerros para que vivan tres talleres artesanos?
-Antes bastaba con los clientes de la zona. Ya hay que buscar clientes por toda España, si no, no te da.
-¿Cómo eran los cencerros y cómo son ahora?
-No cambian mucho. Ahora se compran las chapas en un almacén de hierro y antes se cortaban los bidones, que salía más barato. Aunque quedaban igual porque la chapa era buena. Ahora se cuecen en un horno de gasoil y antes era de carbón, que sigue funcionando, pero cuando son grandes cantidades, es mejor el de gasoil. Aunque los cencerros quedan igual en los dos hornos. Cuando se acaba de moldear un cencerro a martillazos, se envuelve en barro, se pone dentro un trocito de metal, se mete en el horno, donde ese metal se deshace a mil grados y lo baña y suelda y entonces es cuando suena, si no, no sonaría porque sería solo chapa sin metal.
-¿Cuántos hacía y cuántos hace?
-Antes hacíamos más o menos lo mismo. Ahora hay menos demanda en Cáceres o en Extremadura, en nuestro entorno, pero salimos fuera a buscar clientes a Asturias, a Cantabria. En realidad no salimos, nos llaman, funciona el de boca en boca. Tenemos guarnicioneros que desde hace años nos los piden para venderlos en las ferias de los pueblos. También vendemos en Cataluña, Castilla y León, Jaén, algún pueblo de Madrid. Hace unos días me ha pedido por teléfono un señor de Arévalo una docena de cencerros. Yo se los envío por correo contra reembolso y ya está. El caso es que al final hacemos los mismos cuatro mil y pico. Si es que pasan todos por nuestras manos y no podemos hacer más, aunque queramos. Que el horno sea más grande o más chico es igual.
-¿Tipos de cencerro, tipos de sonido?
-Hay muchas clases de cencerros. Desde los pequeñitos de tres centímetros, cascabelillos para perros o para rehalas cuando van a cazar, De ahí para arriba. En Portugal lo llaman chucaio, también nos compran de allí. Vaqueros para las vacas, de tamaño considerable, zumbas, que son los cencerros grandes y también los de ovejas, que son más estrechos por abajo porque la oveja se mueve menos y si la boca del cencerro es más estrecha, suena antes. La cabra es más altanera, se mueve más y no pasa nada porque la boca del cencerro sea más ancha, igual que la vaca.
-¿Los cencerros suenan igual todos?
-Cada cencerro tiene su sonido. Ahí no hay clones. Hay ganaderos que te compran 150 cencerros para sus ovejas y te piden que todos suenen igual. Es casi posible, exacto, exacto no hay nada, pero similar, sí. Los quieren de voz ronca y de voz clarita. Se consigue metiendo la chapa más delgada o más gruesa. Si es más delgada, la voz es clarita, más alegre; si es ancha, más ronca, más lejana y tiene cuenta en fincas grandes, de terreno escarpado donde no se ve bien el ganado.
-¿Cómo son los cencerros de los cabestros de las plazas de toros?
-Los cencerros para los bueyes son zumbas grandes. Talavante estuvo por aquí a comprar unos cencerros y los cabestros de Vitorino llevan nuestros cencerros. Tiene la finca por aquí, por Moraleja, y también nos los compra. Y más toreros y ganaderos.
-¿El cencerro más grande que ha hecho?
-Medía 50 centímetros y era para adorno. Más grande ya es complicado que aguante las calorías en el horno, aunque se puede hacer. Para animales los hemos hecho de 35 centímetros para un manso alguna vez. A los cabestros en las plazas se les ponen. En San Fermín, los cabestros los llevan de 35 centímetros. No sé si algunos son míos, pero los vendo por esa zona y es posible que sí.
-¿Y el más raro?
-Me los piden para música, para colocar al lado de la batería, que sean cuadraditos.
-¿Se los piden tuneaos?
-Sí, que les ponga inscripciones, unas iniciales, un escudo. Lleva su tiempo. Una vez me pidió un señor que los bañara en plata para sus vacas. Pero no podía ser no soldaba. Ya le dijimos que no iba a soldar.
-¿Hablamos precios?
-Uno pequeñito sale por cuatro euros. De ahí hasta el más grande de 100 ó 150 euros. Ese de 50 centímetros que hice para adorno lo vendí por 150 euros. Uno de oveja, normal, de diez centímetros, cuesta diez euros. Es barato tras una hora y media de trabajo.
-¿Por qué se dice de la gente que está como un cencerro?
-Porque se mueve tanto, mete todo el día tanta bulla, dolón, dolón, dolón.
-¿Pero qué utilidad tiene un cencerro?
-Mucha. Para saber dónde está el ganado en fincas grandes o en el terreno escarpado. Yo mando muchos para Asturias y Cantabria y en este tiempo, que empieza la primavera y envían las vacas al monte, es imprescindible que lleven un cencerro para saber dónde están, si no, no se enteran. En la trashumancia, el cencerro era vital para que cada uno supiera dónde iba su oveja o su vaca guía. El ganadero sabe perfectamente qué ganado es suyo por el sonido del cencerro.
-¿Cuántos cencerreros quedan en Extremadura?
-Los tres de Montehermoso solamente.
-¿Y en España?
-Quedan más de lo que parece. Los hay en Andalucía, en Castilla La Mancha, en Castilla León, por Galicia, por Navarra. A algunos he conocido, de Asturias, de Huelva, de Almansa. Nos encontramos, hablamos de la vida del cencerrero.
-¿Por qué se llama Los Tres Golpes su taller?
-Porque cuando mi suegro trabajaba con su padre, al acabar el cencerro, con un canto del martillo le daban dos golpes. Esa era la señal del canto en vez de poner una letra. Y mi suegro, cuando se hizo su propio taller, para diferenciarse de su padre, le daba tres golpes. Eso es la marca. El ganadero mira el cencerro a ver si tiene tres golpes.
-¿Cómo ve la evolución de Montehermoso en los últimos años?
-Bastante aprisa. Estaba tan demacrado cuando yo era pequeño que creo que ha subido mucho. Otros pueblos pequeños han bajado y este ha subido. Yo creo que es porque la gente se quiere ir al pueblo más grande. Aquí hay 5.500 habitantes y ha habido siempre buena agricultura, iban a vender a Plasencia los martes. Eso del martes de Plasencia casi lo fundaron estos de Montehermoso.
-¿Y de Extremadura?
-Igual que el pueblo, todo sube a mejor. Aquí en Extremadura no está tan mal. Hay pueblos en Castilla que están mucho peor, sobre todo los pequeños, están más dejados de la mano de Dios, aquí intentamos darles más vida a los pueblos, yo creo que sí.
-¿Cree usted que acabaremos saliendo de la crisis?
-Lo creo y lo quiero. Pero me imagino que sí. De todo se sale. Lo mismo que dentro de unos años volveremos a caer en otra.
-¿Las ha conocido peores?
-En el 90 y tantos y en el año de las vacas locas bajó a la mitad la venta de cencerros.
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Los tres golpes. Amelio, en el taller donde hace los cencerros con su cuñado y su hijo. :: ANDY SOLÉ

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