Nada más llegar a la zona, ya se respira tranquilidad. Los sonidos de la naturaleza se entremezclan con la voz de algún vecino que deambula por el lugar y con el toque de las campanas de la iglesia. Todavía la mano del hombre no ha estropeado este paraje natural. Se trata del arrabal trujillano San Clemente, situado a once kilómetros del centro de la ciudad. Allí está la casa rural 'El Recuerdo', especializada en el turismo ornitológico, aunque sus propietarios, Claudia y Martin Kelsey, aseguran que ofrecen más servicios a lo largo del año. En su interior, todavía huele a leña quemada. Cuando se pone el sol, la tertulia cobra especial protagonismo entre los huéspedes. Tan sólo es interrumpida por el sonido de las tazas de té o café. La abstracción del mundo es casi total. La ausencia de televisión en las habitaciones ayuda a disfrutar de la paz que se respira en el entorno.
Claudia es colombiana, Martin es de Inglaterra. Esta pareja visitó por por primera vez Trujillo en 1992. El objetivo fue avistar las distintas variedades de aves existentes en la zona, como unos turistas más de los cientos que llegan con esta afición. Tampoco se quisieron perder el patrimonio arquitectónico. «Este viaje fue una experiencia fenomenal». Tal fue el impacto que, años después y tras visitar varias partes de España, decidieron comprar una casa en San Clemente. En aquel momento vivían en la India. En 2004, decidieron trasladar su residencia a este lugar. Un año después pusieron en marcha la casa rural enfocada al turismo ornitológico, pero «no solamente». Claudia matiza que, en un principio, ese servicio era el referente principal. Sin embargo, ahora la oferta es mucho más amplia. «El concepto de turismo unido a la naturaleza siempre ha sido muy importante», señalan los Kelsey. La mujer explica que Trujillo cuenta con todos los elementos para desarrollar un turismo sostenible «que ahora está empezando a surgir».
La casa rural 'El Recuerdo' cuenta con seis habitaciones dobles, con nombres de árboles, además de una antigua bodega adaptada para comedor, situada junto al salón-biblioteca. También tiene un amplio patio con piscina. Su sello de distinción es el servicio personalizado. «Hay que entender las necesidades y las expectativa de los huéspedes para ofrecerle lo que necesitan», explica Martin.
En la época de primavera, la mayoría de los turistas llega para el avistamiento de aves. Suelen ser de países como Inglaterra, Alemania, EE UU, Suecia o Italia, entre otros. Aunque llegan con mucha información, siempre hay que situarles en el terreno y detallarles los lugares específicos donde se pueden ver mejor las especies. El problema de este tipo de turismo es que es muy estacional. Por ello, en verano, los visitantes son nacionales. Muchos de ellos llegan en familias y «es otro ritmo», aclaran los propietarios.
Otra característica de esta casa rural es su huerto. Muchas de las verduras que se ofrecen en la comida o cena son cultivadas por los dueños de estas instalaciones. Además, cuenta con un olivar de donde se extrae parte del aceite que utilizan.
Ahora, este proyecto empresarial ha unido el turismo sostenible con la solidaridad, gracias a la red de casas rurales solidarias. Mediante esta iniciativa, el 15 por ciento de lo que cueste la estancia será donada a una ONG elegida por los clientes. Una vez acreditada esta aportación con un certificado, no será cobrada esa parte del importe. Hay otra posibilidad. Si ese huésped tiene acreditado que es integrante de una ONG, contará con un 10 por ciento de descuento. Con esta iniciativa «se pueden hacer más contactos».