Preguntas importantes las que hacía ayer José Antonio Monago al presidente de la Junta. Subida de impuestos autonómicos y respaldo al recorte estatal en funcionarios y pensiones.
El líder del PP, que combina el pacto con el impacto en su relación política con el presidente de la Junta, no se guardó crudeza alguna, en unos momentos que la debilidad del PSOE nacional invita a empezar a abrir distancia electoral.
Ante él se plantó un Fernández Vara que lleva en una mano la tijera de podar, y en otra el fórceps con el que se dispone a extraer lo que pueda en los pocos yacimientos fiscales que quedan por explotar. El presidente de la Junta, o es más claro, o va por delante de su amigo y peligro del alma Zapatero; se anticipó a empequeñecer la lista y nómina de los altos cargos, y días atrás tomó también delantera en la promesa de retocar los impuestos a los más pudientes.
El cuerpo a cuerpo fue el más intenso de los últimos meses, el más rico en matices, recursos e innovaciones. Juegos de palabras, acusaciones ocurrentes, lo habitual, pero también estocadas de fondo que retrocedieron hasta la cuna de ambos. Monago presume de tener callos en las manos mientras Vara habría nacido «entre algodones». Para este último, orgulloso de su familia, lo importante fue el afecto, el respeto y la educación.
El presidente ha pasado poco a poco a la contraofensiva. Le subleva que si él propone un ahorro, el líder del PP salga con lo mismo más uno. Felipe González recordaba que cuando hacía una promesa, Aznar salía con otra superior, al estilo del «y dos huevos duros» con que los hermanos Marx cerraban sus deseos en 'Una noche en la ópera'. Pero en esta carrera loca de las ofertas que según Tierno Galván son para no cumplirse, lo que triunfa en la pasarela son las cantidades ya que los ciudadanos padecemos una tendencia extraña a ser seducidos por aquellos a quienes luego demonizamos.
En Extraval, la sociedad pública extremeña de avales, trabaja desde hace poco el ex presidente de Caja Badajoz, José Sánchez Rojas. Todo un mal ejemplo de austeridad y recorte, se ha encargado de censurar el PP; una vez acabada su gestión en la caja, se le ha «enchufado» en Extraval. Vara defiende el nuevo destino del ex presidente de Caja Badajoz, pero sobre todo advierte a Monago que puestos a hablar de enchufes, «si quiere que algún día hablemos de familiares, lo haremos».
Esto último no debería quedarse así, sin aclarar, aunque haya que esperar al próximo pleno de la Asamblea y a la benevolencia de su presidente Ferreira, para continuar la trama de estos dos políticos en busca de elector.