Al que hace los agujeros en el cinturón de la Junta mucho trabajo le queda. El presidente Guillermo Fernández Vara dio ayer un triple salto de longitud y fue más allá que nunca al avisar de que «si en la Junta nos tenemos que quedar la mitad, nos quedaremos».
La Administración pública, la autonómica y todas las demás, no se costean, son un lujo procedente de recientes épocas de abundancia y la burbuja de altos cargos, funcionarial, y de empleados en empresas públicas, está empezando a reventar.
Los cercanos al presidente extremeño aseguran además que Vara se anticipa a decisiones que también tomará en lo que le toca el presidente Zapatero para la Administración central.
«Yo también soy culpable», reconoció ayer Vara. De aumentar el número de altos cargos al creer que las vacas gordas «eran para siempre». Pero no, los ingresos públicos se han desplomado, la situación es insostenible y estamos en el inicio de un camino «que nos llevará a profundos ajustes».
Aunque sea sólo un detalle, y por ello no va a salir de pobre, el Gobierno regional ha decidido acabar con los fastos del 7 de septiembre en Mérida, la víspera del Día de Extremadura en el que se organiza un gran acto en el Teatro Romano de Mérida y se contrata un buen espectáculo musical para cerrarlo.
Cuesta «muchos millones» de pesetas, y es un «lujo» que «no nos podemos permitir». El próximo 7 de septiembre lo que haya será un acto institucional en el Palacio de Congresos de Mérida.
Como lo del Teatro Romano habrá «otras muchas cosas» que «habrá que dejar de hacer», que formaban parte de nuestra tradición, de nuestra identidad... «pero ahora las prioridades están en otro sitio».
«Me voy a abrasar»
Este país «no puede pagar las estructuras públicas que tiene». El gasto de los organismos oficiales que no suponga inversión «es un suicidio». Ahora no queda otra que pegar el machetazo «y algunos nos abrasaremos en esto, pero para eso estamos».
El consumo y la prosperidad no crean más de lo mismo, era una ilusión, reflexiona Vara, cuya hoja de ruta económica contiene las paradas de la construcción, la inversión pública y privada en los dos próximos años, la búsqueda de mercados exteriores para las empresas y sus empleados, el turismo, y una agricultura que pese a todo sepa producir mejor y más barato.
Aunque la construcción se lleva todas las culpas, es un sector sin el cual no se sale de la crisis y Extremadura va a contar con él. En diez años se hicieron las viviendas necesarias para veinte, lo malo es que las de vacaciones en la costa sobran, mientras en las ciudades faltan pisos para vivir.
La inversión pública y privada va a mover en tres años la mitad del PIB extremeño, suma el presidente. En el 2011 el AVE alcanzará su ejercicio récord de gasto, continuarán las termosolares y debe empezar la refinería, todo ello supone actividad constructora.
El turismo por otro lado va a ser un pilar «esencial» del próximo crecimiento extremeño, a base de una consolidación en el trabajo de calidad que se viene haciendo.
La agricultura está abocada, por la competencia nacional e internacional, a seguir produciendo alimentos aunque sucesivamente de mayor calidad y a precio contenido.
Los cálculos sobre la Ley de Dependencia han fallado sin embargo, según el presidente por la crisis. La Junta hace «juegos malabares» para poder pagar las ayudas comprometidas, y las familias en vez de contratar a cuidadores quieren el dinero y arreglarse solas. «Habrá que darle la vuelta a estas ayudas».
El presidente está más preocupado por las escasas posibilidades de algunos parados (sin formación) en encontrar trabajo, que por el número total de ellos.
El fin de la crisis, en definitiva, ha empezado, pero de forma muy distinta entre continentes, países y regiones.
Según el estudio del BBVA la reanimación es la clásica. Están subiendo las exportaciones, y la inversión empresarial, pero continúa sin aparecer el gran ausente: el consumo privado de las familias.