Julio Castilla y sus hermanos tienen unas cuadras junto al Guadiana a pocos metros de la cabecera del Puente de Palmas, en la margen derecha. Después de la última crecida, es la primera construcción en el tramo urbano del río, que se ve afectada por el agua. No es una vivienda, pero allí duermen animales y la instalación ya está totalmente inundada.
Aunque las previsiones que dio hace días la Confederación Hidrográfica del Guadiana de que el caudal estaba controlado, no todos duermen tranquilos. Por eso Julio Castilla o algún familiar pasan la noche junto al río, ya que también se están dando casos de pillaje -a él le han robado gasoil, dice- ahora que muchos huertos cercanos han sido desalojados.
La mayoría de las ovejas que se ven pastando por el Camino Viejo de San Vicente son suyas y duermen en esta vieja construcción de chapa desde 1983. Ahora el rebaño ha tenido que mudarse unos metros más arriba porque el agua las hubiera ahogado desde que el caudal avanzó unos metros más con las últimas lluvias y la apertura de compuertas río arriba.
«No había visto esto desde 1997, cuando la riada. Unos metros más abajo hay un colector que hace de presa y, como mucho, el agua llega sólo hasta ahí, pero el sábado por la tarde sobrepasó esta conducción y se llenó todo de agua. Como ya estábamos pendientes habíamos subido las ovejas más arriba, pero la cuadra se ha inundado».
Tiene casi doscientos animales y, según cuenta, tuvo que desalojar la caseta que tiene -o tenía, según se mire- unos metros más arriba porque la construcción entra dentro de la zona expropiada marcada por la Confederación Hidrográfica del Guadiana para los trabajos de adecentamiento de las márgenes, ahora interrumpidos por las lluvias. Esta orden la recibió en octubre y le advirtieron que las máquinas excavadoras derribarían la caseta, de ahí que el desalojo tuviera que ser inminente.
Según Julio Castilla, como aún no ha llegado ninguna máquina, al ver el sábado la velocidad a la que crecía el río decidió volver a llevar a sus animales allí, lo que le ha valido un escrito de la Policía Local que no sabe aún en qué quedará.
De momento, vigila día y noche su propiedad junto al río, donde también tiene gallinas que ha tenido que trasladar a una habitación que hay en el techo de su cuadra, que milagrosamente aguantó el temporal de la semana pasada. «Ahora tienen comida, pero si el agua no baja tendré que subirme al tejado para echarles más. Esperamos que no haga falta y esto baje», decía ayer.