Rectitud, cortesía, lealtad, autodominio o amistad son algunos de los parámetros que rigen el kárate, que como todos los artes marciales, va más alla de ser un mero deporte. Quizá por ello, esta práctica no podía dejar de lado la normalización social de los discapacitados, y esas iniciativas mundiales llegan ahora a nuestra Península.
El gimnasio pacense Kenshinkan dojo es el primero en Extremadura que va a dar clases de kárate a discapacitados en sillas de ruedas. A este arte marcial se le unirá también la práctica del kobudo, de origen mucho más antiguo.
Pedro Martín, el responsable de esta iniciativa, trata rá de enseñar el concepto educativo y cultural que tienen las formas de budo -artes marciales tradicionales-. «En ese espacio confío en desenvolver mi trabajo; creo que es un planteamiento que merece la pena, por ser adoptivo a valores a niños, jóvenes y adultos; este concepto incluye salud y bienestar».
Con respecto al kárate, a pesar de su carácter tradicional, ha evolucionado en el caso del karate-dô a las personas con discapacidad. Esta adaptabilidad permite su estudio y práctica a todos los sectores de la sociedad.
El desarrollo de la práctica y estudio del karate permiten un desarrollo motriz integral, potenciando el funcionamiento de todos los sistemas corporales: músculo-esquelético, nervioso, respiratorio, etc.
Y es que valores como la voluntad, el espíritu de sacrificio, la relación dentro de un grupo, la no violencia, la constancia o el respeto a uno mismo y a los demás también servirán, y mucho, a los alumnos de esta iniciativa extremeña.
Las clases se dividirán en varios puntos, taiso -ejercicios de acondicionamiento en los cuáles se trabaja el fortalecimiento músculo-esquelético, estimulándose el aparato respiratorio y activando el sistema circulatorio-; kihon -estudio de técnica de kárate-; kihon kumite -trabajo con compañero-; kata -estudio de formas establecidas de defensa y ataque que simulan un combate-; bunkai kata -análisis y aplicación de los movimientos del kata-; ejercicios respiratorios específicos; y teoría e historia del arte marcial.
En el karate-dô existen tres niveles -Infantiles, Juveniles y Adultos -. El primero oscila entre los cuatro y los ocho años de edad. La práctica del arte marcial en estas edades se podría resumir en las ideas de psicomotricidad y educación en valores humanos . El segundo nivel , que se encuentra entre los nueve y los 15 años , encierra un trabajo dirigido a la apertura, conocimiento y expansión del arte marcial. Junto al kárate ya se estudia el kobudo.
Por último, el tercer nivel, dedicado a los adultos , incide en una práctica saludable y terapéutica para el alumno.
Kobudo
Por su parte, el kobudo será fundamental en las clases, pues se complementa a la perfección con el kárate al tener ambos un desarrollo paralelo en su historia y evolución.
El kobudo es un arte marcial procedente de Okinawa, una de las islas del archipiélago de Ryu Kyu, situado en el sur de Japón. Su arte engloba el estudio de diferentes armas tradicionales que, en su origen, fueron elementos de uso cotidiano entre los isleños.
Entre sus armas encontramos el bo -bastón largo-, tonfa, nunchaku o el sai, entre otros muchos.
Pedro Martín está a la espera de que pueda ir formándose el grupo, para comenzar cuanto antes las clases. «No tengo especial interés en que por ahora sea demasiado numeroso; confío en el trabajo hecho con tranquilidad, pero con constancia, espero llegue todo a buen puerto», considera el 'alma mater' de esta iniciativa. Las inscripciones se realizan en el gimnasio Kenshinkan dojo, en la calle Antonio Alvarez, nº 4-B, 06005, Badajoz (teléfono, 924220149). Las clases se realizarán en el Colegio Público Luis de Morales, situado frente a la escuela, en Santa Marina (Badajoz), de 18 a 19.30 horas. Como material, sólo se precisará karategi -traje para practicar kárate- y libreta para anotaciones.
«A lo largo del último año y 2010, hemos realizado algunas demostraciones de nuestro trabajo; la buena acogida ha dado impulso a esta iniciativa; y demostrado a todos que la práctica del kárate como arte marcial está abierta a todas las personas sin distinción; su adaptabilidad permite que las personas discapacitadas puedan tener acceso a su estudio y práctica», explica Martín.