No todo lo que empieza mal acaba mal. Por ejemplo, ayer en el Nuevo Vivero, donde el Badajoz tardó unos diez minutos en darse cuenta de que el derbi ante el Extremadura había arrancado. Su pésima puesta en escena ante el experimentado Extremadura lo pagó caro, con el 0-1 de Rafa en el minuto 6, pero a partir de ese instante el derbi fue otro y el líder demostró que sabe reaccionar en un terreno hasta ahora desconocido para él pese a jugar en su campo. En una mañana poco afortunada del colegiado, los blanquinegros revertieron la situación primero desde el punto de penalti, donde Rubi es un asesino implacable, y después con un testarazo de 'Tonigol', que no pierde el olfato pese a estar fundido por las molestias que le impidieron entrenar durante la semana.
El árbitro esta vez no fue actor secundario sino principal. Repartió errores a ambos lados del campo y guardó una especie de silencio administrativo en algunos lances en los que el silbato enmudeció y apenas mostró una tarjeta hasta el recital de la parte final. Pero si hubo algún perjudicado, aunque fuera a los puntos, ése sería el Badajoz, a quien 'birló' -con la ayuda del asistente- un gol legal de Toni al estimar que a Tete se le había marchado el esférico por la línea de fondo. El resto de la polémica -los penaltis- pueden entrar en el ámbito interpretativo, pero el fallo de anular ese gol es determinante porque proviene de un hecho objetivo.
Marrero criticó que el Badajoz fuera 'premiado' por el trencilla con dos penas máximas y su ira le llevó al vestuario minutos después de que mostrara su queja y por mediación del línea. El Extremadura pidió penalti en una arriesgada salida de Ímola en la que golpea a Rafa a balón pasado. Pudo señalarse el punto fatídico, pero el Badajoz también tenía derecho a pedir su particular hoja de reclamaciones. Al menos dos penaltis más cometidos sobre Tete y Toni, ambos en la primera parte.
Desde el pitido inicial los presentes en el Nuevo Vivero confirmaron que el partido de ayer era una historia diferente a lo que acostumbraban ver. El Extremadura es un rival peligroso, serio, con muchos kilómetros en las botas de sus futbolistas y bien dirigido. Sus primeros compases fueron de mérito, presionando muy arriba la salida del rival y mirando el área contraria. En cambio, los blanquinegros arrancaron desconcertados, mal colocados en defensa y superados al ver que el adversario no ponía el autobús de anteriores ocasiones.
Rafa aprovechó un error gravísimo de la zaga local para enviar a la red un balón que primero se paseó de derecha a izquierda -de Juan Germán a Ruiz-, y después de izquierda a derecha -de Ruiz a Rafa- para que el azulgrana anotara a placer el 0-1. La grada se asustó porque el partido tenía mala pinta y el Extremadura parecía dar un golpe sobre la mesa.
Más experiencia
Adolfo había dejado en el banquillo de inicio a los jóvenes Gutiérrez y Alex Herrera, tal vez para contrarrestar la mayor experiencia de los visitantes, que contaban con un viejo conocido de la parroquia, Juan Germán, que estuvo algo acelerado y tuvo que ser cambiado en el descanso con una amarilla. Con los minutos el partido se transformó en un ir y venir, con dos equipos buscando el gol cuando en el Nuevo Vivero se suele ver a solo uno con esa actitud.
El líder de la Tercera extremeña supo reaccionar, algo que puede tener mucho valor con vistas a lo que está por venir. En el 19, Juan Germán le hace a Pichi el típico penalti en el que caen los extremos cuando defienden en área propia. Rubi no tiembla y manda el balón a la red. Hasta entonces el Extremadura estaba desempeñando un gran papel. Ruiz hacía daño por la banda izquierda y las líneas defensivas tapaban a los blanquinegros, pero Tete ya estaba anunciando su presencia. Entre el 35 y el 39 los locales pidieron dos penaltis mientras el colegiado miraba para otro lado.
En el minuto 42 el Badajoz culminaba la remontada con el 2-1. Golazo de Toni en un espléndido remate de cabeza tras una falta botada magistralmente por Rubi. El delantero cacereño agradeció el servicio del centrocampista porque bastó un ligero toque a ese balón para depositarlo en las mallas. Con el 2-1 se llegó al descanso con la sensación de estar viendo un buen choque entre dos equipos que corroboraban su grandeza.
El segundo acto comenzó con otro error arbitral. El 3-1 debió subir al marcador pero fue obviado por el juez. Rápida jugada del más rápido, Tete, que pone en bandeja el balón para que Toni sellara la victoria. Pero el gol no llegó al haber del Badajoz porque se consideró que al extremo blanquinegro se le había escapado la pelota por la línea de fondo. Golpe moral para una grada encolerizada.
Pero los de Adolfo seguían buscando la sentencia. No se fiaban de un Extremadura que ofrecía un miedo más psicológico que futbolístico. Apenas tuvo trabajo Ímola pese a que el Badajoz extrañaba algunas fases del segundo tiempo en las que los almendralejenses dominaban el juego. Los blanquinegros defienden con la pelota.
Juego trabado
La calidad bajó enteros en esta segunda mitad. El Extremadura endureció su actitud y los continuos contactos interrumpieron el ritmo, convirtiendo el duelo en un cuerpo a cuerpo más defensivo de lo que se vio antes. Al menos quedaba la incertidumbre de un 2-1 corto. Chicote, que estaba casi desaparecido, lo intentó en una falta cuyo disparo se marchó muy alto. Después sería Cajoto, cuyo remate de cabeza pasó cerca del poste derecho de Moisés. Otra más para Tete, que cabeceó flojo un centro sin mordiente al que era difícil sacar rédito.
En el 74 Adolfo hace un cambio que deja muda a la grada. El ariete Toni -que no podía más- deja sitio al defensa Gutiérrez, con lo que Guerrero pasa al centro del campo. Marrero quita a Teo y da entrada a Tirado, quien sería esencial en el 3-1. Un penalti sobre Tete al que Tirado agarra fuera del campo y, por lo que debió deducir el colegiado, también dentro del área. Difícil jugada porque si se pita la falta cometida fuera del campo no sería penalti. Esa jugada desquició al Extremadura, que sólo se asomaría hasta el final en un remate de Nieto. Al final, la victoria se quedó en casa. En el feudo de un líder que sacó casta ante la adversidad y al que sólo le queda el Jerez en la lucha por el título.