«La psoriasis no tiene cura, pero sí buenos tratamientos», recalca el especialista Carlos Ferrándiz, aunque la edad de aparición (29,1 años de media en España) exige que se prolonguen durante tres o cuatro décadas. De ahí que, hasta que pueda descubrirse un remedio definitivo, el sueño inmediato compartido por pacientes y especialistas sea una terapia «de acción selectiva, respuesta rápida, efectiva y segura para poder administrarla años y años».
Un abanico de deseos que empezó a hacerse realidad en 2003 con los agentes biológicos, más eficaces y con menos efectos adversos que las cremas con corticosteroides, la fototerapia y los tratamientos sistémicos con retinoides, metotrexato o ciclosporina, válidos a corto plazo pero limitados por su toxicidad de órganos acumulada.
De hecho, los fármacos biológicos se emplean para 'rescatar' a pacientes en fase moderada o grave que han fracasado con esas terapias, y su clave está en el uso de proteínas idénticas a las humanas que se modifican para bloquear la acción patológica de otras implicadas en el proceso inflamatorio de la psoriasis. La creciente lista de agentes de este tipo incluye a los inhibidores de la activación de los linfocitos T (alefacept), los inhibidores del factor de necrosis tumoral (etanercept, infliximab, adalimumab) y la nueva familia anti-P40 estrenada con ustekinumab, cuyas proteínas son ya totalmente indistinguibles de las humanas y que actúa por una vía diferente al bloquear dos citoquinas claves en el proceso psoriásico.
Entre las virtudes de ustekinumab, que acaba de salir airoso ante etanercept del primer estudio comparativo entre medicamentos biológicos, destacan su fácil uso (dos inyecciones al inicio y en la semana 4, y después una cada 12 semanas), una eficacia rápida y mantenida (significativa ya en la semana 4, máxima en la 24 y persistente en la 76), y la capacidad de lograr buena respuesta al reiniciar la terapia propia si ha sido suspendida o al tratar a pacientes que hayan fracasado con otro fármaco.