Alberto, Severiano, Paco, Samuel y José Tomás se reúnen en el patio de butacas del teatro López de Ayala. Es el descanso del concurso de murgas y entre todos acumulan más de cien años de experiencia en esta competición. Su murga, 'El nombre da igual', se retiró hace unos años, pero siguen enganchados al Carnaval y ahora son comentaristas en las radios y televisiones que cubren la fiesta. Cuando no tienen que trabajar, se juntan en los pasillos, evalúan a las murgas en activo, comentan cómo ha cambiado el Carnaval y se ríen recordando sus mejores momentos. En sus voces se nota que 'cortarse la coleta' es duro y que echan mucho de menos subirse al escenario.
'El nombre da igual' es la murga más antigua en el Carnaval de Badajoz por lo que han ocupado varias veces la portada de HOY, por ejemplo en 1988, cuando ganaron el certamen. Son la agrupación que más primeros premios ha conseguido pero, ante todo, fueron revolucionarios en sus inicios.
El grupo se creó como muchos otros, con unos amigos que se envalentonaron. «Un día me encontré a José María Cortés y Alfonso Colomé y me dijeron que íbamos a juntarnos y hacer una murga. Yo no sabía ni lo que era eso, pero José María es andaluz y tenía más idea. Así empezamos en 1982, año en el que salimos de Esmeraldas», cuenta Paco Fernández, más conocido como 'El cerillo', un mote que arrastra desde el colegio marista.
En esos días, la competición de murgas era muy distinta, ya que sólo se enfrentaban media docena de grupos. «Pero era un 'boom'. El teatro se venía abajo y teníamos que ir desfilando por la calle. Cuando llegábamos a un bar, se llenaba porque era algo muy novedoso y a la gente le encantaba», añade Paco.
El Carnaval también era muy distinto. Así lo cuenta José Tomás Andrade. «Era mucho más participativo, salía gente de todas las edades y lo difícil era encontrar a alguien que no estuviese disfrazado». Él entró en la murga hace unos 25 años porque conocía a varios miembros. «Hay muchos de la rama sanitaria como yo, pero curiosamente nunca nos hemos disfrazado de médicos», recuerda José Tomás.
Eso sí, se han transformado en rejoneadores portugueses, enterradores e incluso niñas de 'primera con muñón'. Esta última es una de sus actuaciones más recordadas porque llevaban un vestido de comunión, pero les faltaba un brazo. A pesar de todos los años que han pasado, su memoria está intacta. De hecho, Severiano Teodoro recuerda el año que se disfrazaron de soldados franceses con Paco como Napoleón. «Decíamos Josefina, Napoleón y un soldado maricón». No es una frase, es parte de la actuación, ya que este pacense es capaz de cantar aún los pasodobles que interpretaron hace 20 años.
Esta murga ha pasado por muy buenos momentos, entre ellos su victoria de 'enterraores', que fue la primera vez que se retransmitió el concurso por televisión, viajes por toda España o incluso el año que Paco 'el cerillo' fue pregonero. Sin embargo, también han pasado por momentos durísimos, especialmente la muerte de su compañero y amigo Alfonso Colomé. Cuando le recuerdan, todos pierden la sonrisa.
Sin embargo, hablar con ellos es todo un reto porque pasan dos segundos serios y cinco minutos de 'cachondeo' que para eso son murgueros. La melancolía se nota en sus voces y a la pregunta: ¿volverá El nombre da igual? Confiesan que se lo están pensando para el año que viene.