Unas sabrosas migas, con su pimientito, su ajo... o un buen plato de judías blancas. Suficientes para reponer fuerzas y pasar del escenario del Palacio de Congresos y Exposiciones a las calles y plazas de Mérida. Las comparsas y chirigotas cambian de registro. Este fin de semana sacan a pasear su lado más gamberro, loco y deshinibido. Durante estos días participan en numerosos actos callejeros dispuestos a pasárselo bien y a deleitar a los emeritenses con sus letras y voces.
Todas lo disfrutarán. Aunque la comparsa Los Sureños tiene razones de sobra para echarse a la calle y dar lo mejor de sí. Además de haber quedado las terceras clasificadas en su categoría y conseguir el premio al mejor disfraz, con el premio Tijera de Oro, celebraron ayer sus 20 años como agrupación.
Para ello, invitaron a todos los grupos del Carnaval a la Zona Sur. Allí, al mediodía, todos los asistentes pudieron degustar migas y subirse al escenario a cantar. Un momento de convivencia que también quisieron compartir con todos los emeritenses que se acercaron por el barrio.
Ana Nieto es una de las integrantes de la comparsa. Forma parte de ella desde 2001, año en que se convirtió en exclusivamente femenina, aunque la agrupación como tal nació en 1991 como infantil.
Primeros años, difíciles
Ana recuerda los primeros años en Los Sureños. «Fueron un poco difíciles, porque tuvimos que buscar a los músicos, adaptarnos unas a las otras y encontrar nuestra seña de identidad».
Ese año, en 2001, iban disfrazadas de ratón de ordenador. Otro año fueron de piratas. También representaron un coro de gospel. Pero según Ana, el tipo que recuerdan con más cariño y que mejores críticas ha tenido ha sido cuando iban de brujas. «La verdad es que para nosotros es el disfraz más bonito que hemos tenido y le tenemos mucho que agradecer».
Los Sureños siempre han despuntado por tener buenos trajes y por eso ya tienen varias Tijeras de Oro en su trayectoria. También pueden presumir de que en localidades como Calamonte o Almendralejo las reclaman para cantar en sus concursos, aunque no participan propiamente dicho en estos. Sus actuaciones no puntúan, pero sé se llevan algo de dinero por ellas.
Con sol aunque con mucho frío, y después de cantar en la Zona Sur, muchas de las agrupaciones se trasladaron a la Plaza Santo Domingo para degustar judías blancas y entonar algunas coplillas.
Las agrupaciones, comieron y bebieron hasta bien entrada la tarde. Después se dispersaron para actuar en diversos puntos de la ciudad.
Durante estos días el Carnaval se vive en la calle. Y aunque, según reconoce Ana, de los Sureños, no se ve mucha gente disfrazada, tan sólo niños pequeños, los que salen se lo pasan bien. «Otro año más notamos que la gente no se anima y no se disfraza. Tan sólo las comparsas y chirigotas, niños pequeños y algunas pandillas de jóvenes. Pero con esto no basta. El ambiente todavía sigue siendo pobre en las calles».
La carpa instalada en la Plaza de España hace de punto de referencia para todas las agrupaciones. Allí se encuentran los miembros de unas con los componentes de las otras y comparten su pasión por la fiesta.
Una fiesta que, hasta el martes, mostrará la cara más dura de Don Carnal.