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Embarazos de laboratorio

 Una técnico de laboratorio descongelando embriones de ratones, ejemplares con los que realizan el estudio
Una técnico de laboratorio descongelando embriones de ratones, ejemplares con los que realizan el estudio / Lorenzo Cordero
  • Investigadores extremeños patentan un sistema que favorece la precisión del embrión en la cavidad uterina y dan con una fórmula que mejora la actividad embrionaria

La sociedad actual y, sobre todo, la crisis económica han hecho que las parejas decidan tener hijos cada vez más tarde. Antes de los 30, para muchos es casi impensable convertirse en padres y eso tiene consecuencias. Según los especialistas, la edad de máxima reproducción para la mujer es de los 20 a los 25 años, luego empiezan a caer las posibilidades de embarazo; algo que se convierte en muy complicado cuando se cumplen los 40. Ese motivo, junto a otros factores, hace que el 15 por ciento de las parejas españolas en edad reproductiva tenga problemas para procrear. De ellas, el 30% acude a la consulta y se pone en manos de los especialistas. Están dispuestas a gastarse unos 4.000 euros como mínimo para hacer realidad su sueño.

Precisamente, para que todas esas personas que piden ayuda a médicos puedan someterse a un proceso con mayores probabilidades de éxito, investigan en varios centros de la región extremeña. Uno de los proyectos que mayores repercusiones tiene actualmente lo lideran la Universidad de Extremadura, el Instituto Extremeño de Reproducción Asistida (IERA), la clínica Norba, Laboratorios Larrasa, el Clúster de la Salud y el Centro de Cirugía de Mínima Invasión Jesús Usón.

Consiste en el uso de las nuevas tecnologías para mejorar los procesos de implantación y transferencia embrionaria. Más de diez personas llevan trabajando tres años en ello y se han centrado principalmente en dos líneas de investigación.

La primera consiste en mejorar la transferencia. «Una vez que se hace el proceso de fecundación in vitro en los centros de reproducción asistida, los embriones obtenidos tienen que ser depositados en el útero de una mujer. Es un proceso mecánico y para ello se necesita un sistema especializado. Nosotros hemos patentado unas cánulas de transferencia que aumentan la precisión del embrión en la cavidad uterina. Todo con el objetivo de evitar embarazos ectópicos», explica Santiago Álvarez Miguel, catedrático de Biología Celular de la Universidad de Extremadura y colaborador científico del Centro de Cirugía de Mínima Invasión.

Cuando los profesionales sanitarios se refieren a embarazos ectópicos, aluden a aquellos en los que los embriones se alojan en lugares no deseados. «Lo lógico es que se implanten en el útero, pero hay veces que han aparecido en trompas e incluso se han llegado a encontrar en zonas pulmonares», detalla José Mijares Gordón, responsable de la Unidad de Reproducción Asistida del Jesús Usón.

José Mijares muestra con una imagen la transferencia del embrión en el útero

Transferencia.

José Mijares muestra con una imagen la transferencia del embrión en el útero / Lorenzo Cordero

A este sistema se une otra línea de investigación relacionada con el comportamiento de moléculas. «En la implantación embrionaria se activan una serie de factores que influyen en el diálogo molecular. Hemos descubierto una molécula que a la hora de implantar se activa. Se llama EGF (Factor de Crecimiento Epidérmico). A partir de ahí, empezamos a hacer pruebas impregnando un medio de cultivo con esa molécula y otro sin ella. Tras miles de ensayos, hemos descubierto que eso influye y mejora significativamente el proceso de transferencia embrionaria», comenta Mijares, quien añade que han conseguido una serie de compuestos que añadidos al medio de cultivo y con técnicas de laboratorio pueden activar la molécula EGF.

Todo ese proceso de pruebas se lleva a cabo en el Centro Jesús Usón y lo hacen con el modelo murino, es decir, con ratones. Para ello cuentan con un espacio con máquinas especializadas para anestesia, para la cirugía y para la implantación del embrión en el útero.

Tras pasar por ese proceso, los ejemplares tardan en dar a luz 21 días. Luego se comprueba si realmente las teorías de los investigadores están en lo cierto. Ven cuántas crías han nacido usando el medio de cultivo con EGF y el número de animales que nacen cuando no se aplica. Para ello cuentan con ejemplares de color negro y otros blancos. Eso permite diferenciar qué proceso es más eficaz.

Aunque aún no se ha probado en humanos, en la Universidad de Extremadura han ido más allá. Crearon un tapiz de células endometriales, es decir, ‘simularon’ un útero y en él pusieron los embriones. Efectivamente, descubrieron que, con la fórmula ideada, se implantaban más.

Acciones formativas

Todas las pruebas que se están haciendo con modelos animales han producido una serie de beneficios colaterales. Entre ellos, el más destacado es el desarrollo y la mejora del Área de Reproducción Asistida del Centro de Cirugía de Mínima Invasión Jesús Usón, donde se imparten diferentes acciones formativas a nivel nacional e internacional. Hay cursos de selección espermática, congelación seminal, extracción de gametos y embriones; así como prácticas de vitrificación, entre otros aspectos.

De este modo, diferentes agentes, muchos de Extremadura, apuestan por investigar y formar. Aseguran que el problema, como sucede ahora con casi todo, es la financiación. Sin embargo, confían en que la Administración regional apoye este tipo de proyectos que ayudan, en definitiva, a crear vida.