Brazos 'low cost' impresos en casa

Guillermo Martínez en su casa, donde diseña, imprime y monta las próteisis de manos 3D. / Virginia Carrasco

Una impresora 3D de bajo coste y un portátil son las armas de un joven madrileño de 23 años con las que viajó a Kenia para mejorar la vida de cinco personas

JOSÉ A. GONZÁLEZMadrid

'Hakuna Matata', dos palabras en suajili, un idioma que se habla en países como Zanzíbar, Tanzania y Kenia (África). Una expresión que Walt Disney popularizó con 'El Rey León' y que su traducción literal es "no hay problema", aunque la gran pantalla la haya adoptado como "vive y sé feliz".

Eso es lo que pensó Guillermo Martínez, un joven madrileño de 23 años que el pasado mes de julio cogió un vuelo con destino a Nairobi (Kenia). Pisado territorio africano, tocó subirse a otras escaleras de avión para alcanzar Eldoret, pero el viaje aún no había terminado. La última etapa, ya en coche, le llevaría hasta la pequeña región de Kabarnet, una comunidad de poco más de 29.000 habitantes donde se encuentra el orfanato que llevó al joven madrileño a emprender esta aventura. Una larga travesía que "comenzó a principios de año", comenta Martínez.

Escoltado por sus personajes de la infancia preferidos, Guillermo Martínez ha montado su pequeño taller en su habitación rodeado de muñecos de Star Wars, Digimon y Transformers. Como sus héroes, él también guarda sus armas: un portátil y una impresora 3D. "Esta tecnología me interesaba mucho pero no podía permitirme una impresora de este tipo", explica. Sin embargo, el avance y desarrollo de la impresión 3D ha permitido un acceso más barato a este tipo de dispositivos. Internet y 160 euros hicieron el resto y dieron el comienzo a esta aventura en 3D.

Arriba, Guillermo coloca la prótesis completa de brazo en Kenia. Abajo, niños del orfanato aprenden el funcionamiento de las prótesis. A la derecha, la impresora Anet A8 con la que trabajó. / R. C.

Ingeniero de carrera y apasionado por este tipo de impresión, su "pequeña" impresora le permitió crear por capas sus diseños. Minúsculas figuras que le acompañan en su improvisado taller y que le conectaron a su otra pasión: el voluntariado.

Las primeras pruebas le llevaron a proyectos más complejos y "ahí me acordé que hay asociaciones y empresas que hacen distintos tipos de prótesis", comenta el joven de 23 años. "Era la primera prueba de piezas grandes que hacía con mi impresora".

Así nacieron las primeras prótesis creadas a base de vídeos en internet y estudios "sin ayuda de nadie". Impresiones "sencillas" capaces de coger pequeños objetos. Pero el reto era aún mayor: diseñar sus propias prótesis. Un nuevo "hakuna matata".

Nuevas horas de vídeos, nuevos bocetos en ordenador y más pruebas. Una semana de trabajo con el portátil y 12 horas de impresión, que el joven roba de su día a día. "El siguiente paso es mejorar las prótesis actuales y diseñar una mano nueva", relata.

Sus últimos proyectos están realizados en termoplástico conectados a un conjunto de hilos tensores y gomas, que permiten coger objetos "de hasta 10 kilos" con el movimiento natural del brazo. "He diseñado prótesis para personas sin codo", puntualiza. Diseños que el joven financia de su bolsillo. Aunque no ha cifrado los gastos, Martínez calcula -sin contar horas de trabajo– que el coste de fabricación de cada una de sus prótesis es de "algo más de 30 euros".

Viaje solidario

Así, con casi 200 euros en prótesis o lo que es lo mismo, cinco proyectos y varios recambios, llenó su maleta para viajar a Kenia. Una aventura ya programada con la ONG Bamba Project. "Antes de este proyecto, yo tenía organizado el viaje y pensé en aportar algo más", explica el madrileño.

Lo que en un principio iba a ser un desplazamiento para ayudar a los más pequeños de un humilde orfanato del Valle del Rift (Kabarnet, Kenia) se convirtió en una aventura tecnológica además de solidaria. "Me puse en contacto con el orfanato y me comentaron que existía una comunidad bastante grande de personas que habían perdido algún brazo o nacieron sin él alrededor de Kabarnet".

Ahí comenzó una carrera contrarreloj de tres meses para hacer realidad sus diseños. "A la semana me enviaron varias fotos por Whatsapp y para el diseño solo tenía las imágenes, calculé a ojo las medidas", dice Martínez. Otro 'hakuna matata' para el joven.

"Como no había prótesis descargables de internet ya hechas para gente a la que le faltaba el codo, pensé: me quedan dos meses para mi viaje, a lo mejor puedo hacer algo. Entonces me puse a diseñar una prótesis nueva de brazo entero". Semanas de trabajo y de dedicación, ya que cada una de sus prótesis las adapta y las retoca.

Pruebas e impresiones que terminó a tiempo para el 21 de julio, fecha en el que el avión despegó hacia Nairobi. "Tenía miedo por si no llegaba la maleta, por si había problemas en aduanas...", detalla. Más de diez horas de vuelo, dos escalas y otras tantas horas de viaje en carretera para comenzar una aventura que tendría un mes de duración. Aunque esto sería solo el principio.

La cita estaba marcada en dos días: "El primero fue fácil, porque eran prótesis para personas con codo –relata–, pero el segundo fue la prueba con mis diseño. Hubo pequeños problemas con los nervios, pero al final todo salió perfecto".

Sorteado el miedo inicial, "ellos no entendían qué era eso ni qué es la impresión 3D", recuerda. Llegaron las sonrisas y agradecimientos por mejorar su calidad de vida. "Por fin voy a poder agarrar un libro y escribir en la pizarra a la vez", le comentó a Guillermo uno de los kenianos a los que esta prótesis ayudará en su día a día como profesor de secundaria.

Una segunda oportunidad para una población que sobrevive con menos de un euro al día. Prótesis que han recorrido más de 8.700 kilómetros a cambio de una sonrisa. "Esto es algo muy poco accesible en estos países", relata Martínez. "Mi intención es seguir imprimiendo prótesis personalizadas y viajar al país para entregarlas. Y en alguno de los viajes tengo en mente llevar una impresora 3D, pero para seguir con este proyecto necesito financiación".

'Crowdfunding' solidario

La aventura de Guillermo no ha parado con las cinco prótesis entregadas en Kenia este verano. La aventura continúa: "Las siguientes tandas impresas serán más humanas y con menos riesgo de rotura al estar más cerradas", señala. A la espera de conocer cómo se han adaptado sus "pacientes", el joven madrileño sigue robándole horas a su tiempo de ocio para seguir trabajando en este emprendimiento solidario.

Además, este proyecto no es solo para personas sin recursos en África. En España, diferentes asociaciones y particulares ya se han puesto en contacto con él para solicitarle alguna de estas prótesis "low cost". "Este es un proyecto para cualquier persona que lo necesite, de cualquier país del mundo", destaca Martínez.

Un proyecto que económicamente resta más que suma, por lo que el joven madrileño ha creado la página web Ayudame3d.org donde explica el proyecto y busca financiación para poder seguir dando pasos en esta aventura solidaria.

"Ahora es cuando empieza a nacer el proyecto real con el que intento subvencionarme para aportar esta ayuda para quien lo necesite". Comienza un nuevo reto como él propone: cambiar el mundo. Como sus héroes de infancia de su taller lo intentaron en la ficción, pero sus armas son prótesis "low cost" y una impresora 3D.

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