El vuelo del narcojet

El avión privado fletado por los cinco narcotraficantes y una de las maletas llenas de droga. :: r. c./
El avión privado fletado por los cinco narcotraficantes y una de las maletas llenas de droga. :: r. c.

Fletar el avión les costó 300.000 dólares. A bordo, un policía falso, cinco ciudadanos europeos, dos de ellos españoles... y unas maletas con 500 kilos de cocaína. Este fue su viaje

IRMA CUESTA

Durante unos días, Martin Neil estuvo convencido de haber hecho el negocio de su vida. En mes y medio, dos viajes a Bogotá resolverían sus problemas de dinero y harían realidad su viejo sueño de aparcar el mono de trabajo para siempre. Y todo habría salido como esperaba si no fuera porque, a la vuelta de El Dorado (el principal aeropuerto de Colombia), al avispado albañil inglés le esperaba en un aeródromo londinense un pequeño ejército de agentes de Scotland Yard y de la Agencia Nacional contra el Crimen del Reino Unido (NCA).

La aventura de Martin Neil y su peculiar grupo de amigos se inició a principios de diciembre. El hombre, cansado de darle a la maza y la paleta, cogió un avión en Londres que le dejaría en Portugal y, desde allí, puso rumbo a Colombia dispuesto a dar un giro a su vida.

En aquel primer viaje, Neil sobrevoló el Atlántico acompañado de un chef italiano llamado Alessandro Iembo y del español Víctor Franco Lorenzo, un tipo de 40 años que estaba viviendo en la capital británica y que en una de sus últimas publicaciones en redes sociales, antes de partir, ya anunciaba que en esa ciudad estaba haciendo mucho frío y que pronto pondría «rumbo al calor».

La historia comenzó el viernes 8 de diciembre de 2017 cuando, al filo de la medianoche, Neil y sus amigos llegaron a Bogotá desde Portugal asegurando ser turistas. Dos días después, cuando cualquiera los imaginaría tirados en una playa de Santa Marta o bebiendo un aguardiente en cualquier esquina de La Candelaria, el equipo ya estaba de vuelta dispuesto a hacer el negocio de su vida.

El segundo viaje tuvo lugar el 26 de enero, y esta vez al grupo se habían sumado el hermano de Neil, Stephen, y José Ramón Miguélez Botas, un peluquero de Valladolid cuya familia creía que estaba pasando unos días de vacaciones en el Reino Unido.

Hombres de negocios

La creciente pandilla de Neil llegó a Colombia asegurando ser atareados hombres de negocios. A nadie extrañó que los cinco magníficos se hospedaran en el exclusivo hotel Marriot, situado a solo diez minutos del aeropuerto de Bogotá, ni que durante su corta estancia se pegaran la vida padre. Al fin y al cabo, no es lo que se espera de un aplicado empresario, pero en un hotel de lujo nadie hace preguntas. Mucho menos cuando, llegado el momento de volver, Neil y compañía contactan con Central Charter, una prestigiosa empresa colombiana especializada en aviación privada, servicios de aduanas, migración y gestión de permisos para sus clientes VIP, y pagan por anticipado los 300.000 dólares que les piden por el alquiler del jet de la compañía austriaca Tyrolean Jet Services en el que volverían a casa.

El domingo 28 de enero, a las seis de la tarde, Neil y sus amigos se suben al jet felices de haberse conocido. Ninguno creyó que, a la vuelta de unas horas, cambiarían los confortables asientos de piel y la copa de champán de la aeronave por un camastro en una cárcel que, salvo milagro, tardarán en abandonar. Y es que, en el equipaje de los viajeros, la Policía encontró un alijo de cocaína colombiana de la máxima pureza valorado en 57 millones de euros que sospechan iba destinado a la violenta mafia 'Ndrangheta', del sur de Italia. Con el narcojet inmovilizado, la maquinaria se puso en marcha. Lo primero era saber cómo se las habían arreglado para salir de Colombia sin problemas. Días después, la Policía Antinarcóticos del país y los enlaces de la NCA en Colombia comenzaron a reconstruir el itinerario de los cinco europeos para establecer quiénes son sus socios en Colombia, quiénes los financian y cómo fueron capaces de sacar un cargamento de ese tamaño desde uno de los aeropuertos más custodiados de la capital: El Dorado.

A la espera de que se cierre la investigación, ya se sabe que el control del avión lo realizó un sujeto que llegó al hangar en una camioneta Kia -vamos, nada de coche patrulla-, vistiendo una chaqueta de la Policía que, según los testigos, le quedaba grande. Para completar el cuadro, que parece sacado de una película de Cantinflas, al tipo le acompañaba un perro que, como cualquiera imagina ya a estas alturas, nada tenía que ver con el tipo y razas que habitualmente utilizan los agentes de la brigada canina antinarcóticos.

Aún así, según dijeron los trabajadores del hangar -que tiene vigilancia privada, ahora bajo investigación-, nadie notó nada extraño. El falso policía dio el visto bueno a las maletas repletas de droga y agilizó los trámites de aduana y migración, haciendo posible que los narcos partieran con destino al aeropuerto privado de Farnborough, situado al sur de Londres.

La sorpresa llegó cuando, al aterrizar, los traficantes se encontraron con la Policía, que no tardó en descubrir que, en las elegantes maletas del pasaje, había nada menos que media tonelada de cocaína. Suficiente para que la policía británica asegure que se trata de una de las incautaciones más grandes de droga realizadas en Reino Unido en muchos años. Seguro que en ninguna de ellas estaban implicados un par de albañiles, dos peluqueros y un chef.

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