Sólo ante el peligro

En España es necesaria una Evaluación Ambiental Estratégicapara establecer un plan referido a la energía y asíevitar los continuos vaivenes legislativos

EL presidente de los EEUU presionado por la industria del carbón, se retira de los Acuerdos de París sobre el cambio climático. Esta contrariedad debe aprovecharla la Unión Europea para liderar la transición energética y abrir mercado a sus industrias tecnológicas.

Trump se marcha, pero lo harán volver los ciudadanos y los grandes grupos industriales y tecnológicos de su país. Ya hizo lo mismo George W. Bush con el Protocolo de Kioto en 2001, defendiendo a las grandes petroleras, y no le quedó más remedio que volver a incorporarse en el 2007. Lo harán volver los que no le votaron, y están convencidos del deterioro acelerado del planeta, y los que le votaron y temen dejar pasar la oportunidad histórica de beneficiarse de la sustitución, a escala mundial, de los sistemas energéticos actuales por otros basados en una economía global baja en carbono.

El 4 de noviembre de 2016 entró en vigor el pacto que ratificaron 96 países y la Unión Europea, con el compromiso de reducción de emisiones contaminantes. Este acuerdo tiene por objeto evitar que se incremente por encima de 2 grados centígrados, respecto a los niveles preindustriales, la temperatura del planeta, reduciendo la probabilidad de sequías prolongadas, tormentas intensas, así como ralentizar el deshielo de las masas polares, con la consiguiente elevación del nivel del mar y las inundaciones de las zonas costeras que esa situación ocasiona. Esta elevación de las aguas es, actualmente, la causante de mayores flujos migratorios que los ocasionados por conflictos armados.

Encuadrados en los compromisos expuestos, la UE fijó unos objetivos con horizonte en 2030, donde, manteniendo la seguridad del suministro y la competitividad, se marca la reducción de un 40 % de emisiones contaminantes respecto a 1990; superar el 27% del peso de las energías renovables y mejorar la eficiencia energética en un 30%. El motor fundamental de esa transición es la utilización de tecnologías dirigidas a la reducción de los niveles de emisiones nocivas, inyectando para ello a la economía más de 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020, con ciclos de revisión cada cinco años, mediante aportaciones públicas y privadas, dotando a los países más vulnerables de apoyo financiero, técnico y de capacitación.

Ante la situación mundial con crecientes conflictos, ambientalmente insostenible y con inseguridad en las zonas proveedoras de petróleo y gas, a la Unión Europea no le queda otra alternativa que impulsar la sustitución de energías contaminantes para disminuir su dependencia energética exterior y contribuir a la mejora del medio ambiente. Si lidera a los países miembros, podrá exportar tecnologías limpias al resto de países comprometidos en París y en este campo, sobre todo en energía eólica y solar, las empresas nacionales están muy bien posicionadas. En este sentido se ha celebrado los recientes días 1 y 2 de junio en Bruselas una cumbre UE –China reafirmando su voluntad de cooperación y apoyo a los acuerdo de París, tras la salida de EE.UU.

En España es necesaria una Evaluación Ambiental Estratégica para establecer un plan referido a la energía y así evitar los continuos vaivenes legislativos. La seguridad del suministro, los costes a futuro y el cambio climático, son los tres ejes donde se debe articular el espacio tridimensional de decisiones en relación a la puesta a disposición del ciudadano de algo tan vital como es la energía, pero lejos de esta posición estable nos encontramos con una ingente cantidad de decisiones gubernamentales –empresariales cuyo alcance es exclusivamente sortear las distintas regulaciones que puedan impedir una mayor rentabilidad efímera.

Sin más demora, se deben eliminar las subvenciones a cualquier tipo de energía que contribuya a la generación de gases de efecto invernadero, comenzando por el cierre programado de las centrales de carbón (19,4% de la generación total), que además de ineficientes son muy contaminantes, pero todos los Gobiernos han demorado su cierre mediante prórrogas, utilizando frágiles argumentos y ocultando el verdadero motivo como es evitar el enfrentamiento con un colectivo cada vez menos numeroso al que se intenta neutralizar mediante incentivos y subsidios así como subvenciones tanto para la extracción como para combustión, unos repercutidos a los ciudadanos vía impuestos y otros vía tarifa eléctrica. Además debe añadirse el coste sanitario derivado directamente de las emisiones que produce esta actividad.

También se debe promover, y dejar de dificultar, la implantación de energía eólica y solar, utilizando las centrales infrautilizadas de gas (60% menos contaminante que el carbón) como depósito compensador de la demanda ante fluctuaciones de generación de las renovables y fomentar la eficiencia energética creando hábitos de ahorro de energía, especialmente en la climatización evitando pasar frío en verano y calor en invierno, siguiendo aquel adagio nórdico de que «no hay mal tiempo sino ropa inadecuada».

Otra alternativa para desacelerar la carbonización de la atmósfera podría ser la energía nuclear, pero al día de hoy esta tecnología está muy denostada, además de su elevadísimo importe inicial ,al implementarle medidas de seguridad adicionales a las existentes, se añade el coste creciente del almacenamiento temporal y permanente de los residuos radiactivos, que a pesar de las exigentes barreras de contención, ninguna localidad desea la ubicación de los mismos en su término. Estas circunstancias han volcado la tendencia de las compañías eléctricas, hasta el punto de preferir el cierre de las centrales que van caducando sus licencias antes que acometer las actualizaciones en seguridad y las elevadas cargas impositivas destinadas a sufragar los costes de almacenamiento del combustible utilizado.

Ante este panorama de descarbonización del planeta aparece el presidente Trump decidiendo él, no su país, abandonar el camino emprendido por el resto del mundo, para regresar a los tiempos románticos de aquellas locomotoras de vapor que recorrían las praderas del lejano oeste y, como un vaquero desolado, quedarse ‘Sólo ante el peligro’.

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