El secreto mejor guardado de Juromenha

Un restaurante de la localidad de 60 vecinos se llena cada fin de semana de clientes españoles

MARTA MUÑOZ / EMILIO BLANCO

A casi unos 40 kilómetros de Badajoz, pasando la ciudad de Elvas y dirigiéndose por una carretera secundaria, se encuentra el pequeño pueblo portugués de Juromenha.

En esta aldea, donde parece que el tiempo se ha ralentizado, destaca a primera vista su fortaleza sobre el río Guadiana. Una bandera de Portugal ondeando sin parar por el intenso viento recuerda que estamos en otro país, a pesar de que con solo un vistazo se reconoce España con el puerto deportivo del embarcadero de Villarreal.

El pueblo es casi fantasma. El silencio se hace patente entre sus calles, las cuales se pueden contar con los dedos de una mano. A día de hoy, solo unos 60 vecinos siguen viviendo en este pequeño pueblo situado en el extremo nordeste del municipio de Alandroal.

Esta tranquilidad, casi asustadiza, se rompe cada fin de semana con los fogones del restaurante 'Sentinela do Guadiana'. De allí salen los que podrían considerarse los verdaderos protagonistas del pueblo: los peces de río.

Este negocio familiar lleva 22 años en funcionamiento. A pesar de presentar una carta con carne o el mítico 'bacalao dorado', su reclamo se centra en el barbo o la carpa, dos especies que pueden encontrarse bajo el agua del río Guadiana.

Joanna Guillerminha Mateos es la única cocinera del negocio en el que también participa uno de sus hijos. Con su mandil negro, en el que se puede leer en letras blancas 'Peixes do Rio', lleva 30 años cocinando este tipo de pescado.

Esta vecina de Juromenha se enorgullece de dedicarse a mantener viva lo que para el pueblo es una tradición. «También tengo otros tipos de pescado de mar, pero muy pocos porque el que se utiliza más es éste. El que tiene más demanda es el pescado de río», aclara Mateos.

Las recetas más importantes en este pequeño pueblo portugués es la sopa de peces de río, el pez a trocitos y la carpa frita, todos ellos conseguidos por un hombre que los pesca para más tarde venderlos al negocio por un precio bajo.

No son pescados sencillos de tratar, porque tienen muchas espinas y hay que cocinarlos de un modo muy concreto para poder comerlos. «Hay que tener mucho cuidado», advierte la experta en esta cocina.

Su éxito no es casual ya que sobre las paredes del local cuelgan varias placas que recogen sus logros en diferentes concursos gastronómicos. Además, este restaurante puede presumir de contar cada fin de semana con un público fiel, procedente de España en su mayoría.

En nuestro país es difícil encontrar un negocio que ofrezca estas recetas porque «no saben trabajarlo», argumenta la cocinera, que estuvo al frente de varios fogones españoles durante tres años.

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