El juego 'online' concentra el mayor porcentaje de apostadores con problemas

Un hombre juega una partida de póquer en internet. :: AFP

Las apuestas deportivas, protagonizadas por hombres menores de 35 años, son el segmento de este negocio que más creció el año pasado

ALFONSO TORICES MADRID.

España no tiene un problema social con el juego, más bien al contrario. Está en la zona baja del ranking internacional, mejor que vecinos como Francia o Alemania, con la mitad de riesgo que Estados Unidos o Reino Unido, y en las antípodas de sociedades con grave incidencia como las asiáticas.

Sin embargo, un fenómeno se hace cada vez más evidente. Los llamados «jugadores problemáticos», a los que en su mayoría no se puede tildar de ludópatas, pero sí de apostadores excesivos y en riesgo, comienzan a concentrarse en los juegos y apuestas 'online'. Así lo indica el estudio 'Percepción social sobre el juego de azar en España 2017', impulsado por la Fundación Codere y elaborado por octavo año consecutivo por expertos de la Universidad Carlos III.

Los datos son claros. El informe dice que solo el 0,3% de los españoles es un jugador problemático, unas 100.000 personas, de las que 20.000 estarían en tratamiento por ludopatía. Pero 39.000 de estos apostadores en riesgo, un 40% del total, son clientes habituales de las web de juegos de internet.

Se trata de una proporción de jugadores problemáticos enorme si se tiene en cuenta que el 81,9% de los españoles gastó el año pasado dinero en algún tipo de juego físico o virtual -en su mayoría en loterías y sorteos-, pero solo el 3,6% de la población lo hace 'online'.

La conexión entre juego 'online' y mayor tasa de apostadores en riesgo no solo parece evidente sino que, además, va en aumento. En 2016 el informe calculó que encajaban en esta definición 26.783 jugadores virtuales y este año son ya 39.077. Los propios jugadores reflejan este crecimiento en sus respuestas. Si el año pasado un 5,2% de los apostadores en web reconocía pertenecer al grupo de riesgo este año lo hace el 6,4%, un 23% más. No se trata, en cualquier caso, de jugadores exclusivamente virtuales, pues el 90% también gasta en sorteos, salas o casinos y otras apuestas presenciales.

El perfil del apostador problemático español es un hombre, de menos de 35 años, que juega diariamente o varias veces por semana, y que está notablemente insatisfecho con su vida, hasta un 25% más que la media del país. El estudio no define explícitamente al grupo de riesgo en internet, pero sí da pistas de que tiene un perfil muy similar. También se trata de un hombre, que tiene menos de 45 años, mantiene largas y frecuentes conexiones en las web de juegos -unos 170.000 españoles entran todos los meses-, y pertenece a un estatus social medio o alto. El 37% de los de un poder adquisitivo alto juega todos los días o varias veces por semana.

Recuperación del sector

El documento indica también que el juego 'online' mantiene su fuerte crecimiento en España. En 2016 aumentó en unos 100.000 usuarios, un 10% en solo doce meses, y hasta 1,38 millones de españoles se conectaron al menos una vez con una web de juego. Los expertos consideran que el hábitat de internet favorece el riesgo, porque se suele jugar en soledad, sin el freno a la actitud problemática que puede suponer el control social.

El segmento del juego que lideró en 2016 los mayores crecimientos de este negocio volvió a ser el de las apuestas deportivas, que también es el líder destacado de la oferta por internet. En su versión presencial atrajo 1,8 millones de españoles, el 5,1% de la población, con un aumento del 33% sobre el año anterior y cuatro veces más que en 2012. El 90% de los aficionados son hombres jóvenes, la mitad de menos de 35 años. En la modalidad de internet es casi igual de fuerte, pues el 71,3% de los jugadores 'online' hizo alguna apuesta deportiva, 15 puntos más que hace dos años. Los apostadores frecuentes suelen ser parte de los jugadores problemáticos, según los expertos.

El documento indica que el sector del juego comienza a recuperarse, tras ser uno de los que más padeció la crisis, pero que lo hace más porque los jugadores aumentan el número de apuestas que porque se incorporen nuevos clientes.

Crece la participación en todas las modalidades de juego, con el dato curioso de las tragaperras, que duplicaron los clientes en 2016 tras dos años de retrocesos, y del parón en la caída de las quinielas. En los casinos y bingos, también al alza, se ha detectado la llegada cada vez más frecuente de un apostador más joven.

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