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Steve Jobs, fundador de ‘Apple’, murió el cinco de octubre de 2011, por un tumor que formaba parte de una rama inusual y poco agresiva del cáncer de páncreas.
Steve Jobs, fundador de ‘Apple’, murió el cinco de octubre de 2011, por un tumor que formaba parte de una rama inusual y poco agresiva del cáncer de páncreas.

Cáncer de páncreas, una emergencia sanitaria

  • oncología

  • En el año 2020 será la segunda causa de muerte en España y de cada diez pacientes que lo padecen, solo dos logran sobrevivir más de cinco años. ¿Por qué es tan letal?

En nuestro país, aproximadamente a unas 6.000 personas cada año se le diagnostica cáncer de páncreas, una enfermedad «silenciosa y agresiva» que ocupa el cuarto lugar en tasas de mortalidad en España y que en el año 2020 ascenderá a la segunda posición, sólo por detrás del cáncer de pulmón. Hablamos de un mal muy común, sobre todo, en los países desarrollados. De hecho, según datos de la SEOM (Sociedad Española de Oncología Médica) se estima que anualmente aparecen 233.000 nuevos casos en todo el planeta (125.000 hombres y 108.000 mujeres), el sesenta por ciento de ellos en países del primer mundo.

Su aparición suele darse desde la cuarta década de vida, lo que hace del cáncer de páncreas una enfermedad bastante más tempranera que otras tan graves como el cáncer de colon o el de esófago, con todo lo dramático que ello conlleva. De cada diez pacientes, solo dos de ellos logran sobrevivir más de cinco años mientras que alrededor del setenta por ciento de los afectados apenas se mantiene con vida más allá de los dieciocho meses.

Entre las distintas causas que provocan el cáncer de páncreas hay que poner el acento en el tipo de alimentación, las conductas de vida, la obesidad, el abuso de café y de fármacos, una diabetes tardía y algunos síndromes hereditarios como la pancreatitis aguda y crónica. Además, su compleja detección precoz hacen que el cáncer de páncreas esté catalogado por los especialistas como una «emergencia sanitaria», que se arrastra en los países desarrollados desde la década de los cincuenta del pasado siglo y que, desgraciadamente, no tiene viso alguno de mejora ni a corto ni a medio plazo.

«Independientemente de su alta agresividad biológica, uno de los grandes problemas de este cáncer es la ubicación del páncreas, ya que está situado en una zona muy favorable a la dispersión tumoral, además de estar rodeado de tejido conectivo laxo que provoca la frecuente y rápida dispersión de las células dañadas», asegura a Revista Salud el doctor Enrique Moreno (Madrid, 1939), cirujano de la Clínica de la Luz y una eminencia mundial en cirugía y trasplantes de páncreas, que –entre otros– cuenta con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica (año 1999).

Silente y dañino

Otro de los hándicap que hacen del cáncer de páncreas una enfermedad silente y, por lo tanto, muy dañina y mortal, son los síntomas indeterminados que presenta como la ictericia (coloración amarillenta de la piel), la repentina y acusada pérdida de peso y de apetito, la alteración de las cifras de glucosa en sangre o el llamado ‘dolor en barra’: «Los signos que hacen diagnosticar el cáncer son confusos. Eso sí, hay estar muy atento a la ictericia. Siempre he dicho que ésta es sinónimo de cáncer de páncreas hasta que no se demuestra lo contrario. También hay que abrir bien los ojos con el dolor de irritación esplácnica, un dolor específico de lado a lado de la cintura, aproximadamente al nivel de la décima y undécima vértebra torácica. Se trata de un dolor crónico que nunca desaparece. Es una especie de mordedura de bulldog que el enfermo sabe que mejora con ansiolíticos y analgésicos, pero que persiste en el tiempo», detalla Moreno.

Hay dos pruebas principales para verificar que una persona con alguno de estos síntomas mencionados sufre cáncer de páncreas. La primera de ellas es el carbohidrato 19.9 (CA 19.9), el marcador tumoral específico de esta enfermedad. Cuando éste está elevado, quiere decir que existe un alto índice de probabilidad de padecer cáncer de páncreas. Y si se eleva demasiado las noticias son aún peores, ya que indica que el cáncer está muy disperso.

La segunda prueba, y la más fiable, según explica el doctor Moreno, es la resonancia magnética nuclear, completada con una angioresonancia que ayuda a lograr un diagnóstico aún más fidedigno: «Son dos pruebas de primera línea que no producen complicaciones para el paciente y que nos detalla a la perfección toda la morfología del cáncer de páncreas. No provocan irradiación, ya que no hay punción del hígado, ni abre el esfínter a través de una endoscopia. El diagnóstico es rápido e inocuo para el enfermo. Sí que es cierto que la resonancia magnética nuclear no acaba con el resto de exploraciones radiológicas, pero sí que ayuda considerablemente a mejorar el diagnóstico».

En cuanto a los distintos tipos de cáncer de páncreas, la división es la misma que la de la Unión Internacional contra el Cáncer: T (tumor), N (ganglios), M (metástasis), aunque debido a la singularidad de este cáncer y su intento de cura mediante la cirugía, se clasifica también en tres subniveles: resecable, localmente avanzado y metastásico. El primero de los estadios, el resecable, engloba los tumores en los que el crecimiento local no impide una cirugía con resección completa del mismo. El segundo de los estadios, el localmente avanzado, son aquellos tumores que se han diagnosticado cuando ya están afectando vasos de alrededor, arterias o venas importantes, siendo imposible una intervención quirúrgica que elimine la enfermedad por completo.

En el tercer estadio

Y el último de los estadios, el metastásico, nos habla de tumores diagnosticados en el momento que ya han formado las metástasis y, por lo tanto, ya no tiene ningún valor la operación del tumor localizado. «Desgraciadamente, en una gran mayoría de las ocasiones, el cáncer de páncreas se suele diagnosticar en el estadio 3, cuando ya es algo tarde. Hacerlo en el primer estadio es lo que llamamos un ‘accidente’ y aquí está uno de los grandes retos de la medicina en las próximas décadas», afirma el citado experto.

Por este motivo, los porcentajes de supervivencia no son halagüeños. Los detalla Moreno: «En el estadio 1, en las estadísticas más optimistas, podemos curar entre un 30 y un 40% de los enfermos. El índice de curación en el estadio 2 va del 20 al 20%. En el 3, no se tiene supervivencia más allá de entre cinco a diez años. Y en el estadio 4, no hay ninguna probabilidad de supervivencia por encima de los cinco años. Aquí, en esta última fase, el enfermo vivirá entre dos o tres meses si decide no pasar por el quirófano; y si lo hace, alrededor del treinta por ciento se acercará a esos cinco años que le comento, pero una gran parte lo hará con la enfermedad en estado muy avanzado».