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Las ciudades de mañana cuidarán la salud

Las ciudades de mañana cuidarán la salud

  • La revista médica 'The Lancet' propone ocho políticas urbanísticas que reducirían la polución, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, y lucharán contra los accidentes de tráfico y el cambio climático

Hoy, la mitad de la humanidad vive en ciudades. En pocas décadas se cree que acogerán a tres de cada cada cuatro personas. Más que toda la población actual. Van a crecer mucho y, según una serie de estudios que ha publicado la revista 'The Lancet' este viernes, cómo se haga este desarrollo marcará a fuego la salud de sus habitantes y su calidad de vida. Estos trabajos, que se presentan también ante la Asamblea General de la ONU, propone ocho medidas generales que pueden ayudar a reducir la polución, fomentar la movilidad activa, mejorar la seguridad, evitar accidentes de tráfico y, además, luchar contra el cambio climático.

«Se estima que la población mundial llegará a los 10.000 millones de habitantes en 2050, y que tres cuartas partes vivirán en ciudades, por lo que una buena planificación urbanística es una herramienta clave para poner coto a los peligros para la salud que suelen traer consigo», afirmó Billie Giles-Corti, investigador de la Universidad de Melbourne y autor de esta serie de estudios. «La planificación urbanística fue clave en el siglo XIX para luchar contra las epidemias mediante la separación de zonas urbanas e industriales, la incorporación de alcantarillado o la mejora de las infraestructuras de higiene pública. Hoy estamos ante la oportunidad de planificar su desarrollo para evitar la proliferación de enfermedades no transmisibles y los accidentes de tráfico, y además fomentar la salud y el bienestar para todos».

En las ciudades hay más empleo y más servicios, pero también más riesgos para la salud. La polución del aire provoca muertes prematuras por problemas respiratorios, el tráfico causa accidentes y atropellos y la vida sedentaria eleva el riesgo de diabetes y enfermedades cardiovasculares. ¿Se pueden afrontar todos estos retos a la vez? Los autores de este grupo de trabajos creen que sí. «Hemos llegado a la conclusión de que concentrarse en la infraestructura que fomente caminar y circular en bici es fundamental, pero insuficiente», afirmó Giles-Corti. «Para crear ciudades que promuevan una mejor salud hay que impulsar políticas desde muchos sectores como el uso de los terrenos, el transporte, la vivienda, el desarrollo económico, el diseño urbano, la salud, los servicios comunitarios y la seguridad ciudadana».

Para dar respuesta a todos estos retos de un plumazo, los investigadores han diseñado ocho medidas que impulsarían un modelo de ciudad «compacto». Estas incluyen estrategias como lograr que el viaje desde el hogar al trabajo en transporte público no supere los 30 minutos, intercalar lugares de trabajo, zonas de ocio y de viviendas por todas partes, aumentar el precio de aparcar para desincentivar el uso del coche privado, crear una red que permita viajar con seguridad en bici o a pie, acercar las paradas del transporte público a todas las zonas y tomar medidas para garantizar que se puede pasear por cualquier barrio sin miedo.

Y han creado un modelo para ver qué efectos tendrían estas medidas sobre la salud de los habitantes de seis ciudades: Londres, Melbourne, Sao Paulo, Copenhague, Boston y Nueva Delhi. En todos los casos estiman que habría mejoras considerables en la salud de sus habitantes. Especialmente, calculan, caería de forma sustancial el riesgo de muerte prematura por problemas cardíacos. Además, todas verían aumentos en la actividad física de sus ciudadanos y un descenso importante de la polución.

Según sus datos, una ciudad como Melbourne reduciría en casi un 20% el riesgo adicional de fallo cardíaco con el que cuentan en la actualidad, y en casi un 15% el de sufrir diabetes. En Londres, una de las urbes más grandes, congestionadas y pobladas de Europa, los descensos son algo inferiores –del 13% y el 7%, respectivamente–. En Copenhague los avances serían menores, sobre todo porque ya es una ciudad que implementa buena parte de estas medidas.

Sin embargo, los autores reconocen que no todo en su modelo es positivo. Si no se toman medidas adicionales para garantizar la seguridad de peatones y ciclistas –básicamente, separarlos del tráfico motorizado–, un aumento de estos como el que predicen que ocurriría de aplicarse las medidas que proponen supondría un aumento, leve, del número de fallecidos por atropellos.

«Las políticas urbanísticas pueden afectar a la salud, tanto positiva como negativamente. Por desgracia, muchos líderes municipales de todo el mundo no están aplicando las lecciones que se extraen de la investigación para hacer urbes tan saludables como sea posible», recalcó James Sallis, coautor del trabajo e investigador de la Universidad de San Diego. «Debería ser un incentivo para ellos que diseñar ciudades pensando en la salud y el transporte activo, en vez de en la dependencia del automóvil, también hace que las ciudades sean más sostenibles medioambientalmente, y ayuda a que cumplan los Objetivos de Desarrollo Sostenible».