Un regalo de niño

Un regalo de niño

Rubén pidió por su Primera Comunión sustituir los obsequios por donativos para una causa solidaria. Reunió 7.075 euros para una casa de acogida de niñas en India

FERNANDO MIÑANA

Rubén clava la mirada en la libreta. Acaba de dejar en el suelo una cartera del Capitán América de la que ha sacado su estuche del Valencia CF para escribir renglones con letras torcidas. Tiene el pelo muy negro y como la cámara le intimida trata de esconderse bajo el flequillo. Pero poco a poco se va soltando, troca los deberes por los Lego y acaba contando junto a su madre, Empar, que en su Primera Comunión decidieron cambiar los regalos por donaciones a una causa benéfica, un proyecto de Manos Unidas en un pueblo de la India donde han construido una casa de acogida para niñas sin recursos. «Me sentí un poco triste cuando vi que esas niñas no tenían nada, pero me dio alegría poder ayudarlas», explica, muy serio, este generoso chaval de 9 años.

El chiquillo viste una camiseta azul con el nombre del colegio desteñido, un pantalón de chándal azul y unas zapatillas azules. Vive con su madre en La Pobla de Vallbona y al salir del colegio Hermes, en el valenciano barrio de Patraix, donde estudia 4º de Primaria, acude a Aachen, la clínica veterinaria de Empar, para hacer los deberes antes de que su abuela lo recoja y lo lleve a casa. Hoy está cohibido por la presencia de algún extraño, pero con las piezas de su nave de 'Star Wars' se va relajando.

Empar explica que su hijo aceptó encantado la propuesta que le hizo antes de la Primera Comunión. Ella imitó lo que había hecho su hermana con Jesús, Joan y Agustí, los primos de Rubén en Torrent. «Luego redactamos una carta manuscrita y se la enviamos por WhatsApp a los invitados (casi un centenar). Han sido muy generosos. Fueron donaciones anónimas que al final sumaron 7.075 euros que entregamos íntegramente a Manos Unidas».

«Me sentí un poco triste al ver que las niñas de India no tenían nada»

Con ese capital, muy inusual en un único mecenas, la ONG compró unas placas solares para la casa de acogida para 60 niñas de entre 4 y 18 años de Guwahati, un poblado que se encuentra «en una zona fronteriza de India donde hay mucha pobreza y donde muchos de sus padres son alcohólicos; también es habitual que se trafique con las niñas para prostituirlas después». Allí también son comunes los cortes de luz. De ahí la importancia de unas nuevas placas solares que les permita seguir cosiendo, su actividad principal en la casa, cuando se quedan sin electricidad.

Empar asegura que el niño no tuvo la tentación de elegir los obsequios. «Tiene todo lo que necesita y seguro que recuerda más este gesto que una bicicleta». Él lo corrobora: «Me sentí muy bien de poder ayudar a esas niñas, algunas de mi edad, que no tienen de nada». No es el primer 'sacrificio'. En su casa no entran consolas ni tabletas. Solo juega con esos cachivaches cuando visita a sus primos. «Pero un rato y ya está. A mí no me gustan y él sabe que eso está restringido». En casa, cuando ha acabado los deberes, lee y se tira horas montando sus naves de 'Star Wars'. «He visto todas las pelis menos una. Me encanta construir las naves. Algunas tienen más de 500 piezas y no sigo las instrucciones».

¿Y qué ocurre cuando les toca a ellos regalar? Empar tiene la respuesta. «En la comunión de la hija de unos amigos le regalamos libros y la Biblia infantil. Somos muy religiosos». Y solidarios, como revela su foto de WhatsApp, la imagen de un niño africano dándole de beber a otro con una garrafa de agua bajo un mensaje: 'Para ti, que te quejas por todo. Mira y piensa un poco...'.

En la clínica está rodeado de perros. Rubén dice que le gustan pero que no tienen ninguno. «Bueno, mi padre tiene dos». No hay reproche en su comentario. Ya sabe que los caprichos son para otras casas, para otras familias.

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