Ana Orantes, la víctima que puso rostro al maltrato hace 20 años

Ana Orantes. / Archivo

Su marido la quemó viva tras contar en televisión los malos tratos que sufría. Su testimonio tuvo un impacto decisivo

EFEMadrid

Ana Orantes se atrevió a contar hace 20 años las agresiones que sufría por parte de su marido en Canal Sur, en un momento en que las mujeres no alzaban su voz para denunciar los malos tratos que sufrían en silencio dentro de sus casas, y le costó la vida 13 días después, pero su testimonio tuvo un impacto decisivo.

"Llegué casa y dije ya estoy aquí; me dio una bofetada, como la que le dieron al Señor, no supe por dónde había venido aquello, di un chillido porque creí que me había roto la cara. Se levantó mi hijo y le preguntó por qué me había pegado y le dio una guantada, porque dijo que yo no valía un duro, así durante 40 años". De esta forma comenzó a relatar delante la cámara de la televisión andaluza esta madre valiente de once hijos su infierno... y el de sus hijos.

Ana Orantes explicó en 1997 que su marido le dijo en varias ocasiones que "ya no iba a haber más palizas". "Yo lo creía porque tenía once hijos y no tenía dónde ir, no podía irme con mis padres, ni con nadie y tenía que aguantar que me diera paliza sobre paliza; me ha pegado y me ha dolido, pero me duele más lo que ha hecho con mis hijos".

"Llegué un día a casa con mi niño enfermo y me encuentro a los otros niños sentados en círculo y él en medio. Me pregunta de dónde venía y le dije que del médico, tira al niño contra el sillón, empieza pisar los medicamentos, y me dio una paliza para matarme", relató.

José Parejo sale esposado de la sala donde se celebró el juicio con jurado, en diciembre de 1998.
José Parejo sale esposado de la sala donde se celebró el juicio con jurado, en diciembre de 1998.

"No le he querido nunca, le tenía pánico, miedo y sentía horror pensar que eran las diez de la noche y no había venido; me tenías temblando como una chica", confesó Ana Orantes, quien entre sollozos lamentó que no había podido ir ni a la boda de su hijo. "Mis hijos lloraban, mis hijos son todos modelos". Tras pronunciar estas palabras, su ex marido, que seguía viviendo en el domicilio familiar por decisión judicial, la quemó viva.

Un millar de mujeres asesinadas

Otro millar de mujeres han sido asesinadas dos décadas después por violencia machista, pero este testimonio removió la conciencia social y política en torno a una cuestión que hasta esa fecha estaba ceñida a las páginas de sucesos.

Un año después, el Gobierno del Partido Popular aprobó el I Plan de Acción contra la Violencia Doméstica que incluía una serie de medidas, como la prohibición de aproximación a la víctima. En 2005, arrancó la Ley Integral, impulsada por el ejecutivo socialista, y antes de que acabe el año debería ponerse en marcha el pacto de Estado de Violencia de Género.

"Ella fue la figura individual que puso cara y nombre y que pagó la factura de la tragedia; le dio credibilidad a las denuncias que estaban haciendo las organizaciones de mujeres, del desamparo y las malas decisiones judiciales que se dictaban y que les ponía en riesgo", asegura la directora de la Fundación Mujeres, Marisa Soleto.

Un antes y un después

"Fue un antes y un después; desde ese momento, el tono institucional cambió y también en los medios de comunicación se inició el camino que terminó con la legislación que tenemos actualmente", añade esta feminista. "Este caso nos demostró que esto estaba ocurriendo y que el sufrimiento de las mujeres era el peor posible".

Para la jurista, en ese momento había "una inacción tanto social como institucional que ponía en riesgo a las mujeres" y "la víctima no sabía donde pedir ayuda". "Ir a un medio de comunicación les ponía en el máximo riesgo", destaca, pero lo que hizo Ana Orantes "es denunciar en la TV que las resoluciones judiciales que había obtenido después de muchas denuncias tenían un absoluto desprecio por su seguridad: le dicen apáñese a ver cómo se reparten la casa".

La responsable de esta fundación de lucha contra el maltrato destaca que 20 años después ha habido cambios, como el de abrir la puerta a la denuncia, aunque "todavía hay resoluciones judiciales que no están centradas en la protección de la víctima".

"Casi el 20% de las mujeres asesinadas se habían acercado a la justicia a pedir ayuda y el sistema no las supo proteger", lamenta Soleto, quien defiende que el recuerdo de Ana Orantes "debe servir para seguir reivindicando una mejor respuesta institucional, porque no podemos tener mujeres desamparadas frente a la violencia de género".

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