Ninots incombustibles

'Viaje al mito de Ise' es el título de esta escultura, que representa al santuario sintoísta más importante de Japón./  R. C.
'Viaje al mito de Ise' es el título de esta escultura, que representa al santuario sintoísta más importante de Japón. / R. C.

El Festival de la Nieve de Saporo atrae cada año a más de dos millones de visitantes. 201 artísticas figuras, algunas de hasta 18 metros de altura, se exhiben estos días

JOSEBA VÁZQUEZ

Te quemarán la piel si la posas demasiado tiempo sobre su superficie, pero ellas en cambio nunca arderán. No han sido creadas para eso; su composición no lo permite. Las 201 esculturas, algunas de ellas gigantescas, que este año podrán admirarse en la 69 edición del Festival de la Nieve de Saporo (Japón) guardan en concepto una evidente similitud con las figuras de las Fallas de Valencia, aunque no están destinadas a ser consumidas por el fuego. Son obras artísticas moldeadas con nieve -principalmente- y cinceladas en hielo -en menor número- que se exhiben a los ojos del público desde el pasado lunes hasta mañana. La mayor parte de ellas son de tamaño medio, pero casi una decena alcanza los 18 metros de altura.

Estas últimas se encuentran repartidas por el extenso Parque Odori, el escenario principal de la muestra. La 'calle grande', que es el significado de Odori en japonés, se extiende de este a oeste en el centro de la ciudad como una ancha avenida de 1,5 kilómetros de longitud que abarca doce manzanas y ocupa una superficie de 78.901 metros cuadrados. Al margen de la actual exposición de arte en frío, este parque acoge a lo largo de todo el año numerosas fiestas y ceremonias. Aquí posan 118 de las esculturas de la presente edición. 60 composiciones más, especialmente realizadas en hielo, se ubican en el barrio Susukino, una de las zonas más bulliciosas de Saporo por ser un distrito repleto de bares, restaurantes, hoteles y establecimientos de ocio para adultos. Las 23 restantes se han instalado en la zona de Tsudo-mu, un marco habilitado con largos toboganes de nieve, una pista de patinaje sobre hielo y otras atracciones ideadas fundamentalmente para el público infantil.

Es decir, tres escenarios diferenciados para un efímero parque de atracciones que durante ocho días copa la actividad en la capital de la prefectura de Hokkaido. El llamativo acontecimiento congrega cada año a más de dos millones de visitantes, algo más de los habitantes de la ciudad.

10.000 camiones

La pervivencia de este espectacular festival cada mes de febrero desde hace 69 años es posible por las bajas temperaturas que Saporo registra regularmente por esta época. Dos grados bajo cero es allí el promedio diario a la una del mediodía durante este mes. Para asegurar el 'material' suficiente a los artistas, este año se ha transportado nieve de los alrededores por medio de casi 10.000 camiones.

Todo comenzó en 1950, cuando seis estudiantes de instituto tuvieron la ocurrencia de construir grandes esculturas en el Parque Odori. El resultado agradó a sus vecinos y, cinco años más tarde, algunos soldados de las Fuerzas de Defensa de la cercana base militar de Makomanai se unieron con sus propias figuras. El encuentro fue adquiriendo mayor popularidad interna y una coincidencia de fechas quiso que, en 1972, su fama trascendiera fronteras. La gran proyección internacional le llegó ese año con la celebración de la cita olímpica de Saporo, esa en la que el malogrado Paquito Fernández Ochoa protagonizara la gran sorpresa y ganara el eslalon especial, consiguiendo la que hasta ahora es la única medalla de oro de España en unos Juegos de Invierno. Queda por ver si la recién iniciada competición de Pyeongchang amplía este corto balance...

Para 1974 el festival organizó ya el Concurso Internacional de Esculturas de Nieve y Hielo en el que es, más o menos, su formato actual y en el que participan virtuosos artistas de todo el mundo. Hábiles artesanos de lo efímero saben que en unos días sus composiciones serán destruidas o, en el mejor de los casos, la vida de las mismas se prolongará unas semanas, hasta que el ascenso de las temperaturas las vaya deshaciendo. Gota a gota.

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