Náufragos incómodos

Navegación azarosa. Un barco de inmigrantes sobrecargado escora peligrosamente. :: r. c./
Navegación azarosa. Un barco de inmigrantes sobrecargado escora peligrosamente. :: r. c.

La peripecia del 'Aquarius' es el último drama de refugiados errantes a los que se impide llegar a la tierra prometida. En la historia reciente, solo el sufrimiento del 'Exodus' logró cambiar las cosas

ANTONIO CORBILLÓN

Occidente, víctima de lo que el responsable de Relaciones Externas de Médicos sin Fronteras (MsF), Carlos Ugarte, llama, «la deshumanización de la política», se pregunta hoy si el presidente español, Pedro Sánchez, es el último iluso de Europa. Frente a él, el ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini, canta «victoria» por lograr sacarse de encima a los 629 inmigrantes recogidos en el barco 'Aquarius', fletado por MsF y SOS Mediterranée. En cuatro días, los migrantes que nadie quiere y que en su mayoría fueron recogidos del mar por las propias patrulleras de la Marina italiana llegarán al puerto de Valencia. Entre ellos hay 123 menores y siete mujeres embarazadas.

Pero en la historia de la navegación ha habido otros Sánchez que se negaron a que la 'real politik' se impusiera al derecho humanitario que exige rescatar a los náufragos y llevarlos a puerto seguro.

El capitán noruego Arne Rinnan fue uno de ellos. En octubre de 2001 viajaba por el Índico a los mandos del 'Tampa', un enorme carguero lleno de contenedores y una exigente ruta horaria que cumplir. De las aguas rescató a 460 náufragos filipinos, srilankeses y afganos. Decidió cambiar el rumbo y llevarlos al puerto más cercano en Australia.

«Cada Estado se responsabiliza de lo que le cae porque no hay política migratoria europea»

El Gobierno austral, que desde hace décadas no duda en usar a su Armada para 'convencer' a los navíos sin permiso de que no son bienvenidos, denegó a Rinnan el atraque con el argumento del 'efecto llamada'. El mismo que ahora escucha el presidente español de sus críticos. «Vamos de todas formas», respondió el marino escandinavo.

Una unidad militar esperó y capturó al 'Tampa'. Su capitán insistió en que «no dejaré que la Convención de la ONU y el Derecho Marítimo sean vulnerados». Toda su tripulación le apoyó. Finalmente, los australianos recogieron a los 460 migrantes, aunque pagaron a Nueva Zelanda y al Estado insular de Nuaru para que los acogieran. «Es lo mismo que está pasando en Europa -recuerda Ugarte-. Como la política de externalizar fronteras pagando a los vecinos africanos ha fracasado, al final cada Estado se responsabiliza de lo que le cae».

De aquel episodio Australia buscó una solución que le acerca al 'modelo Guantánamo' (la base carcelaria sin leyes de EE UU en Cuba). El Gobierno de Canberra buscó la isla más remota que pudo de su territorio. Encontró Manus, a mil kilómetros de distancia. Allí, junta a Papúa Nueva Guinea, malviven hoy los 800 hombres que intentaron llegar a sus costas en los últimos cinco años.

La dura política australiana ha inspirado propuestas recientes como la de Austria, país sin costas, que pidió a la Unión Europea hace dos años encerrar en centros de detención en alguna isla extracomunitaria a los refugiados que fueran rescatados del Mediterráneo.

A Europa le pilla lejos pero en las aguas de países como Malasia, Indonesia, Tailandia o Birmania se viven desde hace tres años similares dramas en mitad del mar. Decenas de miles de refugiados bangladeshíes o rohingya (minoría musulmana perseguida en Birmania) se aventuran al mar en barcos destartalados y sin nombre. En marzo de 2017, un cayuco con 350 desdichados a bordo estuvo dos meses navegando a su suerte mientras los barcos patrulleros de estos países amenazaban con disparar si enfilaban sus costas. Los pasajeros bebían su propia orina y arrojaban los cadáveres de los muertos por la borda. Todo puntualmente retransmitido por las televisiones de medio mundo.

Finalmente, unos pescadores de la isla de Sumatra (Indonesia) les llevaron a tierra firme en contra de las órdenes de la fuerza naval de su país. Fue el final esperanzador para uno de los 'ataúdes flotantes', como llaman a estas embarcaciones en la zona.

Cambio de estrategia

La creciente demanda de pasajes para una oportunidad en Europa ha llevado a las mafias en los últimos años a buscar barcos grandes, sobre todo cargueros camino del desguace, que se fletan bajo banderas de conveniencia. Después se llenan de un pasaje tan desesperado que acepta embarcarse en un buque que, tras poner rumbo a algún puerto italiano, será abandonado a su suerte con el piloto automático activado. Sin tripulación. Sin comida. Sin apenas combustible.

Muy cerca de donde ahora navega el 'Aquarius' los guardacostas encontraron el día de Año Nuevo de 2015 al 'Blue Sky', nave bajo bandera de Moldavia en la que viajaban 970 personas hacinadas en la bodega y la cubierta. Llevaban una semana sin comer y el barco estaba a punto de hundirse. Dos días después, y también en el Canal de Sicilia, fue localizado el 'Ezadeen', con bandera de Liberia y 450 personas en su cubierta. Tampoco había nadie al timón. Aquel mes de enero fueron vistos en aquellas aguas al menos cuatro barcos en similares circunstancias.

Unos y otros tienen un espejo en el que mirarse. Hace 71 años, el 'Exodus', un desvencijado buque de bandera hondureña, marcó el origen de Israel. Había sido fletado para trasladar a los judíos supervivientes del Holocausto nazi y la II Guerra Mundial en el territorio donde querían fundar el Estado hebreo. Inglaterra, administrador colonial de Palestina, decidió que cada barco capturado sería devuelto a Chipre o al punto de partida.

El 'Exodus' zarpó de Francia en junio de 1947 con 5.415 'mapilim', como se llamaba a estos apátridas judíos. Los británicos cumplieron su palabra, abordaron el barco al llegar a Palestina tras vencer una enconada resistencia que provocó varios muertos entre los inmigrantes, y los devolvieron a la costa gala en tres navíos. Pero el pasaje se negó a desembarcar y permaneció un mes a bordo. La tenacidad de estos judíos, hacinados y enfermos, fue un factor clave para que la ONU iniciara la división de Palestina y el nacimiento del Estado de Israel.

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