'Gran Hermano' pierde la visión

Los protagonistas de la primera edición se disponen a entrar en la casa de Soto del Real donde empezó su andadura el concurso. :: telecinco/
Los protagonistas de la primera edición se disponen a entrar en la casa de Soto del Real donde empezó su andadura el concurso. :: telecinco

La sombra de la cancelación planea sobre el 'reality' más longevo de nuestro país después de 18 años de emisión. Telecinco adelanta la final de la presente edición por las bajas audiencias

El sueño morboso de observar la vida detrás de una cortina sin ser descubiertos lo cumplió 'Gran Hermano' el 23 de abril del año 2000. Un médico, una panadera, un guía turístico, una modelo, una enfermera, un militar y otros ocho concursantes de perfiles distintos convivieron aislados del mundo durante noventa días en una casa con 29 cámaras ocultas y situada en Soto del Real (actualmente se graba en Guadalix de la Sierra). Telecinco lo definió como «experimento sociológico» y fue el primer 'reality show' al que los españoles se asomaron en sus vidas. Para su creador, el neerlandés John de Mol, la premisa era interpretar entre los participantes, la cadena y los espectadores a una microsociedad que recreara la novela de George Orwell '1984', donde un ente supremo vigila a todos los ciudadanos. Pero, 17 años más tarde y 18 ediciones después, el público se ha cansado de escudriñar a través del 'ojo que todo lo ve'.

Hace dos semanas, las alarmas saltaron en Telecinco cuando el programa registró el dato de audiencia más bajo de toda su trayectoria por tercera vez en un mes -un 12% de cuota de pantalla y 1.252.000 espectadores-, convirtiéndose en la cuarta opción de la noche de los jueves, detrás de las series 'Estoy vivo' (TVE) y 'La casa de papel' (Antena 3) y el programa de La Sexta 'Dónde estabas entonces'. Los directivos de Mediaset no pudieron soportar el varapalo y ayer anunciaron que iban a despachar la presente edición -que lleva por coletilla 'revolution'- antes de lo previsto, el próximo 14 de diciembre. Un golpe de gracia que compromete el futuro del programa y marcará en 81 el número de días de convivencia, así que el ganador que surja de la final será el que menos tiempo haya pasado dentro de la casa en comparación con el resto de vencedores.

«A 'Gran Hermano Revolution' quizá habría que llamarlo 'Gran Hermano consumation', porque ha llegado a su consumación. Al principio le adornaba la novedad de ver cómo funciona la realidad como un experimento, en la medida en que metes a un grupo de gente variada a convivir y observas los roces que se suceden mientras concursan. Una lucha con chispa. Pero 18 ediciones son muchas y el formato ya no tiene ese chute emocional. Además, con independencia de que se pueda juzgar si el equipo del programa ha metido la pata o no en esta edición, se han tenido que enfrentar al 'Gran Hermano nacional', el asunto catalán, que ha ganado en atención», explica a este periódico Marcial Romero, profesor de Sociología de la Universidad Complutense.

María Dolores Martín Socióloga «El espectador se siente engañado porque intentan engancharlo artificialmente»

Jorge Javier Vázquez vencido por Rajoy y Puigdemont en su propio feudo, el del entretenimiento televisivo. El actual presentador de 'GH', que tomó las riendas del concurso el año pasado en sustitución de Mercedes Milá (con 15 ediciones a sus espaldas), ha sido utilizado como 'cabeza de turco' por los seguidores más fieles del 'reality', a los que no ha caído en gracia. «Las audiencias son muy bajas, es un drama», llegó a reconocer él mismo. Sin embargo, achacarle la deriva del formato sería quedarse en la superficie.

«El principal problema que tiene 'Gran Hermano' es que se ha desconectado de la sociedad. Sus concursantes ya no son espontáneos, su meta es ir al programa para luego ganar dinero haciendo bolos en discotecas o ser colaborador de Telecinco. La sociedad no se ve reflejada en ellos y es precisamente la antítesis de lo que está ocurriendo este año en 'Operación Triunfo' (TVE), un formato que ha descansado y ha conseguido reunir a un grupo de chavales que han ido vírgenes al programa, siendo ellos mismos, porque tenían dos o tres años cuando entró en las casas de los españoles por primera vez. 'GH' debería descansar para traer en un futuro concursantes menos resabiados», apunta el cronista televisivo Borja Terán.

Concurso sin 'muebles'

Si regresamos al año 2000, la final de la primera edición de 'GH', que ganó el gaditano Ismael Beiro, reunió a 9.105.000 espectadores, el 70,8% de las personas que estaban viendo la televisión aquella noche. Un dato irrepetible. Fue un concurso sin estridencias; con alguna que otra pelea por celos, como la protagonizada por Jorge Berrocal y su famosa frase: «¿Quién me pone la pierna encima?», pero imperó la naturalidad. Poco a poco, la cadena buscó reducir al máximo el número de 'muebles' dentro de la casa; es decir, de concursantes que no dan juego y, por tanto, no generan interés, buscando en los 'castings' a participantes más, digamos, alocados.

Con esa decisión llegaron los Carlos Navarro, conocido como 'El Yoyas', expulsado en la segunda edición por simular gestos de maltrato físico hacia otra concursante, o Indira, forzada a abandonar la casa por lanzar un vaso de agua contra una compañera en 'Gran Hermano 11' (2009-10). Al año siguiente, la pareja formada por Chari y Rubén también fue eliminada al sostener una acalorada discusión. En 'Gran Hermano 14', Argi corrió la misma suerte por pedir «la vuelta de ETA», aunque fuera en tono de broma. Y en la pasada temporada, Álvaro se vio obligado a dejar su 'encierro' tras protagonizar diversas polémicas, como juguetear con un pájaro muerto en el jardín de la casa de Guadalix de la Sierra y proferir comentarios machistas.

En 'Gran Hermano Revolution', la edición menos vista hasta ahora, la polémica llegó hasta el cuartelillo de la Guardia Civil de Guadalix. En la madrugada del 4 al 5 de noviembre, después de la clásica fiesta semanal en las que se sirve alcohol a los concursantes para que olviden que hay cámaras grabando, una práctica habitual del 'reality', los técnicos que estaban de guardia esa noche observaron que algo no marchaba bien bajo el edredón con el que se cubrían José María Pérez y Carlota Prado, una escena en la que la propia dirección del programa aprecia «una conducta intolerable».

El posible caso de «abuso sexual» se zanjó con la expulsión de él y la salida temporal de Carlota, que fue atendida por el equipo de psicólogos de 'GH' y regresó al concurso el jueves siguiente. La investigación no llegó a más, porque no hubo denuncia por parte de ella. El interés del público creció y la gala de aquella noche arrancó con la imagen en primer plano de la concursante y una subida de 2,7 puntos de 'share'.

«Se intenta engañar al público haciéndole creer que es espontáneo todo lo que ocurre. En 'MasterChef', alguien que entra sin saber cocinar de repente sorprende al hacer un gran plato, pero en 'GH' se ve mucho la parte de atrás; intentan buscar una historia para tener más audiencia, a veces de forma artificial. Al final, el consumidor se siente engañado porque se da cuenta de que están intentando engancharle con medios artificiosos», señala María Dolores Martín, directora del departamento de Sociología de la Universidad de Granada. La profesora proyecta en sus clases fragmentos de 'Gran Hermano'. «Mis alumnos lo rechazan, piensan que ellos no son como los concursantes, ni quieren serlo. 'GH' es usado como argumento por la gente interesada en desprestigiar a esta generación», sostiene.

¿Será este el final de 'GH' en el país del mundo donde más ediciones se han emitido? Terán lo tiene claro: «Ya no aporta nada nuevo desde el punto de vista creativo. Es el bucle de siempre: la pelea, la indignación y la polémica. Esta debería ser la última edición en una temporada larga; hasta Telecinco se ha dado cuenta de que hay que pararlo. No obstante, creo que volverá porque, pasado un tiempo, se puede reinventar la fórmula».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos