La Finlandia del Sol

La Finlandia del Sol

Fuengirola tiene la segunda mayor colonia de finlandeses del mundo, solo por detrás de Suecia. Empezaron a llegar en los años 70 y ya son más de cinco mil. Hoy celebran los cien años de su independencia

SUSANA ZAMORA

Cuando Finlandia ganó seis medallas en los Juegos Olímpicos de Montreal y Lasse Artturi Viren se convirtió en 1976 en el primer atleta de la historia en hacer doblete en los 5.000 y los 10.000 metros lisos en dos olimpiadas consecutivas (ya había conseguido los dos oros en las de Múnich de 1972), buena parte del país volvió sus ojos hacia España. Concretamente, hacia Los Pacos, un pequeño núcleo de población situado a las afueras del municipio malagueño de Fuengirola. Allí, Teuvo Raivo Hakulinen encontró el clima y las condiciones ideales para preparar a los deportistas finlandeses de alta competición, sobre todo, durante los meses de invierno, cuando Finlandia está prácticamente cubierta por la nieve y por la oscuridad de sus días tan cortos.

En 1974, creó allí el Centro Permanente de Entrenamiento de Atletas y desde entonces la popularidad de Fuengirola entre los finlandeses no ha dejado de crecer. Un clima excepcional, con una temperatura media de 18 grados y más de 3.000 horas de sol al año, y su calidad de vida la han convertido en la pequeña Finlandia. Actualmente, alberga la colonia finlandesa más importante del mundo (después de Suecia) con 5.213 censados, sólo superada por la británica, con 6.722. Son cifras oficiales, las que el Ayuntamiento tiene en su base de datos, pero en ellas no están todos los que son, «porque el municipio cuenta con una población flotante (no empadronada) de finlandeses que puede superar los 25.000», apuntan fuentes municipales. «En este caso, se trata en su gran mayoría de turistas que eligen esta zona para pasar una semana o estancias cortas de vacaciones», confirman desde la embajada de Finlandia. «A Fuengirola se la conoce ya como el municipio finlandés que tienen más al sur», presume Rodrigo Romero, concejal de Residentes Extranjeros. Sólo en esta localidad de la Costa del Sol, que en total tiene 85.346 habitantes, se concentra el 96% de finlandeses que han establecido su residencia en Málaga, donde hay censados 5.413, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Minna Kantola es ya parte de esa estadística después de que hace cuatro años se liara la manta a la cabeza y rompiera con una vida acomodada y estable en la ciudad finlandesa de Tampere, donde trabajaba como profesora de Marketing y Lengua (sabe alemán y sueco) en un instituto. Tenía un puesto estable y después de cinco años estaba contenta con su trabajo, pero siempre quiso vivir en el extranjero, «experimentar cosas nuevas» y, tras descartar Francia y Alemania, en 2003 aterrizó por primera vez en la Costa del Sol.

HELSINKI

La vida en Fuengirola.
Sami Lindperg (arriba) ha rehecho su vida en Fuengirola, donde trabaja en una herboristería. Bajo estas líneas, alumnos y profesores del Instituto Sofia Opisto, un centro cultural dirigido a residentes fineses. La Escuela Finlandesa (derecha) es la única con Bachillerato fuera de aquel país. :: S. ZAMORA/F. GONZÁLEZ/R. C.

Sólo necesitó dos meses para tomar la decisión que marcaría el resto de su vida, porque tras ese tiempo que pasó de vacaciones y aprendiendo español, regresó a su país para comunicar a su empresa que la dejaba para siempre. Se vino con una mano delante y otra detrás. No tenía nada: ni piso, ni trabajo, ni familia, ni amigos y, aún así, en octubre de ese mismo año Minna empezaba de cero en Fuengirola. Un mes después, ya trabajaba en un banco, atendiendo a clientes finlandeses, aunque lo primero que tuvo que asumir fue el sueldo, la mitad que en su país, que era de unos 2.000 euros mensuales brutos. «Sabía que aquí eran más bajos, pero también lo son los impuestos. A mí me ha compensado», afirma Minna, que dirige el Instituto Sofia Opisto. Ella ha impulsado este proyecto cultural después de que en 2015 se topase con un anuncio en un periódico local finlandés en donde el Ministerio de Educación de su país buscaba una persona para ponerlo en marcha y coordinarlo. «En Finlandia, el aprendizaje es para toda la vida y el Gobierno quería ofrecer aquí en Fuengirola estudios para adultos (Lengua Española, Música, Informática, Gastronomía, Historia de España y, también, mantenimiento físico). Hoy, somos una asociación cultural, registrada en Finlandia, que recibe la mitad de la subvención inicial, pero que compensamos con las cuotas de los 2.600 alumnos que pasan por aquí al año».

Sobrellevar la oscuridad

Pese a la «excesiva burocracia, los bajos sueldos y las prolongadas jornadas laborales», Minna confiesa que no quiere volver ya a Finlandia: «Me encanta mi país y echo de menos a la familia, pero la oscuridad allí es muy dura de sobrellevar; en invierno, a las tres de la tarde ya es de noche. Quizá, cuando me jubile pase allí los meses más cálidos entre abril y octubre».

Quien tampoco se plantea volver es Suvi Kauranen, que llegó a Andalucía para disfrutar de un año sabático junto a su familia y acabó echando raíces en Fuengirola. Todos los finlandeses tienen derecho a un año sabático, durante el cual el Gobierno abona una parte de su salario (entre el 70 y el 80%) y cubre su puesto de trabajo con desempleados para que no se descuelguen del mercado laboral. Un sueño para muchos en España, que no todos pueden realizar en Finlandia. ¿Las condiciones? Trabajar a tiempo completo (o un 75% de la jornada); llevar al menos 20 años en el mundo laboral y haber estado en la misma empresa un mínimo de 13 años. Suvi se agarró a esta opción tras morir varios amigos íntimos de forma repentina: «Despertamos a la realidad y pensamos que no siempre se llega a la jubilación para poder empezar a vivir. Además, mi marido y yo quisimos darle una oportunidad a nuestro matrimonio alejándonos del estrés que causaba gran parte de los problemas».

Reconoce que aquel año de 1988 supuso un punto de inflexión y aunque regresaron a Finlandia, las cosas ya no volvieron a ser igual. Confiesa que fue un «error»: «La relación no iba bien, mis dos hijos me recordaban continuamente España y en marzo de 1992, durante una nevada me dije que aquello tenía que cambiar. Me di seis meses de plazo para preparar el traslado y para que mis hijos de tres y cuatro años aprendiesen español. En octubre, ya estaba abriendo un restaurante en la zona de Los Boliches». Hoy tiene un negocio de golf, que organiza paquetes turísticos para finlandeses y una inmobiliaria, que empieza a remontar tras la crisis. Pero Suvi pensó que no era suficiente su papel de empresaria, madre e incluso concejala (fue responsable del área de Residentes Extranjeros de Fuengirola entre 2007 y 2010 con la alcaldesa del PP Esperanza Oña) y decidió agradecer a su entorno parte de todo lo que le había dado con la constitución del Grupo SOS Costa del Sol, una asociación de voluntarios sin ánimo de lucro, con un teléfono de guardia las 24 horas, los 365 días del año para mediar en situaciones de emergencia con un servicio de interpretación finés-español.

Hoy Suvi lo tiene claro: «Si tuviera que elegir, mi país sería España», sentencia. Asegura que los españoles son ruidosos, que sigue llevando mal que hablen todos a la vez y, sobre todo, que no respeten el tiempo de los demás. «El mañana de los españoles es sólo una forma de hablar; si quedas con alguien al día siguiente, puede aparecer a la semana».

En el caso de Katia Westerdahl, ella se instaló en Fuengirola siendo todavía una niña. Su padre, director de marketing, fundó en 1985 la revista 'Olé'. «Fue un visionario; supo ver que muchos jubilados acabarían aquí y que demandarían información». Hoy, con 15.000 ejemplares mensuales, la dirige ella con el mismo espíritu con el que nació: acercar la realidad española a sus compatriotas, abordando temas de interés para ellos relativos a fiscalidad, seguridad social o sanidad. Aunque finlandesa de nacimiento, asegura sentirse española, «tanto como mis hijos, que nacieron aquí y que en el conflicto catalán sólo les faltó envolverse en la bandera española y manifestarse». Eso sí, la sauna, como en el resto de viviendas de la urbanización en la que vive, no falta. Está en el ADN de los nativos del país nórdico. «Para nosotros es fundamental, es un sitio donde ir a pensar las cosas cuando todo falla. Es el bar que le falta a los finlandeses», explica Katia.

Pero esta mujer tiene el corazón partido y siente no poder tener la doble nacionalidad (España no tiene convenio con Finlandia) y «no podría renunciar a la mía después de haber tenido dos abuelos que lucharon por la independencia de mi país; sería una traición a mis orígenes», aclara.

El sueño de todo finlandés

Pero el «sueño» de todos sus compatriotas es poder tomar el sol en la playa «y yo la tengo a cinco minutos; es como estar de vacaciones todo el año», afirma Sami Lindperg, finlandés de nacimiento y que tras haber vivido 15 años en Dinamarca, dio el salto a Fuengirola en 2002 animado por unos amigos. Acababa de divorciarse de su marido y no podía seguir trabajando como peluquero por las reacciones alérgicas que le provocaban los productos cosméticos. «Estaba sumido en una gran depresión». Ahora, trabaja en una herboristería y reconoce cuánto ha ganado en calidad de vida, empezando por su condición homosexual: «En Finlandia tenemos nuestro sitio, pero estamos mal vistos». Asegura que los «finlandeses se olvidan de vivir» y de aquí admira la capacidad de los españoles para disfrutar de la vida mientras trabajan. Pero si hay algo que agradece ahora, aunque le impactó al llegar, es la cordialidad en el trato: «Los finlandeses somos distantes y apenas hay contacto físico cuando nos saludamos», detalla.

La zona de Los Pacos concentra gran parte de los residentes en Fuengirola del citado territorio nórdico. Son 1.847 los que han establecido su domicilio en este pequeño barrio de casas de planta baja, con iglesia propia, comercios de alimentación con letreros en finés (en los que se dispensa el regaliz en sus múltiples expresiones y que tanto gusta a este pueblo) y al que se llega subiendo la avenida Finlandia. Uno de los motivos es que allí está la Escuela Finlandesa, creada en 1991 y que alberga en sus instalaciones de un pequeño chalé a sus 317 estudiantes, 27 profesores y 49 empleados. De los seis colegios finlandeses fuera del país, el único con Bachillerato es el de Fuengirola, dado el gran número de familias que han establecido allí su residencia definitiva o temporal durante el año sabático. Así lo confirma una de sus profesoras, Minttu Alonen, quien tras conocer a su pareja española durante el programa Erasmus en la Universidad de Tampere, buscó trabajo en España. «En la Escuela Finlandesa necesitaban una profesora de Matemáticas y tuve la suerte de ser admitida». Afirma que los niños finlandeses de Fuengirola son más abiertos, pero siguen el mismo programa docente que en su país, centrado más en la comprensión que en la memorización. El sistema educativo finés está entre los mejores del mundo, aunque Minttu dice que no hay secretos; sólo trabajos en grupo, clases participativas y exámenes con poca materia con el fin de que el alumno razone lo aprendido.

A la zona no le falta de nada. Hasta cuenta con un 'call center', dirigido por la empresa Barona desde 2015, para atender las reclamaciones de las multas que se ponen en Finlandia y a los clientes de algunas empresas de telefonía y electricidad finlandesas. Cuenta con 230 empleados, todos finlandeses, pero con sueldos españoles, precisa Paula Manso, directora de la oficina. Además, son sede del XChange Programme, una especie de «Erasmus laboral», en el que ceden sus instalaciones para que empleados de otras empresas finlandesas puedan seguir trabajando en ellas (con el sueldo de su país), pero a 4.000 kilómetros de distancia. «Lo hacen para premiar a los trabajadores o para motivarlos». ¿El problema? Que después de un año no quieren volver.

Es la temperatura media, pero en invierno en Finlandia se pueden alcanzar los -20 grados.

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