Fabricantes de perros

Miles de perras preñadas parirán en lugares sórdidos a tiempo para la Navidad. Sus cachorros serán vendidos en España. Muchos morirán

JAVIER GUILLENEA

Se acercan las Navidades, esos días entrañables donde las familias se reúnen en armonía, se come más de lo debido, se brinda con cava, la alegría se codea con la nostalgia y los niños sueñan con fantásticos regalos. Llegado el momento, muchos de ellos abrirán una caja preciosa y descubrirán con ojos desorbitados de felicidad su hermoso contenido, una bolita palpitante de peluche, un encantador cachorro que pronto morirá.

El proceso ya está en marcha. En lugares innombrables miles de perras preñadas aguardan hacinadas la hora de parir. Lo harán a oscuras, en jaulas diminutas y sin higiene, sin más futuro que volver a quedar embarazadas hasta que no puedan más y sean sacrificadas. No tendrán apenas tiempo de ver a sus camadas, que les serán arrebatadas de inmediato. Los cachorros emprenderán amontonados un viaje de miles de kilómetros hacia las manos amorosas de un niño entusiasmado por el regalo. Muchos morirán en el camino, otros lo harán después. Solo los más afortunados sobrevivirán.

Matilde Cubillo recuerda la escena que presenció una Navidad frente a una tienda de mascotas en la localidad madrileña de Pinto. «Había muchísima gente haciendo cola en la calle, llegó un camión lleno de cachorros y según los descargaban los iban vendiendo sin cuarentena ni nada». Cubillo es presidenta de Justicia Animal, una organización que desde hace más de quince años lucha contra el tráfico ilegal de perros, una actividad que mueve grandes cantidades de dinero y en la que están implicadas «verdaderas mafias». Las Navidades, en las que el negocio se triplica, son para ellas una auténtica mina de oro.

Matilde Cubillo Activista «Suelen criarlos en lugares inimaginables y condiciones terribles» Encarnación Meruelo Criadora «Bajo la bandera del amor por las mascotas se oculta mucho dinero»

Llegan del Este, de las fábricas de perros diseminadas por Eslovenia, Hungría, Chequia o Eslovaquia. «El 90% de los que se venden en las tiendas de mascotas españolas vienen de allí. En casi todos los comercios hay cachorros de esos países», asegura Matilde Cubillo, cuya asociación colabora con el servicio de la Guardia Civil Seprona en la localización de transportes ilegales en la comunidad de Madrid. «No son fábricas enormes», explica. «La gente suele criar a los perros en sus casas, en garajes o en lugares inimaginables donde hay hembras pariendo y pariendo continuamente en condiciones terribles, y luego se los venden a mayoristas mafiosos».

El viaje comienza para ellos al poco de nacer aunque las normas comunitarias prohíben el transporte de cachorros de menos de tres meses, ya que es a partir de esa edad cuando la vacuna obligatoria de la rabia les hace efecto. Este detalle no impide a las mafias cargar sus furgonetas con animales de apenas veinte días provistos de papeles falsos que certifican una edad mayor y todas las medidas sanitarias en orden.

El trayecto suele durar tres días. Sin vacunas, a menudo enfermos de moquillo o parvovirosis, repletos de parásitos, los cachorros llegan extenuados a su destino para ser vendidos. «En España hay grandes tiendas que ejercen de mayoristas. Cada cachorro les sale a unos 70 euros y luego los venden a otras tiendas o a particulares. Un criador serio puede cobrar 900 euros por un yorkshire mientras que los que vienen del Este pueden llegar a costar 400. El margen de beneficio es importante», dice Matilde Cubillo.

En Europa solo el 45,17% de los movimientos de transporte de perros están registrados legalmente. Según un estudio de la Unión Europea, el 42% del comercio de perros y el 22% del de gatos es ilegal. Uno de los países donde llegan más cachorros es España.

La historia de 'Snoopy'

'Snoopy' fue uno de ellos. Era un bichón maltés que compró Mónica para regalárselo a su hija el día de su cumpleaños. «Busqué en Internet y contacté con un criadero de Pinto». Allí le dieron todas las facilidades y, después de pagar 450 euros, le enviaron por mensajería a su domicilio de Elgoibar (Gipuzkoa) un macho de cuatro meses junto con un contrato-garantía que ocupaba nada más que un folio con un membrete en el que «solo ponía tienda de animales» y contenía condiciones que desde el primer momento le parecieron extrañas. «Ponía que si al perro le cambiaba el pienso no le cubría la garantía y que si tenía algún problema lo tenía que devolver a un veterinario de Madrid que estaba concertado con el vendedor».

'Snoopy' llegó con muchos problemas. «Me lo trajeron sin nada de agua y con muy poco pienso, estaba deshidratado, con diarrea y vómitos, pero me dijeron que era normal por el viaje y los nervios», recuerda Mónica. El animal también estaba plagado de parásitos y, como pudo comprobar su dueña, en la documentación que le entregaron figuraba que provenía de Eslovenia y no de un criadero madrileño.

Llamó a la tienda y le respondieron que si el cachorro estaba enfermo lo devolviera y le mandarían otro. «No lo hice porque sabía que se moriría en el camino, estamos hablando de un ser vivo, no de un electrodoméstico». Pese a todos los intentos por salvarle, 'Snoopy' solo resistió cinco días. «Nos lo trajeron un martes y el sábado murió», se lamenta Mónica. La necropsia reveló que 'Snoopy' solo tenía entre seis y ocho semanas. El perro no había sido vacunado e incluso su chip no estaba dado de alta.

Este caso es idéntico al de miles de personas que han adquirido cachorros a buen precio y sin conocer su procedencia. «Están llegando del Este y en el mundillo todos saben quiénes son, el problema es que es legal», afirma Encarnación Meruelo, presidenta de la Asociación de Centros Legales de Cría y Cuidado Responsable (Ascelcre). «A nivel particular -explica- puedes transportar cinco perros pero si lo haces comercialmente los puedes traer para venderlos en grandes cantidades como si fueran ganado pero con condiciones legales, que es lo que muchas veces no se hace». Es mucho más fácil vender un cachorro adorable que un animal algo más crecido, aunque eso suponga traerlos recién nacidos y sin estar vacunados de la rabia.

Pero no todo son transportes dudosos desde lejanos países. Encarni Meruelo sostiene que «el 95% del sector del perro en España es en negro» y asegura que una buena porción del negocio se la reparten criadores particulares que hacen la competencia a los profesionales. «En un domicilio de Bilbao vi a una persona que tenía treinta yorkshires en la cocina. Estaban encerrados en transportines apilados uno sobre otro y había varios en cada caja. Los vendía por unos 800 euros cada uno», afirma.

La cría particular de perros no está prohibida pero la venta sí, aunque es muy difícil luchar contra este comercio, sobre todo desde que existe Internet. «Es ahí donde hay que buscar el problema, no en las tiendas», recalca Josep Arnas, secretario general de la Asociación del Sector del Animal de Compañía (ASAC). «La última vez que miré una web me encontré con 248.000 anuncios de particulares que vendían perros en España. Lo que hay -añade- son criadores seudoprofesionales sin ningún control y con cartillas falsificadas que venden mascotas a precios de derribo».

Josep Arnas niega que el 90% de los cachorros que se venden en los comercios provenga de países del Este. «Eso es absolutamente falso», insiste, aunque evita generalizar. «El control es enorme pero no pongo la mano en el fuego por todos los comercios, hay tiendas que han sido expulsadas de la asociación por prácticas comerciales dudosas». A su juicio, ahora que el tráfico ilegal «ha descendido hasta convertirse casi en residual», el enemigo «es el criador particular que vende mascotas en internet y que las tiene en pésimas condiciones».

Todo en nombre del cariño y la empatía con el mundo animal, un reclamo en el que caen sin proponérselo miles de personas bienintencionadas. «Bajo la bandera del amor por las mascotas se oculta una cantidad impresionante de dinero», afirma Encarnación Meruelo. «Los cachorros son muy monos, pero hay que saber de dónde llegan», recalca Matilde Cubillo. Son entrañables y ahí se esconde la trampa. Conscientes de la atracción que ejercen los recién nacidos que juegan tras la luna de un escaparate, hay comercios que potencian el encanto. «Les dan chutes de vitaminas para que estén animados cuando viene alguien a comprarlos. Al día siguiente tienen vómitos y diarreas»; denuncia Matilde Cubillo.

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