Cómo detectar si existe maltrato en las residencias de ancianos

Una cámara grabó a esta auxiliar que dejó tirada a una anciana con un hueso roto. :: la sexta/
Una cámara grabó a esta auxiliar que dejó tirada a una anciana con un hueso roto. :: la sexta

Los expertos coinciden en que la agresión física es excepcional. Pero se puede hacer daño a un anciano sin pegarle. El abandono y la negligencia también dejan huella

Una mujer de 87 años se levanta en plena noche y se cae junto a su cama. Una auxiliar de la residencia donde vive acude a la habitación pero, en lugar de socorrerla, apaga la luz y se marcha. La anciana, enferma de alzhéimer, está más de dos horas tirada en el suelo con el fémur roto, hasta que las trabajadoras del turno de mañana la auxilian. Una cámara lo desvela todo y la institución despide a la empleada.

Este suceso ocurrió en febrero en Zaragoza. Un mes antes, dos familias madrileñas denunciaron a una residencia por las heridas y la desnutrición que presentaban sus seres queridos. Y en noviembre la asociación Defensor del Paciente llevó ante la Fiscalía a la residencia de Parla por agresiones y suciedad en las instalaciones.

Según la Organización Mundial de la Salud, uno de cada diez ancianos sufre malos tratos, pero solo una mínima parte los denuncia. Las personas con demencia avanzada son las más vulnerables porque no pueden contar lo que les sucede.

Gerardo Meil, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid, explica que, en función del criterio utilizado para definir el maltrato, distintas investigaciones calculan que entre el 1% y el 14% de los ancianos son víctimas de violencia por parte de sus cuidadores en el entorno familiar. Una parte de ellos se encuadra en el fenómeno de la violencia de género; otros están motivados por la incapacidad del cuidador de soportar el peso de la atención a su cónyuge dependiente. Del maltrato en residencias se sabe poco. «Se ha investigado mucho sobre el maltrato a la mujer, se ha avanzado en el de los niños, pero está pendiente de investigar el de los mayores», concluye Meil.

Para José Luis Roselló, de la Fundación Edad&Vida, se trata de situaciones «muy excepcionales». «En los centros hay tolerancia cero ante este tipo de comportamientos y actitudes de los profesionales», afirma. «Es un asunto que preocupa muchísimo. Las personas dependientes son frágiles. El buen trato debe formar parte de la cultura de la organización», subraya Pura Díaz Veiga, de Fundación Matia.

Cuando se habla de maltrato, la imagen más recurrente es la de un anciano golpeado o zarandeado por la persona que le cuida. Pero lo cierto es que la violencia física intencionada no es el único agravio que pueden recibir.

Aislamiento y ansiedad

El protocolo del Imserso sobre maltrato institucional enumera una serie de indicadores que pueden alertar de la presencia de maltrato físico, entre ellos fracturas, heridas, hematomas y quemaduras; lesiones no explicadas; desnutrición, deshidratación o pérdida de peso; errores en la medicación; y falta de higiene personal y externa.

Respecto a los indicadores de maltrato psicológico, señala cambios en los hábitos alimenticios, problemas para dormir, actitud de temor y confusión, retraimiento y aislamiento; depresión y ansiedad. El maltrato económico puede detectarse por una manifestación expresa del afectado, pérdida de dinero, objetos o documentos; movimientos sospechosos en las cuentas corrientes; cambios en el testamento cuando hay dudas sobre la capacidad de tomar decisiones; y problemas de salud sin tratamiento.

El maltrato social se manifiesta cuando la persona mayor está sentada o encamada durante horas; carece de actividades de estimulación o entretenimiento; tiene restringidas las visitas o las llamadas; o se queda solo a menudo. Por último, la negligencia o el abandono pueden reflejarse en deterioro de la salud, medicación excesiva o insuficiente, suciedad o mal olor y vestido inadecuado.

Aunque no se considera maltrato, el uso de sujeciones físicas o farmacológicas es controvertido. Ceoma desarrolla la campaña 'Desatar' y emite certificados a los centros libres de sujeciones. Utilizar las técnicas correctas para mover, sentar o acostar al anciano y mantener la vigilancia es más eficaz y más respetuoso, explica Demetrio Casado.

Pura Díaz Veiga resalta que el uso de estas sujeciones ha de ser «excepcional, con carácter temporal y de forma racional». Su aplicación de modo general «solo da complicaciones para la salud, precipita la dependencia y, sobre todo, constituye un atentado a la dignidad de las personas».

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