«Tienes que decir sí a todo»

Son las dos caras de la misma moneda. Él se ve obligado a trabajar gratis. Ella cobra y espera que la contraten

Yo no trabajaría gratis», asegura tajante Viviana. Luis tampoco, pero lo hace porque no tiene más remedio. A ella no le importa que se desvele su nombre real. Él pide que se utilice una identidad ficticia, la de Luis, por ejemplo, para no empeorar las cosas. Ambos representan las dos caras del intrincado universo de las prácticas. «He tenido suerte», dice Viviana. «Llevo una vida jodida», se lamenta él.

Luis, de 31 años, es un arqueólogo que en la actualidad está haciendo el doctorado en una universidad andaluza. Los recortes del PP le dejaron sin beca, lo que le ha obligado a tratar de sobrevivir de la mejor manera posible en el complejo mundillo académico. Ante todo, lo que ha aprendido es a no decir nunca que no. De lo contrario el riesgo de quedarse en el camino es muy elevado.

Se trata de crear currículo, de llenarlo con excavaciones, artículos publicados en revistas especializadas y asistencias a congresos. «Ese es el problema, que tienes que decir que sí a todo porque hay muchos que vienen detrás y si tu currículo no es tan bueno no puedes competir en el futuro para una beca posdoctoral». Una manera es acudir a congresos, pero cuando el dinero escasea, como es el caso de Luis, es complicado, aunque no imposible: existe una fórmula. «Para ir a un congreso tengo que estar todos los días trabajando gratis para ellos como azafato y a cambio me ofrecen la posibilidad de publicar un artículo».

LUIS ARQUEÓLOGO«Para trabajar en una excavación muchas veces tienes que pagar»

En una carrera de Letras es muy difícil encontrar trabajo si no hay una institución pública detrás, asegura Luis. Cada uno hace lo que puede, que no es mucho en el ámbito de la arqueología. «Es muy común -asegura- que en vez de darte dinero te publiquen un artículo a cambio de tu trabajo, pero de eso no se come». La opción para resistir es «traducir artículos científicos o dar clases a alumnos de Bachillerato que preparan la Selectividad, todo en negro».

Ningún euro sobra en una profesión en la que «la única posibilidad de hacer prácticas es participar en excavaciones arqueológicas», lo que es bastante evidente. Lo que ya no es tan normal es que sean los estudiantes quienes se vean obligados a pagarse de su bolsillo esta actividad. «Ahora se ha puesto de moda lo de pagar para trabajar», señala Luis. Por una cantidad que oscila entre los 300 y los 600 euros, un prometedor aprendiz de arqueólogo se puede ganar el derecho a trabajar en excavaciones. «Hay muchas donde los que las dirigen tampoco cobran».

Todo por el currículo. «A través de las ofertas que ofrecen para mejorarlo te cuelan todo tipo de trabajos, muchas veces se nos contrata por el convenio de la construcción». Luis confiesa que sigue adelante porque no le queda otra. Intercambia su trabajo por artículos publicados, contribuye con su dinero a mantener las campañas arqueológicas en las que él mismo participa sin cobrar salario alguno y puede considerarse afortunado por mantenerse en el circuito investigador. Es un consuelo, aunque siempre está el futuro para empañarlo. «El máximo nivel que veo es llegar a hacer cosas gratis».

Esperanza

Viviana ve el porvenir de manera diferente. Tiene 26 años y es ingeniera civil. En septiembre de 2017, mientras empezaba a preparar su trabajo de fin de máster, comenzó a hacer prácticas extracurriculares en una consultoría de Madrid donde «en cada momento me preguntan qué tal» y le han renovado el contrato hasta mayo. Cobra 600 euros, en la empresa cuenta con un tutor que le aclara todas las dudas y tiene la esperanza de que terminen contratándola. «A un becario ya le han cogido», dice.

En tales circunstancias es lógico que Viviana no esté de acuerdo con la intención de Podemos de eliminar las prácticas extracurriculares. «Sería una locura quitarlas porque es una ventana que nos abre a todos al mundo laboral. Es cierto que los becarios no tenemos los mismos privilegios que un trabajador, pero por estar seis meses así no pasa nada», asegura. Admite, eso sí, que conoce casos de estudiantes «que trabajan gratis». «Yo he tenido suerte», repite.

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