Hoy

Los misterios del cáracter de un volcán

Columna de humo del volcán islandés Grimsvoetn, que entró en erupción en 2011.
Columna de humo del volcán islandés Grimsvoetn, que entró en erupción en 2011. / Archivo
  • La Unión Europea financia diversos programas para poder determinar los efectos de los volcanes y evitar los efectos de una erupción la del Eyjafjallajökull

Eyjafjallajökull. Un trabalenguas que se convirtió en un dolor de cabezas para Europa hace cuatro años y medio. El 14 de abril de 2010 escupió al cielo islandés una nube de cenizas que, llevadas por las corrientes atmosféricas, colapsó el transporte aéreo europeo. Más de diez millones de personas se quedaron en tierra, más de 100.000 vuelos no pudieron despegar y la crisis demostró el poco músculo de las infraestructuras ferroviarias del Viejo Continente. El Eyjafjallajökull le metió un mordisco de 3.900 millones a las arcas europeas. Ahora, otros compañeros de este volcán impronunciable han provocado un pequeño susto. El Bárðarbunga y el Holuhraun han estado jugueteando con causar otra crisis, ya que han mostrado actividad. Este encendido explosivo y el hecho de que muchos volcanes islandeses estén cubiertos de hielo es lo que provoca semejante cantidad de ceniza.

El problema con los volcanes es que es complicado saber cuándo los volcanes se van a activar con exactitud. Por ese motivo, la Unión europea comenzó a mostrar más interés por la vulcanología y, sobre todo, en lograr una previsión lo más acertada posible. El objetivo es proponer proporcionar a las autoridades de protección civil y a determinados grupos comerciales económicamente importantes, tales como las compañías aéreas, más tiempo para reaccionar de forma efectiva, contribuyendo así a la protección de vidas humanas y reduciendo los daños causados a la economía europea. Para conseguirlo, hace dos años nació Futurevolc, un organismo formado por 27 universidades, centros de investigación, organismos públicos y empresas de Islandia, Irlanda, Italia, Reino Unido, Suecia, Alemania, Noruega, Suiza, Francia y los Países Bajos.

Los científicos han colocado detectores de gas volcánico, sensores de infrasonidos, cámaras de alta resolución, sismómetros y sensores de detección del movimiento del suelo en las regiones más activas de Islandia para complementar la red ya existente. Muchos de estos sensores adicionales forman parte de redes móviles, lo que permite desplegarlos en zonas activas y respaldar la red permanente. Además, existen nuevos aparatos de seguimiento, tales como sismómetros, que son capaces de detectar movimientos imperceptibles (temblores sísmicos) que pudieran indicar el ascenso de magma hacia la superficie de la tierra, o inundaciones debidas al avance del magma debajo del hielo. Estas inundaciones constituyen una amenaza significativa para los habitantes y las infraestructuras de la zona. Otros instrumentos, como el GPS o los datos vía satélite, pueden detectar cambios mínimos. En el caso del volcán Bárðarbunga estos medios se han utilizado para estimar el volumen de magma que asciende y penetra la corteza terrestre ya desde una profundidad de 10 kilómetro de la superficie.

Este proyecto paneuropeo, que cuenta con un fondo de 6 millones, se centra también en observar la erupción una vez que llega a la superficie, por ejemplo realizando mediciones de los gases peligrosos y de la velocidad de la lava. Esta información puede indicar si la actividad volcánica podría evolucionar hacia una erupción similar a la de 2010. En julio el equipo añadió a la red islandesa ya existente tres cámaras infrarrojas situadas en tierra y destinadas a detectar partículas de silicatos en las cenizas volcánicas. El proyecto ha efectuado también pruebas con un sensor instalado en un avión que pudo detectar ceniza recogida en un volcán islandés y lanzada desde el aire sobre el golfo de Vizcaya. El sensor, que usa cámaras multiespectrales para distinguir los silicatos de las partículas de hielo, detectó la ceniza desde una distancia de 60 kilómetros. Si el Bárðarbunga entra en erupción, el equipo podría desplegar el mismo sensor para detectar cualquier posible salida de ceniza.

Otros proyectos

Los investigadores de Vuelco, programa en el que participa España, han realizado un estudio sobre seis volcanes de Europa y de todo el mundo. El estudio ha dado como resultado una base de datos sobre la actividad volcánica, así como mejores modelos de previsión. Además de España, han participado Reino Unido, Italia, Alemania, México, Jamaica y Ecuador.

Por su parte, Evoss, ya operativo en Europa, África e islas volcánicas ha desarrollado un nuevo sistema basado en satélites que detecta y observa la erupción de volcanes en todo el mundo. Los servidores informáticos especializados de que dispone el proyecto difunden a continuación los datos en tiempo real a las autoridades de protección civil. Este sistema hace tres tipos de mediciones de las erupciones: las del calor procedente del volcán, las de las cenizas y gases emitidos, y las de los cambios físicos experimentados por la superficie de la tierra. Estos datos pueden ayudar a los científicos a anticipar con más seguridad cómo va a comportarse el volcán posteriormente.