La carga de los cosacos

Cosacos con uniformes paramilitares reprimen una manifestación pacífica convocada en Moscú la semana pasada por el opositor Navalni, que fue detenido. :: afp/
Cosacos con uniformes paramilitares reprimen una manifestación pacífica convocada en Moscú la semana pasada por el opositor Navalni, que fue detenido. :: afp

Reprimen protestas, patrullan las calles y combaten en Siria y Ucrania. Su influencia inquieta a las organizaciones de derechos humanos. Ellos dicen defender las esencias de la vieja Rusia

RAFAEL M. MAÑUECO

Las imágenes de cosacos golpeando con látigos y fustas a los participantes en la manifestación del pasado día 5 en Moscú, convocada por el líder opositor Alexéi Navalni, han puesto de actualidad en Rusia el debate sobre la conveniencia de utilizar destacamentos paramilitares en tareas de orden público y, más concretamente, en la represión de manifestaciones pacíficas.

Este hecho no se había producido antes en la Rusia postsoviética, pese a que los cosacos patrullan ocasionalmente las calles de muchas ciudades con el objetivo declarado de prevenir altercados u otros excesos y perseguir cualquier infracción de la ley. Los detractores de incorporar cosacos a dispositivos de seguridad sostienen que para eso ya existe la Policía y la recién creada Guardia Nacional (Rosgvardia).

Y es que la creciente influencia de los cosacos preocupa seriamente a las organizaciones de derechos humanos, que les acusan de xenofobia y de defender posturas ultraconservadoras. En efecto, se han autoproclamado defensores de las esencias tradicionales de la vieja Rusia. Se dedican a reventar exposiciones de arte «sacrílegas», atacan establecimientos nocturnos para erradicar el «vicio y la depravación» y, aún más peligroso, actúan violentamente contra ciudadanos procedentes de las repúblicas del Cáucaso Norte para obligarlos a regresar a sus lugares de origen.

Dicen conservar de este modo la «pureza» de sangre en la Rusia blanca y evitar «desequilibrios» en la composición étnica. Así lo hicieron hace seis años en Krasnodar, una de las grandes cunas de los cosacos y lugar de concentración de la selección española de fútbol durante el Mundial de Rusia, en medio de las denuncias de numerosas ONG, que calificaron las expulsiones de «limpieza étnica».

Estiman que tales medidas, que hasta ahora no les han supuesto ningún percance con la justicia, son buenas como forma de lucha contra la delincuencia, ya que, a su juicio, los caucasianos viven habitualmente en un medio altamente criminalizado. Por otro lado, unidades de cosacos tomaron parte en la anexión de Crimea y combaten actualmente en el este de Ucrania, contra las tropas de Kiev, y en Siria, en apoyo del Ejército de Bashar al Assad.

El Ayuntamiento de Moscú ha sido uno de los pioneros a la hora de preparar y financiar a estos legendarios jinetes salpicados por la polémica. La semana pasada, el jefe del departamento de seguridad municipal de Moscú, Vladímir Chérnikov, reconoció en declaraciones a la agencia Interfax que el Ayuntamiento capitalino presta ayuda y medios a los cosacos, quienes, según sus palabras, «colaboran con nosotros en tareas de seguridad».

Chérnikov, no obstante, negó que recibieran la orden de reprimir la concentración de Navalni y, según sus afirmaciones, «eran personas vestidas de cosacos, pero que nada tienen que ver con nosotros». El portal 'The Bell', sin embargo, asegura que sí recibieron instrucciones del Ayuntamiento moscovita. Según 'The Bell', las autoridades municipales, firmaron «tres contratos» de formación para «adiestrar a los cosacos en labores de mantenimiento del orden en eventos públicos». La publicación sostiene que esos cursos y otras ayudas supusieron para el Consistorio un gasto de 16 millones de rublos (215.000 euros aproximadamente).

«Acción criminal»

Navalni, que es jurista, asegura que, en cada uno de los vídeos filmados por sus seguidores durante la manifestación del día 5 con sus móviles, «tenemos una acción criminal» perpetrada por los cosacos. «Estamos preparando una denuncia ante los tribunales por cada uno de estos hechos», ha anunciado el dirigente opositor, que ha pedido a aquellos que también puedan aportar otras filmaciones o pruebas que se las hagan llegar. Cierto es que Navalni reconoce que no es muy probable que las demandas progresen, pero estima necesario presentarlas para dejar constancia.

El 1 de mayo, el Centro Sájarov de Moscú no pudo celebrar uno de sus certámenes de arte porque lo impidió un nutrido grupo de cosacos. Rodearon el edificio y cerraron el acceso a todos los que acudieron. La Policía no actuó. El centro Sájarov, que celebra también charlas, conciertos y espectáculos teatrales, es objetivo sistemático de estos ultras por el contenido «iconoclasta» de sus eventos. A veces han llegado a dañar algunas de las obras expuestas.

Patrullas de cosacos fueron empleadas durante la Olimpiada de Invierno de Sochi, en febrero de 2014. Ahora se hablaba de utilizarlas también durante el Mundial de Fútbol, que comienza en Rusia el próximo 14 de junio. Pero la controversia surgida a raíz de lo sucedido en la manifestación de Navalni está haciendo que las autoridades se lo piensen dos veces. Por ahora, no hay una decisión firme.

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