El acoso sexual en el trabajo es causa de despido

El Tribunal juzgador invita al acosador a aplicar la regla de oro de la ética: si hubiera consentido que su hija o esposa hubieran sido sujetos pasivos de tal ‘broma’ y por tanto, confirma el despido disciplinario. No se trata de una broma sin mayor trascendencia, es un verdadero acoso

GUADALUPE MUÑOZ ÁLVAREZAcadémica correspondiente de laReal Academia de Jurisprudencia y Legislación

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Sala de lo Social ha dictado no hace mucho una sentencia condenando a un trabajador por acoso sexual. Los hechos en los que se fundamenta son estremecedores. La trabajadora recién ingresada en la empresa sufrió una novatada incalificable consistente en someterse a lo que llamaban «prueba del plátano», realizada por un compañero que exigía a las mujeres de nuevo ingreso en la empresa. Con gran crueldad se obligaba a las nuevas trabajadoras, mediante una representación sexual, a pelar un plátano, metérselo en la boca y morderlo delante de otros trabajadores y lo más terrible, delante de los alumnos de un centro de educación especial.

En el relato de los hechos se ha constatado que ante la resistencia de la acosada se la sometía a burlas y persecución cantándole además repetidamente: «el único fruto del amor es la banana, es la banana».

La resolución judicial ha considerado que se está ante una conducta de acoso por razón de sexo, causa suficiente para confirmar el despido disciplinario, sin que pueda contemplarse la rebaja de la sanción en aplicación del convenio colectivo como se pretendía.

El acoso moral en el trabajo es una acción «continuada y deliberada» de carácter objetivo, es algo «registrable y cuantificable». Hay que luchar contra este inicuo comportamiento. Hay que centrarse en primer lugar, en la prevención, tarea que tiene que empezar por incentivar la solidaridad de los compañeros de trabajo y erradicar a los «psicópatas organizacionales» es decir, compañeros implacables que mantienen conductas despreciables. Las consecuencias que puede tener el acoso laboral son graves, según los psicólogos: depresión, baja autoestima, nerviosismo, insomnio. Con frecuencia el acosador no se contenta con la acción directa, se dedica a hablar mal de la víctima tratando de generar una imagen que no se corresponde con el trabajo que desempeña, incluso inventa rumores que perjudican su prestigio moral y social. Todo ello supone una perversión que produce gran dolor y un daño irreparable.

Hay que recordar que en el ámbito penal el artículo 173.1 de nuestro Código impone una pena de seis meses a dos años a quien someta a otro a un trato degradante, menoscabando gravemente su integridad moral. La reforma de la ley 5/2010, añadió un nuevo párrafo aplicable de manera específica al delito de acoso laboral que dice: «Con la misma pena serán castigados los que en el ámbito de cualquier relación laboral o funcionarial y prevaliéndose de su relación de superioridad realicen contra otro de forma reiterada actos hostiles o humillantes que, sin llegar a constituir trato degradante supongan grave acoso para la víctima».

El legislador ha tenido en cuenta, sin duda, para esta modificación, la proliferación de situaciones de acoso que han tenido lugar en los últimos años. Las reclamaciones han sido muy variadas. Generalmente las sufre la mujer y no siempre tienen el castigo que merecen. Una afrenta más a erradicar.

Las personas que los llevan a cabo suelen ser los jefes o compañeros que utilizan su poder de forma abusiva, procurando no dejar evidencias de su agresión.

La sentencia que reseñamos es clara, ha llamado la atención de los medios de comunicación. Algunos diarios han dado a conocer la resolución que confirma el despido del trabajador por obligar a sus compañeras a realizar una conducta humillante de carácter sexual, que aún es más detestable por exigir su práctica en presencia de alumnos. El Tribunal juzgador invita al acosador a aplicar la regla de oro de la ética: si hubiera consentido que su hija o esposa hubieran sido sujetos pasivos de tal ‘broma’ y por tanto, confirma el despido disciplinario. No se trata de una broma sin mayor trascendencia, es un verdadero acoso. Debemos divulgar este criterio jurisprudencial añadiendo que aún en el supuesto de que al acosador le hubiera parecido ‘normal’ su conducta aplicada a su familia, habría sido igualmente grave su acción.

Al margen de esta resolución, cabe señalar que nuestro ordenamiento exige la responsabilidad de las personas jurídicas, la empresa pueda ser condenada por la conducta del acosador y el trabajador acosado tiene la posibilidad de pedir la resolución del contrato con la indemnización correspondiente pudiendo conseguir un plus de reparación si se han vulnerado sus derechos fundamentales a la integridad y a la dignidad. No es este el caso puesto que la empresa ignoraba la conducta condenable del trabajador al que despidió inmediatamente al conocer los hechos.

Recordar que el empresario que conozca alguno de los comportamientos de acoso debe actuar con diligencia en la investigación de los hechos para obtener el mejor resultado.

Hay que acabar con esta terrible práctica que perturba el ambiente laboral, alterando la estabilidad, pero sobre todo supone una crueldad inadmisible, tanto en las relaciones laborales como en cualquier otra circunstancia.

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