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Un médico víctima de una agresión: «Comenzaron a darme puñetazos y a arrastrame por el suelo»

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Devesa escucha a sus compañeros. / J R. Ladra

  • Los ataques a facultativos aumentan el 37,12 % en 2016, con 495 casos, por la mayor concienciación del colectivo a la hora de denunciar

En febrero de 2015, al médico residente Francisco Devesa le dieron una paliza a las puertas del Hospital General de Valencia. Primero, un hombre se bajó de una moto y le golpeó con un casco. Al momento aparecieron otras dos personas. “Comenzaron a darme puñetazos y a arrastrarme por el suelo. No sé cuánto tiempo duró aquello”, recuerda Devesa. Una pareja de adolescentes que paseaba por donde se estaba produciendo la agresión avisó a la Policía Nacional. Se levantó con el rostro ensangrentado.

Pero su pesadilla no acabó ahí. Cuando fue a dar parte de lo sucedido a sus superiores, se encontró con una incomprensión que no esperaba. “Lo que me dijeron es que debía tener más inteligencia emocional y más empatía a la hora de tratar a los pacientes. Salí del despacho derrumbado porque no me sentía apoyado. Fue horrible”, recuerda con amargura Devesa. Las cosas cambiaron cuando acudió al Colegio de Médicos de Valencia, donde recibió “protección legal y cariño”. Su caso está a la espera de juicio, pero es un buen ejemplo del drama que sufren a diario muchos profesionales sanitarios, víctimas de agresión.

En 2016 se registraron 495 casos de agresiones a médicos en España, el 37,12 % más que el año anterior, un repunte que se explica, según el presidente de la Organización Médica Colegial, Serafín Romero, por la “mayor concienciación” del colectivo a la hora de denunciar. “La situación de estos sanitarios se está haciendo visible”, corrobora José Alberto Becerra, coordinador del Observatorio de Agresiones de la OMC.

Gráfico con estadísticas de agresiones a médicos en España.

Gráfico con estadísticas de agresiones a médicos en España. / R. C.

Pero a juicio de la entidad que agrupa a los médicos, existen otras causas que explican el mayor número de denuncias. La masificación de las urgencias, la falta de equidad en la atención sanitaria, el aumento de las listas de espera o la precariedad laboral de los profesionales son algunas de ellas.

Entre otras iniciativas, los médicos reclaman más medidas preventivas y de protección de los profesionales, con más seguridad en los centros; que las agresiones sean consideradas como delito contra la autoridad, y que la intimidación, la amenaza, la coerción y la agresión psíquica al sanitario también sean consideradas como delito.

De acuerdo a los datos recopilados por la OMC, el perfil del agresor es el de un hombre que es paciente de un centro público, que ataca a su médico en el servicio de Atención Primaria y que lo hace en la mayoría de los casos por discrepancias en la atención médica. Del total de agresiones del año pasado, el 13,4 % provocaron lesiones en el facultativo y el 16 % conllevaron una baja laboral.

Saldarreaga, tras la conferencia de prensa.

Saldarreaga, tras la conferencia de prensa. / J. R. Ladra

Cinco días de baja estuvo Abel Saldarreaga, médico de familia en Cádiz que también fue víctima de una agresión. “Estaba en la consulta y entró un chico de 23 años que cerró la puerta y comenzó a insultarme. Aunque intenté tranquilizarlo, siguió golpeando el mobiliario. Pude salir de la consulta para buscar un teléfono. Ahí me amenazó de muerte y aunque me coloqué al lado del director y había unas 60 personas en el centro médico, consiguió agredirme, primero con un puñetazo en el tórax y después con una patada en el abdomen”, relata Saldarreaga. “Nosotros tenemos que manejar situaciones de miedo y angustia, eso es lógico, pero el límite es la agresión”, explica este médico. Tras el ataque, acudió a la comisaría y puso una denuncia. Pero no pudo evitar que el miedo lo acompañara a partir de entonces. “Cambié mis pautas de conducta, cambié de coche y me planteé dejar la medicina”, asevera, porque además, pensaba: “Si con 60 personas en un centro de salud te agreden, ¿qué podría ocurrir en la calle?”. Sin embargo, la vocación pudo más que el temor y volvió a ponerse la bata. El agresor fue condenado y Saldarreaga llegó a un acuerdo para que no tuviera que ir a la cárcel. Ahora asegura que con la ayuda de los profesionales que le apoyaron en su caso ya ha podido superar las secuelas.