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La amistad eterna de Ruth

La postal enviada al cementerio de Huesca.
La postal enviada al cementerio de Huesca. / Marta Sanmamed
  • Amigas de una profesora aragonesa envían una postal a su tumba desde Suecia

  • El celo de tres carteras hizo que llegara a su destino en el cementerio de Huesca: «Nos salió del corazón»

Al principio, sin saber que era ella, le pegaba que fuera para ella, para Ruth. «Es una hermosa cadena de sentimientos. Y entre familia y amigos decidimos que siga anónima». Como anónimo reclama que sea este testimonio. El de una compañera de Ruth Orus Andreu, cuya tumba en el cementerio de Huesca devolvió su añorado recuerdo a sus muchos amigos después de que una postal sin firma pegada a su lápida se haya convertido en viral. Y haya hecho preguntarse a muchos: ¿quién descansa ahí?

Pues alguien que murió muy joven (23 de febrero de 1970-20 de diciembre de 2014), pero no lo bastante como para no dejar una profunda huella en esos 43 años de vida. Una mujer a la que sus amigas, de viaje por Suecia, recordaron el día de su cumpleaños. Decidieron enviarle una postal a su lápida de mármol grisáceo en el camposanto de Huesca. «Eterna compañera de viaje. Nos hemos acordado de ti, aparte de por caminar, porque era tu cumple, porque hemos intentado brindar a tu salud y nos ha sido difícil».

Tardó días en cruzar toda Europa pero llegó a su destino. El 3 de marzo, las carteras Mari Carmen Monesma, Conchita Loro y Begoña Lamarca clasificaban envíos en la Delegación de Correos de Huesca. Las tres son veteranas, entre 25 y 35 años de profesión, y por sus manos ha pasado de todo. Pero nunca una postal ‘postmortem’. Decidieron que no podían romper una cadena de sentimientos como esa. «Desde luego que es algo insólito. Nunca nos había llegado una carta dirigida al cementerio. Pensamos que era una broma, pero cuando la leímos nos llegó al corazón. ¡Qué buenas amigas!, ¡qué gesto de cariño más maravilloso!», cuenta Begoña, aún impresionada.

Al acabar su jornada laboral, decidieron cumplir con el envío. Incluso se pararon en una floristería a comprarle un clavel. Al escuchar su historia, la dueña decidió regalarles la flor. La cadena de afectos seguía creciendo. No les resultó complicado encontrar el nicho, dada la precisión de los datos. Mari Carmen, Conchita y Begoña se tomaron la molestia de cubrir la postal con un plástico antes de pegarla junto al clavel sobre el mármol. La previsión meteorológica indicaba lluvias ese primer fin de semana de marzo sobre Huesca.

Las carteras que llevaron la postal.

Las carteras que llevaron la postal. / Rafael Gobantes / Heraldo de Aragón

Casi dos semanas después, la postal y el clavel aún permanecen amarrados al recuerdo de Ruth Orus. Allí los encontró días atrás Marta Sanmamed, escritora especializada en ‘turismo de cementerios’ y dedicada a que «los camposantos no se conviertan en lugares olvidados». Leyó la historia en la prensa aragonesa y ella, residente en Zaragoza, decidió ir en su busca. Después de hora y media perdida por el cementerio oscense y, cuando estaba a punto de abandonar, se cruzó con «un ángel, sin alas y con un uniforme verde pistacho». Un enterrador que resultó ser ‘el’ enterrador. De Ruth. La acompañó hasta la placa, la postal y el clavel. Tres años después, el hombre aún recordaba el frío glacial que hacía aquel 20 de diciembre. Sanmamed publicó esas sensaciones en la revista ‘Adiós’ y lo reflejará en su sección ‘De tumba en tumba’ en Spain Media Radio.

Las tres carteras nunca pensaron que un gesto tan sencillo y que imaginaron anónimo pudiera tener tanta repercusión. Cuando trascendió, les llegó a su oficina una orquídea. Fue el agradecimiento de las remitentes tras regresar de Escandinavia. A las muestras de cariño se unió un grupo funerario de Cuenca que les regaló sendos cuadros con la imagen de San Lorenzo, patrón de Huesca. Mari Carmen, Conchita y Begoña llevan días sobrepasadas. «Lo hicimos de corazón y ya está». Arden en deseos de que les cubra el manto de anonimato que las amigas de Ruth imaginaron desde Suecia.

Postal colocada en la lápida.

Postal colocada en la lápida. / Marta Sanmamed

¿Quién era?

Ruth dedicó su corta vida a los demás. Fue coordinadora de los cursos de español para inmigrantes que el Centro Obrero de Formación (CODEF) y la Fundación Aunare ofrecen desde hace 40 años en el humilde barrio de Delicias de Zaragoza. Su trabajo y el de sus compañeras recibió una mención en Innovación Educativa desde el Ministerio de Educación en 2001. También ocupó cargos directivos en la Fundación Seminario de Investigación por la Paz.

Sus huellas en las redes sociales han sido prácticamente borradas. Se sabe que le gustaba acudir a las sesiones de cuentos de Cristina Verbena, conocida artista maña a la que solía confesar, en realidad: «A mí no me gusta escuchar cuentos». Le aburría, iba «porque los organiza Cristina». Las escasas referencias que quedan de Ruth apelan todas a rasgos femeninos. La artista Cristina, tres entregadas carteras, una florista emocionada, sus compañeras en CODEF: Ana María, María Pilar, Begoña... Y una orquídea que, como su recuerdo, florecerá en los albores de cada primavera si no se rompe esa cadena.