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Escupir contra el viento (Sobre el boicot a los productos catalanes)

CADA vez es más frecuente recibir mensajes invitando a no comprar productos catalanes, donde se suele hablar de algunos empresarios de esa región del levante peninsular que se han declarado partidarios de la independencia. Entre ellos suele aparecer el nombre de algún miembro destacado de la familia Carulla. Naturales de l'Espluga de Francolí, los Carulla controlan el gigante de la alimentación Agrolimen y disponen de un patrimonio cercano a los 2.000 millones de euros. Lo que ha permitido que aparezcan en la lista Forbes, como una de las principales fortunas a nivel nacional. Por tanto, no es de extrañar que sus gestos y opiniones políticas tengan un peso considerable en la sociedad catalana. Mientras muchos empresarios catalanes han intentado mantener cierta equidistancia en el proceso secesionista, los Carulla se han convertido en una de las piezas clave del citado proceso. Así, su apoyo a la independencia ha servido de argumento a los partidarios de la secesión.

El posicionamiento en el proceso independentista ha provocado en las redes sociales un rechazo a la actividad empresarial de los Carulla. Rechazo que, según los datos publicados por la prensa económica, sobre el holding empresarial de la familia catalana, no se ve claramente reflejado en su cuenta de resultados. Al mismo tiempo, el efecto de este boicot es muy similar a las desafortunadas e injustas frases de algunos miembros radicales y xenófobos de partidos independentistas catalanes. Cuando estos, rallando el cenit de la estulticia, relatan lo poco que se trabaja en Extremadura y Andalucía, magnificando la cultura del subsidio. Dejándose llevar por tópicos y estereotipos que no suelen tener una clara correspondencia con la realidad que acontece en las dos regiones antedichas.

En este artículo no se pretende formar o construir ningún tribunal de honor o de mérito de nada ni de nadie. Simplemente, parece injusto y poco acertado dejarse llevar por leyendas urbanas y frases escasamente fundamentadas en la realidad para enfrentar a las buenas gentes que son mayoría en todas partes. Al mismo tiempo, con este proceder se hace un flaco favor a la verdad, y lo que es más grave, no se valoran convenientemente las consecuencias de las posibles acciones. Sólo se hace referencia a una parte de los hechos, dejando a un lado aquello que no coincide con el propósito del mensaje. La mayoría de las veces por desconocimiento y otras por torticeras intenciones difícilmente confesables.

En otro orden de cosas, cualquier persona es libre de sentirse o vincularse con algún colectivo u origen concreto, como puede ser el caso de aquellos ciudadanos que se sienten catalanes y no españoles. Es tan lícito como que alguien se sienta de la Patagonia chilena, checoslovaco, búlgaro o birmano. En definitiva es una cuestión de sentimiento y cada persona es libre de sentirse lo que considere oportuno. Otra cuestión distinta es cómo y de qué manera se quiere sustentar ese sentimiento.

Atendiendo a lo enunciado anteriormente, el caso de la familia Carulla es especialmente interesante. Hay que tomar en consideración que buena parte de los productos de Agrolimen no sólo se fabrican en Cataluña, sino en toda España. Extremadura es una de las regiones destacadas en cuanto a la presencia de las empresas que están participadas por la citada familia. Entre 200 y 500 personas, según la época del año, trabajan de forma directa en la fábrica que tiene este grupo accionarial en el municipio cacereño de Miajadas. Al mismo tiempo, existe un nutrido número de empresas que están directamente vinculadas a la actividad industrial generada, que van desde las labores de recolección agrícola al sector logístico del transporte, pasando por el sector servicios. El número de trabajadores relacionados con estas actividades complementarias a la desarrollada por la industria transformadora puede llegar fácilmente a duplicar los puestos de trabajo directos. Por otra parte, la fábrica localizada en Miajadas está sujeta a un plan de innovación y mejora de sus instalaciones de unos 3 millones de euros al año. Lógicamente, esta inversión constante genera bastante trabajo a las empresas de construcción de la zona.

Gracias a las continuas inversiones, quizá la más importante en el año 2012 superior a los 7 millones de euros, la factoría miajadeña se ha convertido en el centro de referencia de caldos de esta multinacional, con una producción de 53 millones de litros al año. Al mismo tiempo, se elaboran 53.000 toneladas anuales de salsa de tomate. Para la elaboración de estas salsas es necesario contratar unas 90.000 toneladas de tomate al año, siendo un motor económico muy importante para la agricultura de la zona. Todos los datos, expuestos anteriormente, fueron detallados en una nota de prensa de la propia empresa al cumplirse el 75 aniversario de su implantación en la localidad extremeña. A los actos de conmemoración de la citada efeméride asistieron un nutrido grupo de autoridades regionales, entre las que se encontraba el propio presidente de la Junta de Extremadura.

No se pueden procesar todos esos productos sin un intenso y duro trabajo, como decía acertadamente el escritor Alonso de la Torre, en un artículo donde se cuestionaba la desafortunada intervención de un político catalán de cuyo nombre no quiero acordarme. Por otra parte, la aportación a la economía de la región de este grupo accionarial es muy superior a la generada por muchos patriotas españoles residentes o no en Extremadura. En este sentido, hay que destacar que el volumen de negocio de la fábrica miajadeña es superior al presupuesto de la diputación de Cáceres. Por tanto, las soflamas independentistas y las invitaciones a obstaculizar el desarrollo comercial de algunos productos forman parte de la misma realidad. Una mala imagen de un país caracterizado por la lucha entre territorios, la ruindad y la mezquindad al servicio de la sinrazón.

La solución a este sin sentido pasa por dejar a un lado apriorismos y enfrentarse a la verdad desnuda con una mentalidad abierta. Viajar suele ser una buena terapia para liberarse de prejuicios y afrontar el conocimiento de lo que acontece en cada lugar. Fomentar el intercambio entre los distintos ámbitos territoriales de España puede ayudar al mutuo conocimiento y a mejorar los niveles de tolerancia. Quizá sea la mejor manera de hacer nación en positivo.