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¿Un Museo para la Ciencia y la Tecnología?

ES necesario fomentar y difundir la alfabetización científica en todas las culturas y sectores de la sociedad, así como las capacidades de razonamiento y las competencias prácticas y una apreciación de los valores éticos, a fin de mejorar la participación de los ciudadanos en la adopción de decisiones relativas a la aplicaciones de los nuevos conocimientos» (Declaración de Budapest, 1999).

Esta cita forma parte de las conclusiones de la Conferencia Mundial sobre la Ciencia y el uso del saber científico para el siglo XXI, auspiciada por la Unesco y el Consejo Internacional para la Ciencia. Se asume la importancia de alcanzar algunos conocimientos científicos mínimos para entender cómo evoluciona el mundo y hacia dónde nos encaminamos. O nos encaminan.

El cambio climático, los tsunamis, la evolución tecnológica, el deporte de alto rendimiento o los recursos para el diagnóstico en medicina, son algunos aspectos cotidianos que no pueden entenderse sin la referencia a la ciencia. En ocasiones, los medios de comunicación nos dan información compleja y diversa que es difícil de comprender sin la referencia a algunos conocimientos científicos. Además, a partir de este análisis podríamos formarnos nuestra propia opinión. Parece obvio asumir la gran influencia que la Ciencia y la Tecnología tienen en la sociedad actual.

No obstante, estudios nacionales e internacionales señalan el desarraigo de la población estudiantil y adulta de los contenidos científicos y el bajo rendimiento en las evaluaciones escolares internacionales. Ello sugiere que la educación científica, para jóvenes y mayores, se convierta en una exigencia urgente, al ser un factor esencial del desarrollo de las personas y de los pueblos.

La ciencia, en sentido amplio, constituye una parte fundamental de nuestra cultura y por ello es necesario potenciar su enseñanza tanto en las instituciones educativas formales (Centros de Primaria, Secundaria y Universidad...) como en otros ámbitos no formales (Museos o Centros de interpretación, etcétera). Hace ya tiempo que la investigación educativa señala la importancia de los aprendizajes en contextos sociales y culturales, fuera de la escuela. Los museos de ciencia, las salidas al campo o visitas a instituciones científicas especializadas tienen un papel importante para la divulgación de la ciencia y para motivar su aprendizaje. En estos contextos culturales y/o profesionales surge la dimensión afectiva que tiene una influencia decisiva en la motivación para el aprendizaje al provocar emoción, curiosidad, o sorpresa.

Estos centros tienen, si cabe, más importancia para los adultos ya que, en numerosas ocasiones, es la única posibilidad para recibir información o experimentar, manual y/o virtualmente, con fenómenos científicos que constituyen la base de numerosos objetos y hechos que forman parte de nuestra vida o que se muestran en la naturaleza.

La divulgación científica desde estos espacios no pretende reemplazar la labor escolar y su objetivo es acercar desde otra perspectiva y con otros recursos la Ciencia a los ciudadanos que lo deseen. Así, su función sería complementaria a los contextos educativos tradicionales. De esta manera, la educación y la divulgación científica ayudarían a la formación de opiniones más adecuadas sobre las implicaciones sociales, culturales, políticas y económicas que tienen ciertas decisiones o fenómenos que condicionan nuestra vida. De esta manera podemos señalar que la divulgación científica tiene, también, una labor social.

Las jornadas, conferencias y talleres escolares organizadas por la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País, con éxito de asistencia y participación, muestran la oportunidad e interés de un espacio como el que se está reivindicando. La afluencia de público a las actividades de la Comisión de Ciencias de la RSEEAP y su colaboración con el Servicio de Difusión de la Cultura Científica de la Universidad de Extremadura muestra un interés creciente por los temas científicos y nos anima a seguir.

Proponemos un espacio abierto, interdisciplinar y recreativo que permita comprender la evolución de la sociedad a partir de hechos y procesos científicos complejos y de diferentes naturalezas, de las que los ciudadanos en numerosas ocasiones se sienten ajenos. Las actividades que se desarrollen deben ser participativas e interactivas tanto desde la perspectiva manipulativa como en el mundo virtual. No entendemos el aprendizaje sin la implicación activa de los aprendices, estudiantes o población adulta, en la actividad concreta que se le propone.

Y demandamos un gran Espacio para la Ciencia, la Tecnología y la Innovación distribuido en tres ámbitos conectados entre sí: I. Formal, destinado a contener exposiciones permanentes y temporales y la realización de talleres; II. Abierto a lugares emblemáticos de la ciudad para transformar a Badajoz en una ciudad asomada a la ciencia y III. Con vida en el espacio virtual, que permita la conexión de todos los centros de Extremadura generadores de conocimiento científico y tecnológico, facilitando su visualización externa y nos conecte, de modo colectivo, con el resto del mundo, especialmente el iberoamericano.

Un espacio de estas características ayudaría en el proceso de alfabetización científica de los extremeños, una de las demandas más urgentes para la consecución de una sociedad moderna y avanzada.