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Nueva etapa. «Estoy reatrapando el resto de mi vida».
Nueva etapa. «Estoy reatrapando el resto de mi vida». / ALBERTO FERRERAS

«He vivido en una celda»

  • «Si mi madre hubiera sido caballo no la habría amaestrado ni Santi Serra, era indomable», dice tras recoger un premio por su dedicación a la hípica

  • Cayetano Martínez de Irujo, Jinete

El domingo pasado se cumplieron dos años de la muerte de la duquesa de Alba. Esa mañana, su hijo Cayetano recibía un premio en el Salón Internacional del Caballo de Sevilla por una vida dedicada a la hípica. Tras varias décadas inmerso en el deporte de élite, el jinete está aterrizando a sus 53 años en el mundo real. Lleva encima cinco operaciones quirúrgicas y la ilusión de estrenar nueva vida, pero también la sombra de la orfandad. «La Navidad para mí es triste, no sé dónde la voy a pasar».

Solía quejarse por no ser reconocido y por fin le premian.

La verdad es que me he quejado poco. El problema es que mi carrera deportiva ha estado muy empañada por la faceta del corazón. Y eso me ha dolido durante mucho tiempo.

¿Ya no?

He cogido mi sitio. He tenido que volver a España, dejar que pasen los años, llevar la Casa... Todo eso me ha ayudado a salir de ese círculo. Ahora tengo el respeto de la prensa. Y es una enorme satisfacción.

Pero le siguen sacando. Hace poco con una novia de 20 años.

Que me saquen es normal. Pero todo en su justa medida. Una cosa es que te saquen y otra que te revuelquen.

¿Es duro bajarse del caballo?

El caballo ha sido mi vida. Ahora seguiré concursando a otro nivel, por diversión. Pero el periodo de adaptación tras haber estado en la élite es muy difícil.

Porque le falta esa adrenalina...

Por eso y por todo. Estás en otro mundo y de repente vuelves al mundo real y ves que hay millones de cosas que ni siquiera te habías parado a pensar. Es un shock.

¿Es cierto que quien domina a un caballo es capaz de dominarse a sí mismo?

No. Eso son eslóganes que se inventa la gente. Es mucho más fácil domar a un caballo que dominar el propio carácter porque el caballo es muy listo, pero no es inteligente. Y nosotros tenemos inteligencia. Somos más complicados.

¿Se ha perdido muchas cosas por vivir en la burbuja del deporte de élite?

Es la duda que tengo, pero todavía estoy a tiempo. El haber llevado la Casa de mi madre por deseo de ella me ha dado un aprendizaje increíble. Porque, claro, tratas desde con el sindicato más izquierdista hasta con el presidente del Gobierno. El patrimonio era tan extenso... No reprocho nada, pero podría haber tenido muchos mejores resultados si yo hubiera podido curarme, salirme antes.

Curarse, salirse... ¿de qué?

De la celda educacional a la que hemos estado sometidos toda mi familia, todos mis hermanos. Celda, sí, yo he vivido en una celda. Nos han educado de una forma... Y en los últimos 30 años ha habido un cambio social y generacional tan grande que nos hemos quedado... Si yo hubiera estado fuera de eso, y de mi lío emocional que ha supuesto todo eso, habría ganado cosas más importantes en mi carrera. Lo bueno es que todavía soy joven. Ahora estoy reatrapando el resto de mi vida.

¿Somatizó la muerte de su madre?

Ni en mi peor pesadilla pensé que después de irse ella iba a pasar el año que pasé.

¿Cómo la recuerda?

Me quedo con su increíble inteligencia natural. Me decía: «Ya verás cuando yo me vaya...». Y no se equivocó en nada.

¿Se refiere a la relación entre sus hermanos? ¿Cómo se llevan?

(Pausa)... Normal.

¿Y con Alfonso Díez?

Con Alfonso muy bien. Es un señor, una gran persona.

¿La duquesa era un caballo en libertad?

Je, je... Sí, yo creo que ni Santi Serra, el mejor adiestrador del mundo, podría haber sacado de ella más que lo que ella hubiera querido. Lo único que la frenaba era el sentido de la responsabilidad. Para lo demás era indomable.

¿Y usted ha heredado ese espíritu?

Lo estoy trabajando.