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Ibarra: «En su revolución ya no creía nadie»

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El comandante y Juan Carlos Rodríguez Ibarra en 1998. :: HOY

  • El expresidente extremeño confesó ayer admirar al personaje histórico, aunque no compartía su política

Contaba ayer Juan Carlos Rodríguez Ibarra que él fue recibido por Castro en la isla «porque yo no le había pedido la liberación de ningún preso para justificar mi visita», y una vez sentados frente a frente -y esto ya lo dice Guillermo Fernández Vara, que estuvo en aquel viaje como consejero-«porque Juan Carlos fue capaz de decirle a Fidel lo que nadie le decía en Cuba».

Javier Castaño era jefe de protocolo de la Junta y a los pocos meses le tocó coordinar la llegada del comandante cubano a Mérida. Según decía ayer, «Castro vio en Ibarra a un político de raza, diferente y por eso visitó Extremadura en uno de sus pocos viajes a España».

Ibarra dice admirar al personaje fallecido, historia viva hasta anteayer, pero no compartir su política. «Como ser humano es excepcional, merece todos los elogios por su capacidad, su cultura y su inmenso conocimiento de la geopolítica. Otra cosa es el régimen que él presidía cuando en su revolución ya no creía nadie», decía ayer Ibarra, que al rememorar la visita que le giró en 1998 recuerda que «traía como un halo de heroicidad y es que para la gente de mi generación era todo un símbolo».

Durante la velada que pasó en Mérida, Castro subrayaba que los intereses americanos manipulaban el estado de las cosas en la isla que gobernaba, contaba la multitud de atentados sin éxito que sufría y elogiaba el jamón y el queso mientras le pasaban el próximo ejemplar del Granma que él mismo corregía a la vista de los extremeños, que sonrían y su sonrisa era devuelta, antes de dar el visto bueno para que se imprimiera en Cuba.

Puestos a debatir, Ibarra aplicó una técnica. «Discutamos sobre elementos discutibles, le propuse cuando él argumentaba sobre nuestra democracia, y entonces le dije que era indiscutible que aquí podíamos estar dos personas hablando de lo que nos diera la gana, pero en Cuba eso no era posible». Según Vara, «Juan Carlos era capaz de decirle cosas en su cara que nadie le decía». Según Ibarra, Castro encajaba deportivamente sus comentarios y demostró ser una persona tierna cuando durante aquella estancia en Mérida le preguntó si tenía hijos, Ibarra le contestó que una niña de ocho años, y su equipo hizo gestiones para que del colegio la llevaran hasta él solo para conocerla y darle un beso.

Decía ayer Fernández Vara que la cooperación entre la Cuba castrista y Extremadura ha sido intensa, «verdadera», según sus palabras. «A cambio de darles bombillas para sus microscopios ellos nos han aportado su programa de planificación familiar con unas citologías y unos sistemas para prevenir el cáncer de cérvix increíbles». Y especial también ha sido la relación que entablaron con algunos de sus ministros, desde Felipe Pérez Roque, que entonces era jefe de gabinete a Roberto Robaina, Carlos Lage, pediatra que entonces era uno de los vicepresidentes, igual que 'gallego' Fernández. «Pensábamos que todos los que conocimos, todos muy preparados, leales a la revolución, serían el postcastrismo, la Cuba del futuro, por eso nos quedamos de piedra cuando a varios de ellos los borraron del mapa después de que fueran grabadas algunas de sus conversaciones», confesaba ayer el actual mandatario extremeño.

El expresidente Rodríguez Ibarra cree que Castro se retiró antes de tiempo de manera intencionada. «Mi elucubración es que estaba enfermo, pero no tan enfermo. Renuncia a la presidencia (2006) porque sabía que su sistema no iba a durar mucho tiempo y dejó a su hermano para que iniciara el cambio y no hacerlo él, ya que eso habría significado echar abajo toda su vida. Fidel no permite el liberalismo, pero lo bendice porque si no se opone es porque está de acuerdo (...) yo he ido tres veces a Cuba. En los setenta la gente creía en su revolución y ahora nadie cree, los cubanos la bordean impotentes, la gente está cansada, por eso creo que Estados Unidos va a entrar como un ciclón».