Hoy

Diabetes, una enfermedad que implica a todos

EL 14 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Diabetes, un día que pretende concienciarnos a todos de la importancia de esta enfermedad. Y es que realmente nos implica a todos, porque las cifras que rodean a la diabetes así lo demuestran.

Según datos de la Federación Internacional de Diabetes (FID) del año 2015, su prevalencia a nivel mundial era de 415 millones de personas (la mitad de ellas, no conoce que padece la enfermedad), con una predicción de 642 millones para el año 2040, lo que supone que uno de cada diez adultos padecerá esta enfermedad.

Este imparable crecimiento va en paralelo con el aumento de la obesidad, lo que indica que se trata de una enfermedad muy ligada a los actuales estilos de vida (más sedentarios, con una dieta más energética). Además, esta patología se acompaña de complicaciones importantes, como la ceguera, trasplante renal o la amputación no traumática a raíz de la retinopatía, nefropatía o el pie diabético respectivamente.

Por ello, la FID lanza este año la campaña bajo el tema «Ojo con la Diabetes» con actividades orientadas a promocionar dos objetivos clave: la detección de la diabetes tipo 2 con el objetivo de modificar su curso y la detección de las posibles complicaciones para controlar mejor la enfermedad.

Otro aspecto a tener en cuenta es que, en el año 2015, se produjeron cinco millones de muertes secundarias a la diabetes, con un fallecimiento cada seis segundos en dicho año. Esto ocasionó un gasto sanitario abrumador, en concreto, el 12% del gasto sanitario global (673 billones de dólares). Podemos concluir fácilmente que la diabetes mellitus nos implica a todos, como posibles pacientes, como posibles agentes implicados o como población «pagadora» del coste económico sanitario de la misma.

A pesar de estos negros nubarrones, en los últimos años hemos asistido a un impresionante desembarco de nuevos fármacos para el tratamiento de esta enfermedad. Fármacos dirigidos al tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2 (DM2), con un bajísimo riesgo de hipoglucemia, así como una reducción del peso, lo que puede facilitar conseguir los objetivos terapéuticos en estos pacientes. De hecho, en los dos últimos años hemos conocido que algunos de estos fármacos consiguen una reducción significativa de morbimortalidad cardiovascular en pacientes con enfermedad cardiovascular previa. Tampoco podemos olvidar los magníficos resultados que la cirugía bariátrica o metabólica puede conseguir en aquellas personas afectadas de DM2, logrando incluso la «curación» de la diabetes en determinados pacientes. Aparte de los datos existentes en la literatura científica, nuestra propia experiencia con el departamento de Cirugía así lo confirma.

No me quiero olvidar de la diabetes mellitus tipo 1 (DM1) porque tiene una importante repercusión social puesto que generalmente afecta a menores de 15 años de edad (los últimos datos muestran que en España sería de 17,69 casos/100.000 habitantes-año), precisa de tratamiento con insulina desde su diagnóstico y las novedades terapéuticas no han sido, quizás, tan espectaculares. Sin embargo, desde el año 2000 se están consiguiendo nuevas insulinas que mejoran el perfil de las anteriores, consiguiendo fundamentalmente, reducir el riesgo de hipoglucemia, lo que permitiría un mejor control glucémico en el paciente. Además, desde hace dos años, los pacientes disponen de una nueva tecnología de medición de glucosa sin necesidad del conocido y molesto pinchazo en el dedo, lo que permite reducir el tiempo que los pacientes pasan en hipoglucemia (estudio IMPACT). Para un futuro bastante inmediato, parece que vamos a disponer de lo que llamamos páncreas artificial, un sistema de infusión continua de insulina basado en las conocidas 'bombas' de insulina, pero que con nuevos y sofisticados algoritmos es capaz de decidir la dosis de insulina que el paciente precisa en cada momento.

Así pues, a pesar de los impactantes números del principio del artículo, debemos saber que tenemos importantes y potentes herramientas terapéuticas para el control de la enfermedad. Sin embargo, ninguna de ellas funcionará bien si no corregimos esos estilos de vida tan ligados a su aparición, y que debemos combatir con cambios en nuestro patrón de alimentación, recomendando la dieta mediterránea, que tantos beneficios está demostrando y animando a la práctica del ejercicio físico. La implantación de estas medidas, junto con un diagnóstico precoz de la enfermedad pueden cambiar la evolución de la DM2. En cuanto a la DM1, la investigación actual se está centrando en la identificación de los factores (genéticos, ambientales) que pueden dar lugar a su aparición. Si los identificamos, el tratamiento de la misma podría cambiar sustancialmente.

Insisto, los datos actuales animan a ver el futuro con esperanza, pero ninguno de los implicados en esta enfermedad (pacientes, familiares, médicos, educadoras en diabetes, investigadores, sociedades científicas, sistemas sanitarios) podemos relajarnos en el esfuerzo.