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La mosca de Heisenberg

La mosca de Heisenberg
  • Ya están pasando los efectos mediáticos, aunque no económicos, del taquillazo de la temporada

Ya están pasando los efectos mediáticos, aunque no económicos, del taquillazo de la temporada, ese que van a ver los que acuden raramente al cine, influidos por las abrumadoras campañas publicitarias de las cadenas comerciales de televisión que lo producen. Ocurrió con “Lo imposible”, con “Ocho apellidos vascos” y con este “monstruo que viene a verme” sobre el que hemos escrito casi todos, de manera que llega un momento en el que ya no se habla de cine, sino de filias, fobias y metafóricas miradas transversales.

El nivel de cultura cinematográfica –incluso podemos borrar lo de “cinematográfica”- ha bajado hasta cotas inimaginables. Que un universitario actual sepa quíenes fueron John Huston o FranÇois Truffaut es impensable, mientras que amigos de mi generación que no estudiaron sí conocen su obra. Si a los espectadores de una película al año les preguntas por sus series de televisión preferidas, te hablarán de “Aguila Roja” y similares, antologías del anacronismo histórico y del concepto tercermundista del cine de aventuras; de sitcoms españolas de humor chabacano y chistes tópicos e incluso de “Juego de tronos”, que dejé de ver, creo que en la tercera temporada, porque me perdía entre tantas tramas argumentales y personajes dispersos, aún reconociendo su lujoso nivel de producción. Por cierto, hay mucha gente que piensa que “Juego de tronos” es una serie histórica. Obviamente en las cadenas que programan estas series hay como unas tres tandas de anuncios por capítulo en las que se publicita su “única película a la que usted y su señora o esposo tienen que ir este año”. Y allá que van.

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