Hoy

Acoso escolar, algo tenemos que cambiar

El viernes conocíamos la terrible noticia sobre la paliza que le propinaron un grupo de compañeros mayores, entre 12 y 13 años, a una niña de 8 años en el patio de su colegio en Palma de Mallorca.

¿En serio eso es verdad, y en nuestro país? Pues si, por desgracia, la noticia es terriblemente cierta.

En esta espeluznante noticia, parece que además se puede hablar casi de un linchamiento. La profesora que realizaba la vigilancia de patio tuvo que ausentarse para atender a otro alumno, y fue en ese momento cuando ocurrieron los hechos. Además de la agresión a la niña, lo que me resulta más preocupante, es que, por una parte, el resto del alumnado no reaccionase ante ese grupo de energúmenos que estaban agrediendo a una niña de 8 años (¡8 años!) por otra, que ninguno de los atacantes, parece que unos diez, tuviese un mínimo de lucidez y de compasión como para intentar detener a los demás.<

Esa incapacidad de conmoverse ante el sufrimiento y el dolor de la niña, esa ausencia de una mínima reflexión sobre «qué estoy haciendo» durante un segundo siquiera, esa falta de sensibilidad y esa forma de actuar de manera violenta, en grupo, capaces de incitarse mutuamente cuan horda salvaje, es preocupante, muy preocupante.

Las cifras sobre acoso escolar o ‘bullying’ han sufrido repunte espectacular. Según los datos de la Fundación ANAR, en su informe de 2015, un aumento del 75% en ese año (¡Un 75%!).

En el informe de Save the Children sobre «Bullying y Ciberbullying en la infancia», publicado en febrero de 2016, con entrevistas a más de 20.000 alumnos de secundaria, uno de cada diez declara haber sido víctima de acoso en los dos últimos meses previos a la entrevista.

Estas cifras son, sin duda, para llevarnos las manos a la cabeza, pero en España, que yo conozca, no hay ninguna actuación global contra este padecimiento social que ocasiona dolor y terribles consecuencias a entre un 5% a un 10% de nuestros estudiantes de primaria y secundaria.

Tal vez tengamos que preguntarnos cómo es posible que chicos y chicas que están siendo criados y educados en una sociedad del bienestar y «desarrollada», puedan actuar así, y por qué no cala en ellos la educación en valores que reciben ¿tal vez no sea suficiente?, ¿no es la adecuada?, ¿no lo estamos haciendo bien como escuela y como sociedad?, ¿el avance de la tecnología lo facilita?

Seguramente es un poco de todo; tampoco hay que despreciar que esta generación, desde su primer uso de razón, reciben su ración diaria de imágenes de violencia: tv, vídeo-juegos, internet... y que en cierta manera, eso contribuye a su normalización, es decir, la violencia (incluyo acciones como despreciar, humillar, burlar, etcétera) es algo «normal» para resolver determinadas situaciones.

Algunas comunidades autónomas han desarrollado, protocolos, aunque no todas, y aún están pendientes las actuaciones propuestas por el MECD, que recoge detalladamente el blog ‘actualidadeducativa.es’ en esta entrada. Entre estas actuaciones, se cita la activación del Observatorio para la Convivencia, un Registro Estatal de casos de acoso o la creación de una Red de Escuelas de Tolerancia Cero.

Se echan de menos campañas a nivel estatal, al igual que otras, como las campañas continuadas de la DGT sobre los accidentes de tráfico han incidido positivamente en la rebaja del número de víctimas. Parece sin embargo, que este tema no es merecedor de una campaña de ese calado. Algunos países como Canadá, la realizan al inicio de cada curso escolar, y hasta el primer ministro se implica directamente en ella.

Es muy importante que cualquier actuación conlleve intervenciones globales y continuadas. No sirve de nada recibir una charla sobre acoso si después no se traduce en acciones permanentes, que contribuyan a crear ese poso moral en nuestro alumnado.

Tenemos que crear entre todos centros promotores de una convivencia sana y ser conscientes de la necesidad de un trabajo específico, con un tiempo de dedicación contemplado en el horario escolar y una formación definida para el profesorado. Existen numerosos métodos para prevenir el acoso, uno de los más eficaces el Kiva finlandés. No me voy a detener ahora para hablar sobre todos los tipos de acoso ni las formas de atajarlo, recursos necesarios, etcétera, por no extenderme más, eso, para otro día, pero todas deben pasar por incluir no solo al acosador o acosadores, sino también a los espectadores, de ahí la imagen y la frase que he elegido para ilustrar este artículo: «El mundo no está amenazado por malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad» (Albert Einstein).

Lo que sin duda no podemos olvidar, es que, como docentes, debemos estar siempre muy atentos, siempre alerta y no banalizar nunca acciones de este tipo, con un «es cosa de niños», «esto ha ocurrido siempre», etcétera. Ni un solo chico o chica tiene que sufrir en su centro educativo.