Hoy

A propósito de los Ángeles Custodios

CASI todas las profesiones tienen a un santo patrón o patrona bajo cuya advocación de ponen sus integrantes; el Cuerpo policial no podía ser menos. El Santo Ángel de la Guarda fue elegido como patrón de la Policía Gubernativa por razones obvias: su imagen evoca la función protectora del Cuerpo. Según la religión cristiana, Dios envía a los Ángeles de la Guarda en el momento de nuestro nacimiento, para protegernos («voy a enviar un ángel delante de ti para protegerte en el camino y para conducirte al lugar que yo te he preparado». Éxodo, 23, 20).

Los orígenes de la advocación hay que buscarlos en 1920. Con anterioridad, era alrededor de la fecha de la fundación de la Policía Gubernativa, cuando, de forma no institucionalizada y de manera más o menos improvisada, se reunían los funcionarios de uno y otro Cuerpo (Vigilancia y Seguridad), para conmemorar el establecimiento de la Corporación. Recordemos que la fecha de promulgación de la Ley Orgánica de la Policía Gubernativa fue el 27 de febrero de 1908, por lo que su conmemoración giraba en torno a finales de febrero o primeros de marzo. Fue el 27 de febrero de 1920, con motivo de la celebración del duodécimo aniversario de la Ley Orgánica de la Policía Gubernativa, cuando una comisión formada por personal de los dos Cuerpos policiales, comenzaron las gestiones para que la Policía tuviera oficialmente un patrón o patrona. Tras barajar varias opciones, finalmente fue la figura del Santo Ángel de la Guarda la que resultó elegida como más apropiada ya que, además, la Iglesia la conmemoraba el día uno de marzo (instituida el 1608 por el Papa Clemente X), con lo que no distaba mucho de la fecha de promulgación de la citada Ley Orgánica de la Policía Gubernativa.

Declarada la Segunda República, quedaron suprimidas todas las celebraciones religiosas, por lo que la Policía -al menos oficialmente- dejó de honrar a su Patrón. Terminada, sin embargo, la guerra incivil, las aguas volvieron a sus cauces y, no ya los Cuerpos de Vigilancia y Seguridad, sino el General de Policía y el de Policía Armada y de Tráfico, volvieron a conmemorar anualmente, cada uno de marzo, al Ángel guardián.

Así se mantuvo hasta el año 1973; la Iglesia, tras el Concilio Vaticano II, efectuó reforma litúrgica, integrando la festividad del Santo Ángel de la Guarda dentro de la de los Ángeles Custodios, a celebrar el día 2 de octubre. Fue a partir de entonces cuando los Cuerpos policiales comenzaron a celebrar su Santo Patrón en la fecha en que hoy se festeja.

La celebración del Patrón policial ha venido sufriendo una lógica transformación según las distintas épocas. Dentro de los actos programados, y como no podía ser de otra forma, siempre tuvo especial significación la celebración de la santa misa, ofrecida para pedir protección al Santo Patrón y en favor de los caídos del Cuerpo.

Distintos fueron los templos donde se celebraban, como distintos fueron los lugares que albergaron las dependencias policiales. La separación entre Comisaría de Investigación y Vigilancia, Policía Armada, Nacional y Cuerpo General y Superior, que fueron configurando el actual Cuerpo Nacional de Policía, y los diferentes edificios que ocuparon, hicieron que, a lo largo de los años, fueran también distintas las iglesias en que aquellos actos tuvieron lugar, según el distrito parroquial en que se encontraban. Pero una cosa siempre fue cierta: se celebraba cuando, según el calendario, correspondía.

Es por ello que, en Badajoz, las iglesias de la Concepción, la de San Andrés y la de Santo Domingo, hayan sido los lugares de culto donde, de forma habitual y por este orden, han ido celebrándose, en el transcurrir de los años, los distintos patrones del Cuerpo policial; sin olvidar, por supuesto a la Catedral, en la que tuvo lugar también en numerosas ocasiones.

Refiriéndonos al acto litúrgico, aunque siga celebrándose, la actual apatía y desinterés por las cuestiones religiosas hace que no goce ya de la masiva asistencia que tuviera tiempos atrás. Al ser España aconfesional, figura como optativa y tímidamente -en letras casi imperceptibles-, en las invitaciones y 'saludas' que se cursan a las autoridades e interesados. Desgraciadamente cada vez es menor el número de personas que asisten a la misma, dándose el caso triste de que, en ocasiones, hay más uniformes de militares y otros Cuerpos hermanos, que de la propia Policía: acuden al acto más familiares y personas simpatizantes que miembros de la Corporación. Al menos para los creyentes y nostálgicos, es triste no leer ya en las crónicas -como se publicó en más de una ocasión-, que «la numerosa congregación de asistentes llegó a desbordar la capacidad del templo». En honor a la verdad habría que añadir que los actos lúdicos tampoco gozan hoy de la presencia que sería deseable.

No quisiera terminar estas reflexiones sin hacer mención a los frecuentes cambios de fechas que se vienen produciendo desde hace unos años acá, y que mucha culpa pueden tener con lo expuesto en el párrafo anterior. Por circunstancias que en manera alguna lo justifican, desde hace un tiempo la conmemoración del Patrón de la Policía, al menos en Badajoz capital, viene siendo cambiada a fechas próximas al dos de octubre, pero no se celebra el día que 'mandan los cánones'. Se juega así con el calendario y con los propios funcionarios; algunos, al aproximarse la fecha señalada, organizan su vida familiar condicionados por el día dos de octubre y dichas permutas vienen a frustrar sus proyectos. Estos cambios, sin una razón de peso que los justifiquen, constituyen, a mi modesto entender, una falta de respeto a la propia Corporación, a los propios funcionarios y al público en general. Lo digo como lo siento y lo siento como todos los compañeros con los que hablé.

Dicen que las comparaciones siempre pueden resultar odiosas, pero a ver quién es el guapo que cambia -sin un argumento o motivo más que razonado, claro- la fecha de determinados patrones o patronas. No me gusta señalar, pero mismamente podría valer de ejemplo -por poner el más próximo en el calendario-, el doce de octubre, día del Pilar.