Hoy

La educación como negocio

LAS reiteradas informaciones sobre la puesta en marcha de proyectos universitarios privados en nuestra región, junto con la apertura de distintas sedes de universidades privadas ya en funcionamiento, ha generado un debate cuyo foco, bajo mi modesta opinión, está totalmente desvirtuado. La importancia de estas noticias no está en discutir y posicionarse sobre la universidad pública frente a la privada, o viceversa. Todas las propuestas que supongan una sana competencia en la generación del conocimiento, ya sea su raíz pública o privada, deben ser bienvenidas. Ahora bien, el auténtico nudo gordiano de este tema radica, a mi juicio, en tres cuestiones fundamentales: la primera, las carreras que, previsiblemente, van a impartirse y que, según lo (poco) que se ha conocido, son carreras con una alta demanda de alumnado y, por tanto, de matrículas aseguradas; la segunda cuestión es cómo van a garantizarse los procesos de acreditación y de calidad de esos títulos y del profesorado que los imparta en igualdad de condiciones con la UEx; y la tercera, la falta de referencias a la función investigadora a la que está obligada toda universidad y que debe redundar en la transferencia del conocimiento a la sociedad extremeña. Ya que, lamentablemente, si no existe claridad y garantía en tres de estas cuestiones, cualquier implantación de centros universitarios privados en nuestra región se reduce a un mero negocio con el que «hacer caja» y a generar un sistema en el que la desigualdad de oportunidades para nuestros jóvenes repercutiría gravemente en sus posibilidades de formación y empleo.

Desde mi actividad universitaria y mi humilde experiencia como gestor en ella, centraré mi opinión en el ámbito de la educación, aunque se pueden trasladar estas ideas perfectamente a otras de las carreras anunciadas. De acuerdo con los datos de la Conferencia de Decanos de Educación, hay en España 116 centros universitarios que imparten títulos de educación, de los cuales egresan cada año, aproximadamente, 90.000 graduados en magisterio (Educación Infantil y Educación Primaria) y alrededor de 17.000 alumnos del Máster de Secundaria. En la UEx, se gradúan cada año alrededor de unos 400 estudiantes en Educación Primaria y unos 200 en Educación Infantil, además de unos 350 estudiantes del Máster de Secundaria. Es decir, desde la implantación del 'sistema Bolonia', se han graduado en nuestra universidad unos 3.200 estudiantes de magisterio (entre Ed. Primaria y Ed. Infantil) y alrededor de 1.500 alumnos del Máster de Secundaria. Es obvio que los títulos de magisterio siguen teniendo una connotación social que los hace especialmente atractivos, tanto por su formación generalista, que le confiere una gran versatilidad para el empleo, como por la implicación de empleo fijo que supone si se accede al Sistema Educativo. Igualmente, el Máster de Secundaria es un título que hay que cursar obligatoriamente si se quiere acceder a la enseñanza secundaria y de ahí su constante demanda. Pero, no hay que olvidar que son, ante todo, títulos que habilitan para la profesión de maestros y profesores y que su implantación y desarrollo debería cuidarse muchísimo más de lo que se hace por parte de las universidades y de las Administraciones educativas.

Por otro lado, la prolífica y confusa creación de universidades privadas durante los últimos años, muchas de ellas exclusivamente virtuales, ha modificado sustancialmente el mapa de la formación universitaria española y muy concretamente el de la formación inicial del profesorado. De hecho, un pormenorizado estudio de la citada Conferencia de Decanos sobre el Máster de Secundaria en el conjunto de las universidades españolas, refleja las significativas diferencias que hay en el desarrollo del título, pero sobre todo, las enormes diferencias que hay en cuanto a la implantación entre las universidades privadas (especialmente las virtuales) y las universidades públicas. Salvo honrosas excepciones de universidades privadas con un amplio recorrido en el ámbito de la educación, si lo que se quiere es formar con profesionalidad a los futuros profesores de secundaria, no puede ser de recibo cómo se está implantando y desarrollando el Máster en determinadas universidades privadas.

En el fondo, lo que evidencia este escenario, es la falta absoluta de planificación del modelo educativo que queremos para nuestro país, anclado en estructuras decimonónicas de enseñanza y de aprendizaje. Así, los títulos de magisterio y de secundaria se han convertido en meros trámites que, en algunos casos, pueden adquirirse a un desorbitante precio y ser realizados con una facilidad de muy dudosa calidad. Mientras la universidad pública y una buena parte de la privada están sometida a unos sistemas de acreditación y de calidad rigurosos, e incluso extenuantes, existe una extraña facilidad por parte de otras universidades para ofrecer determinados títulos, precisamente siempre los que tienen más demanda de alumnado o los que pueden implantarse sin un excesivo coste y dificultad.

¿De verdad Extremadura necesita más formación inicial de maestros y profesores de secundaria que los que ya forma la UEx? Obviamente no. Salvo que lo que se pretenda sea sentar las bases de una clara desigualdad de oportunidades a los futuros estudiantes de estos títulos, de tal forma que quien tenga más posibilidades económicas, tenga más facilidad para conseguirlos. En tiempos de recortes a nuestra universidad pública y de una financiación siempre en estado de ansiedad, la iniciativa privada debe venir a sumar esfuerzos para diseñar un futuro mejor para nuestra tierra, no solo a aprovecharse de lo que los recortes han debilitado. Y para ello, las Administraciones educativas deberían preocuparse más por la calidad de la formación inicial de sus docentes, que pasa, obviamente, por mirar con lupa qué, cómo y para qué sería beneficioso la creación de instituciones universitarias privadas en Extremadura. Porque, dependiendo de cuál sea su filosofía, así será el 'gaudeamus igitur' que finalmente todos podamos cantar.