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El Real Decreto 310/2016 de 29 de julio

EL BOE de 29 de julio publicaba el Real Decreto 310/2016, de 30 de julio, por el que se regulan las evaluaciones finales de ESO y de Bachillerato, con el que desde el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, se disponía la estructuración de las nuevas evaluaciones finales de ambas etapas en desarrollo de los artículos 29 y 36 bis de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, modificada por la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa.

Sus especificaciones se comenzarán a aplicar ya en este curso escolar 2016-2017. Ambas serán obligatorias para obtener el título de ESO y Bachillerato, que servirá para acceder a la Universidad. Así, las pruebas que el alumnado de ESO habrá de efectuar -y de padecer como aquellas viejas reválidas que sus abuelos hubimos de soportar y que creíamos ya felizmente olvidadas con el pasado tiempo dictatorial que las produjo- serán elemento que acecha el futuro de nuestros hijos y nietos, porque de nada les valdrán las calificaciones positivas obtenidas en sus años de formación y estudio si no superan esta nueva prueba que un Gobierno en funciones es capaz de poner, sin rubor alguno, en funcionamiento, cuando, presuntamente parece que desde instancias oficiales se había asegurado y garantizado que la Lomce era negociable.

Ya al final del curso 2017-2018 los alumnos que terminen la ESO han de aprobarla como condición inexcusable para obtener el título de Graduado en ESO. La situación en el Bachillerato es similar. Al final del curso 2016-2017 servirá para acceder a la Universidad, pero en el curso siguiente, el alumno que suspenda la prueba específica ahora establecida, la nueva reválida de arcaicos recuerdos para quienes hubimos de padecerla y contemplábamos angustiados cómo muchos de nuestros amigos y compañeros la suspendían una y otra vez, truncando así sus esperanzas de alcanzar niveles educativos superiores, no alcanzará su título de Bachiller.

En las disposiciones del Real Decreto, el alumno de Secundaria se enfrentará a siete pruebas y en la determinación de la nota final se tendrá en cuenta las de la Etapa y las de la evaluación final, una auténtica reválida. Se ponderará con un 70 % las calificaciones medias de la Etapa y un 30 % la nota media de la reválida final.

De forma similar, el alumno de Bachillerato se examinará de cinco materias troncales, dos opcionales y una específica. Para el cálculo y determinación de la nota final, la que decidirá en el albur de un solo examen, que el alumno obtenga su título de bachiller, hasta ahora alcanzado con evaluación positiva de las materias otorgada por sus profesores en su centro, se ponderará un 60 % las notas de Bachillerato y un 40 % de la reválida.

En definitiva, a lo largo de cuatro días -ese es el tiempo determinado para la realización de las pruebas en las Comunidades autónomas sin lengua cooficial- el alumno, cada alumno, nuestros hijos y nuestros nietos, estarán jugándose a una única carta todo su esfuerzo pasado y, lo más duro y dramático, buena parte de las condiciones vivenciales de su existencia futura, con lo que los resultados de esa prueba tendrán trascendencia vital para muchos alumnos.

Y en modo alguno ha de olvidarse la problemática que padecerán en sus carnes y en sus proyectos futuros de vida los alumnos que no obtengan la evaluación positiva ya que aquellos que suspendan la reválida de Educación Secundaria Obligatoria no sólo no podrán alcanzar una titulación que es obligatoria para todos españoles -el título de Graduado en ESO- sino que sólo podrán continuar su educación e instrucción a través de la Formación Profesional Básica. Por su parte, el alumno suspenso en la reválida de Bachillerato, no podrá llegar a cursar estudios universitarios y sí a ciclos formativos de Grado Superior.

No sólo las Comunidades autónomas han mostrado su oposición al nuevo y retrogrado sistema de resucitar viejas reválidas y así, por ejemplo, UGT. anunció recurso a las «reválidas» argumentando su oposición en considerarla como norma elaborada no sólo sin el más mínimo consenso sino a espaldas y total desprecio de la globalidad de las Comunidades Educativas y en la que se pone en duda el constitucional derecho fundamental a la educación. Y recordaba que el Congreso había aprobado la toma en consideración de la paralización de la normativa Lomce.

En el mismo sentido se ha manifestado la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA) de recurrir la norma aprobada por un Ejecutivo en funciones.

Las movilizaciones en la Comunidad extremeña han sido también inmediatas. Así, el presidente de la Freapa (Federación de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos de Extremadura) mostraba su opinión según la cual, las reválidas desprestigian las labores de maestros y de profesores. Los sindicatos docentes ANPE y CSIF coinciden en manifestar no oponerse a la prueba final, pero entienden de todo punto insostenible la dependencia de la obtención del título con el aprobado de la reválida, que lleva al sistema educativo español a prácticas de hace más de seis décadas.

Es en esta modificación introducida sin el más mínimo consenso donde se encuentra la fundamental objeción a la nueva norma ya que aquellos chicos y chicas que no reciban evaluación positiva en las reválidas de 4º de ESO y 2º de Bachillerato, el que se desea, se intenta y se pretende hacer pasar por simple examen final, hurtando a la opinión pública su plena y auténtica condición y plena caracterización de reválida, no podrán alcanzar sus respectivos títulos,... a pesar de haber sido evaluados positivamente en todas las materias de todos los cursos.

Termino. Como Alfonso VI contestaba a Rodrigo Díaz de Vivar, «Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras».