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«Yo no les dí al niño en acogida. A mí me lo arrebataron»

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María José Abeng Ayang abraza al pequeño Juan. / Foto: E. C. | Vídeo: Atlas

  • La madre asturiana que ha recuperado a su hijo tras tres años acogido por una familia de Valencia afirma que «solo soy una madre que ama por encima de todo a su hijo»

"Mi nombre es María José Abeng Ayang. Soy española, aunque mi piel sea negra". Así comienza la carta que anoche escribió la madre asturiana que, tras cuatro años de pleitos, acaba de recuperar a su hijo, dado en acogimiento por los Servicios Sociales del Principado a una familia de Valencia. "Solo soy una madre que ama por encima de todo a su hijo. Que no ha dejado de luchar por él, desde el mismo momento en el que supe que me lo querían arrebatar", sostiene la mujer, nacida en Guinea Ecuatorial, pero vecina de Oviedo desde los dos años, en un escrito que hizo llegar a EL COMERCIO. En él recuerda las circunstancias en que nació Juan F., la pelea judicial que lleva librando, y reclama respeto a los padres de acogida: "Las sentencias tienen que ser cumplidas por todos, como yo las cumplí en su momento, desde cuando me denegaron las visitas hasta la última resolución judicial".

"Mi madre vino a buscar un futuro mejor para sus hijos, y así crecí yo", inicia su relato. "A los 11 años, creyéndome la reina del mundo, y ante todo europea, yo no podía 'permitir' que mi madre decidiera que debía acostarme temprano o que no podía ponerse una ropa determinada (...) Así que un día, se me ocurrió la 'maravillosa' idea (recuerden que tenía 11 años) de acudir al puesto de la Guardia Civil, para que dijeran a mi madre que yo no era guineana". Es ahí donde comenzó su "infierno", al pasar a quedar bajo tutela del Principado.

"Aunque mi madre, luchó y luchó por sacarme del centro… solo era una 'pobre' mujer guineana, que vivía entre Suiza, (lugar donde trabaja mi padre como ingeniero), España, y Guinea".A los 14 años, estando ingresada en un centro de menores, se quedó embarazada. "Qué curioso que los Servicios Sociales, que querían protegerme de mi propia madre (...) no pudieran protegerme ellos de un embarazo", reprocha.

Desde el primer momento, sus monitores le dijeron "muy cordialmente" que el niño iba a ser dado en adopción. "Pasé aquella noche, tragándome mi propia estupidez, y suplicando a “quien fuera”, Dios, la Virgen o todos los Santos… que no le dejara marcharse de mi lado, porque yo, ya le quería, porque un sentimiento nuevo había nacido dentro de mí", escribe. María José señala que "cuando empezaron los asistentes sociales y los educadores a 'intentar' convencerme de que mi hijo debía ser dado en adopción, huí de España sola, embarazada de siete meses y medio hacia Guinea, ayudada por un tío mío". Un abogado la convenció de regresar y dar a luz en Asturias, cosa que hizo, con parto por cesárea, el 4 de junio de 2002. "Ni tan siquiera me dejaron ver a mi hijo. Le sacaron del hospital al día siguiente, mientras yo me quedé siete días. No me dejaron amamantarle, no me dejaron acariciarle, ni tenerle conmigo. Nadie me decía donde estaba", lamenta.

Pese a su juventud, María José dice haber sacado "fuerzas para recurrir desde el año 2012 todas y cada una de las resoluciones de la consejería", pese a lo cual las sentencias eran en su contra "por el único motivo de que yo era menor y estaba siendo tutelada". La asturiana recalca estos datos y manifiesta su sorpresa por las insinuaciones que, en el momento de la entrega, han vertido los padres de acogida: "No. Nunca he bebido, como se ha atrevido a decir el Sr. Vila, nunca he fumado, nunca me he drogado, ni nunca me han maltratado. Aquí está mi cuerpo para hacerme las pruebas que consideren. No me QUITARON A MI HIJO por tener mala vida ¿Qué mala vida podría haber tenido interna en un centro de acogida con 14 años?". La joven advierte de que "no voy a permitir ni una difamación más".

Abeng asegura que los jueces habían previsto una temporada de adaptación, en la que el crío siguiera con sus padres de acogida pero empezara a ver a su madre biológica, motivo por el cual acudió a Valencia. Sin embargo, y según su versión, los padres no acudieron a la cita y desaparecieron. "Nos volvimos 14 horas en tren hasta Asturias, con el coche de la Patrulla Canina que había comprado para mi hijo, un montón de tortugas Ninja, (que no pararon de sonar en las 14 horas de viaje), y el corazón roto, amén de la incertidumbre de si los padres de acogida habían desaparecido para siempre y jamás volvería a ver a mi hijo. Ni una sola palabra de aliento hubo por su parte, ni un mínimo de compasión".

Un «circo mediático»

La asturiana lamenta el circo mediático que su contraparte organizó ayer a las puertas de la Comandancia y las calumnias que habrían divulgado ante los medios de comunicación. "Juan F. es mi hijo. No soy alcohólica, ni drogadicta, ni tan siquiera fumo. No me maltratan ni me han maltratado jamás, como usted, Sr. Vila, osa decir. No me quitaron a mi hijo por llevar mala vida, porque yo era una niña custodiada, que vivía en un centro de acogida", reitera.

"Esta es mi historia. Mi triste historia documentada, y que la Audiencia Provincial supo valorar, con un expediente de muchos folios", afirma, antes de explicar que desde que ganó la sentencia en segunda instancia, la policía la habría hecho segumientos e preguntando a sus vecinos "si mi pareja me maltrataba".

"Solo soy una chica española de origen guineano, que YA NO QUIERE SER EUROPEA, y que lo único que desea es estar feliz con su hijo. Hijo, que tiene una familia, unos abuelos, unos tíos, unos primos, y ante todo una madre. Y mi hijo, no se llama Joan (en valenciano), ni Xuanín en asturiano. Se llama Juan F.", reitera.

"Yo no les dí el niño en acogida, a mí me lo arrebataron", indica, antes de reconocer que después de lo sufrido en este tiempo, ayer lloró de nuevo, tanto por tener al hijo en sus brazos, como por las injurias escuchadas contra su persona.