Hoy

Reválidas

A pesar de que el 5 de abril el Congreso de los Diputados rechazó por mayoría, a excepción de los votos del Partido Popular, la aplicación de las reválidas, de que la mayoría de las comunidades autónomas han solicitado que se pospusieran y del rechazo que suscitaban en la comunidad educativa, el pasado 29 de julio, víspera de vacaciones para algunos y plenas vacaciones para otros, el Gobierno aprobó el Real Decreto que regula las reválidas de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato. Lo ha hecho con agosticidad, casi de tapadillo, estando en funciones y en pleno proceso «negociador». No se podía haber hecho peor.

Me hago cargo del desconcierto que deben sentir las familias. Al cómo y cuándo se ha aprobado la norma, hay que añadir el aluvión de críticas. Difícil digestión. Consciente de ello, me he animado a escribir estas líneas con la pretensión de arrojar algo de luz, siquiera, al menos, de sintetizar lo que hay y lo que sabemos.

La Lomce establece la realización de evaluaciones finales externas para tercero y sexto de primaria con carácter orientativo; para cuarto de la ESO y segundo de Bachillerato fija sendas reválidas, lo que significa que, a diferencia de la primaria, es necesario aprobarlas para superar ambas etapas. El RD contiene las materias a examen, el porcentaje que tienen las notas académicas y el de las reválidas (un 60% y un 40% respectivamente) y cómo se realizarán las pruebas. De esta manera, hemos sabido que el alumnado de la ESO deberá examinarse de 7 asignaturas con una duración de 60 minutos por prueba y el de Bachillerato de 8 materias con una duración de 90 minutos para cada una de ellas. El periodo establecido para las reválidas oscilará entre 4 y 5 días.

Imagino que muchos padres y madres se preguntarán qué sucederá si no se obtiene la nota necesaria. La respuesta es sencilla: no obtendrán los títulos de ESO o Bachillerato, si bien el Real Decreto no tendrá efectos académicos en el curso 2016-2017. La reválida del Bachillerato, además de ser requisito para certificar sustituirá a la Prueba de Acceso a la Universidad. Si el alumno no consigue la nota necesaria en la de la ESO, solo podrá seguir estudiando la Formación Profesional Básica a la que según la Lomce se accede sin haber terminado la secundaria, en tercer curso. Con el RD también accederán quienes no aprueben la reválida aun cuando hayan aprobado los cuatro cursos de secundaria. Como ya apunté en otro articulo publicado en este mismo medio ('Ingeniería social en la Lomce') con la creación de la FP básica se ha establecido un nuevo itinerario formativo pero también se ha adelantado, lo que que supone un retroceso en la búsqueda de la igualdad de oportunidades en educación, más aun si éste es de nivel curricular inferior. No olvidemos, además, que la Formación Profesional Básica ha sido un estrepitoso fracaso pues transcurrido un año desde su implantación ya conocemos que un 50% de su alumnado no ha aprobado el primer curso.

Si echamos un vistazo al resto de países europeos, solo cinco tienen reválidas al terminar la secundaria y aunque la tendencia en Bachillerato es la contraria, es decir, la mayoría de los países tienen una evaluación externa que sirve tanto para titular como para entrar en la universidad, algunos, como Finlandia, están en proceso de revisión para evitar precisamente una de las críticas que se están haciendo en nuestro país: que profesorado y alumnado preocupados por pasar el examen se centren en la adquisición memorística de contenidos olvidando la promoción del aprendizaje e ignorando competencias más amplias. Se trata de evitar que los centros se acaben convirtiendo en academias preparatorias de exámenes.

Pero quizá, una de las críticas con mayor consenso entre expertos y comunidad educativa, sea la de su carácter segregador (muy coherente con la Lomce) pues, como se deduce de líneas anteriores, situará a una parte del alumnado en una especie de tierra de nadie -limbo lo llaman algunos- sin futuro en el sistema educativo y se incrementará el abandono escolar. No son pruebas de evaluación destinadas a identificar problemas y buscar soluciones, todo parece indicar que el resultado final será el etiquetado y la clasificación de algunos alumnos (y centros) y su expulsión del sistema educativo.

Se destaca también que el uso de estas pruebas estandarizadas incrementará el control burocrático de la labor docente además de despreciar el trabajo con el alumnado realizado por el profesorado durante varios años. El papel que se le otorga en las reválidas es secundario -no sucede así en todos los países europeos-. Flaco favor se hace a la mejora de su imagen social si se les 'ningunea' de esta manera. Las reválidas, en este sentido, suponen también la descontextualización de la evaluación y su estandarización, un suculento negocio para algunas empresas editoriales.

Clasista, sancionador y exclusor, modelo de reválidas nos hace viajar al pasado y nos traslada a tiempos anteriores a la Ley General de Educación de 1970, Ley que, precisamente, supuso un punto de inflexión hacia un modelo de evaluación continua. No soy contraria a las evaluaciones, ni a las externas; sí a aquellas cuyo planteamiento nos traslade a la sociedad, más desigual, de hace 50 años. La idea de proyecto es consubstancial al hecho de educar y una ley educativa que mire más al pasado que al futuro nunca podrá ser una buena ley. La Lomce y su desarrollo normativo no son más que un reflejo nostálgico del pasado.