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El peligro del infarto femenino es ignorarlo

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El peligro del infarto femenino es ignorarlo

Hombres y mujeres pueden vivir los síntomas de un ataque cardíaco de forma muy distinta, las diferencias son clave para actuar a tiempo

03.10.12 - 17:02 -
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El peligro del infarto femenino es ignorarlo
El ejercicio es una buena maner de alejar el infarto. / Archivo
Elena Benavente, de 43 años, lo tiene claro: “La vida me ha dado una segunda oportunidad y pienso vivirla a tope, pero, eso sí, cuidándome”. Un sábado de hace seis meses se despertó con lo que algunos llaman “síntomas femeninos de ataque cardiaco”: cansancio, dolor en la espalda, pesadez en la boca del estómago... “Soy joven, delgada y pensaba que estaba sana. De hecho, siempre he presumido de no ir al médico más que por las revisiones ginecológicas. ¿Cómo iba a pensar que aquellos eran los síntomas de un infarto?”. Su marido, Félix, tampoco se lo imaginó. Cuando Elena empezó a vomitar pensó que la cena del día anterior le había sentado mal. Pero al ver que las horas pasaban y Elena no mejoraba, la llevó al servicio de Urgencias del hospital. “Allí me dijeron que era un problema gastrointestinal y me mandaron a casa. Creo que, como no tenía el típico dolor en el pecho, ni siquiera ellos pensaron en un infarto, y menos siendo mujer y joven”, explica Elena.
Más Mortalidad
Si bien todos los profesionales de la medicina saben que, hasta la menopausia, la mujer tiene un riesgo de infarto cuatro veces menor que el hombre (luego, los riesgos se igualan), en algunos servicios de urgencias sigue sin calar otra particularidad de género: que los síntomas de infarto en ellas, y la manera en que los describen o perciben, pueden ser diferentes que en el hombre.
Como consecuencia, y según datos de la Sociedad Española de Cardiología, las mujeres tienen un 50% de posibilidades de morir en su primer infarto frente al 30% masculino. Aún más, un estudio realizado con más de un millón de personas ha revelado que “una mujer menor de 55 años que acuda al hospital durante un ataque cardiaco, pero sin dolor torácico, tiene más probabilidades de morir en el curso del mismo que un hombre de la misma edad”.
Con su diagnóstico erróneo, Elena pasó un día entero, mientras el dolor en la espalda se extendía al hombro y hasta la mandíbula. “Pensé que sufría alguna infección dental solapada, y así lo comenté en urgencias, adonde volví una vez más, pero me volvieron a mandar a casa. Finalmente, mi marido decidió llamar a nuestro médico de familia. Este me derivó enseguida a un cardiólogo”, cuenta.
Síntomas difusos
El veredicto fue claro: Elena tenía varios bloqueos en las arterias. Al día siguiente, le colocaron tres bypass. “Hay mujeres que, ante un infarto, tienen los signos típicos: dolor y opresión en el pecho, malestar, mareo, náuseas, sudoración y falta de aliento”, explica el Dr. Leandro Plaza, presidente de la Fundación Española del Corazón. Ese dolor puede extenderse al brazo izquierdo, al hombro, a la espalda o al cuello y a la mandíbula. “Algunos pacientes te muestran un puño para describir su intensidad. Otros te explican que es como si les enroscaran un gran tornillo en el pecho”, explica este experto.
Pero un notable porcentaje de mujeres no experimentan este síntoma. Según un estudio de la revista Circulation, el 43% de las estudiadas no lo habían sufrido. El problema es que muchos servicios de urgencias lo consideran esencial, lo cual puede explicar por qué los infartos femeninos pasan desapercibidos.
“Como en el caso de Elena, el infarto femenino puede dar síntomas difusos, como sensación de cansancio, falta de aire, presión en la parte baja del tórax o en la parte alta del abdomen, dolor de espalda y en hombros... síntomas que la mujer atribuye a problemas digestivos, musculares o, incluso, a depresión, ansiedad o estrés”, explica el Dr. Plaza. De hecho, en las semanas que preceden a un ataque cardiaco, esos síntomas podrían dar señal de alarma y hacer sospechar un bloqueo arterial. “Yo no sospechaba que era candidata a sufrir un ataque. Después de padecerlo, me enteré de que mi abuelo materno había fallecido por “un problema de corazón” y que yo tenía hipertensión y el colesterol alto. También recordé que llevaba semanas muy cansada”, explica Elena.
El mensaje es claro: si se tiene la menor sospecha de que puede estar sufriendo un infarto, hay que llamar al 112, que derivará el caso al Servicio de Atención Urgente Domiciliaria. “Los Servicios de Atención Urgente atienden a los pacientes incluso durante el trayecto de la ambulancia al hospital, con oxígeno, medicamentos y analgésicos. Y una razón más para acudir al centro, así es que cuando llegas a urgencias conectado a un monitor cardiaco, te toman más en serio”, añade el Dr. Plaza.
Más vale prevenir
No hay que preocuparse en absoluto por acudir a urgencias por algo que, al final, resulta una patología banal y no un infarto. “Es preferible esto a que realmente se trate de un ataque cardiaco y se acuda tarde a urgencias. El riesgo principal del infarto agudo de miocardio está en la fase anterior a la del ingreso en el hospital. La mortalidad durante esta etapa supera el 40%. Si se llega con la suficiente antelación, los tratamientos modernos (trombolisis, angioplastia y stent) permiten una recuperación satisfactoria en muchos casos y las complicaciones son relativamente poco frecuentes. Ya se sabe que con las cosas del corazón, más vale pasarse que quedarse corto”, concluye el experto.
Niveles altos de colesterol LDL e hipertensión son los principales factores de riesgo. La obesidad, el sedentarismo, una alimentación desequilibraday la diabetes mal controlada aumentan el peligro. La clave de la prevención está en el estilo de vida. Eso supone seguir una dieta saludable, como la mediterránea, hacer al menos 30 minutos de ejercicio diarios, no fumar y controlar la tensión arterial, el colesterol y los niveles de azúcar. En cuanto al alcohol, el máximo diario es el equivalente a una copa de vino para las mujeres y dos para los hombres.
Datos vitales
Cada año fallecen en el mundo más de 17 millones de personas por enfermedad cardiovascular. En 2010 murieron 120.000 españoles por alguna de estas patologías, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). El 80% de estas defunciones podrían evitarse con una alimentación y unos hábitos de vida saludables.
La enfermedad de las arterias coronarias (EAC) es el tipo más común de patología cardiaca y la principal causa de muerte en España. Ocurre cuando las arterias que suministran la sangre al músculo cardíaco se endurecen y reducen su diámetro por acumulación de placa (formada por colesterol y otros materiales) en su interior. Como consecuencia de este proceso, el músculo cardíaco no recibe la sangre y el oxígeno que necesita. Esa situación puede conducir a una insuficiencia cardiaca o a arritmias.
Insuficiencia cardiaca significa que el corazón no es capaz de bombear la sangre. Las arritmias son cambios en su ritmo normal. Un dolor torácico recurrente puede ser signo de EAC. Cansancio inexplicable y palpitaciones también pueden hacernos sospechar. Mucha gente no sabe que padece EAC hasta que sufre un ataque cardiaco, de ahí la importancia de las revisiones. (Más información en MujerHoy.com)
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