Guadalupe agota las banderas de España

David Palma

Peregrinos, devotos, turistas, jinetes y amazonas participan de la fiesta por el Día de la Hispanidad

Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

En la tienda de recuerdos del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe se han agotado los llaveros con la bandera de España. Y en la tienda de Vidal Esteban, a dos pasos de la plaza más importante de Extremadura cada 12 de octubre, no quedan ya enseñas nacionales. Se celebra la fiesta de la Hispanidad. Yno una al uso, sino una fiesta de la Hispanidad en el momento más convulso de la historia de España desde hace décadas.

En tal día como ayer, siempre hay alegría de distintivos patrios en la plaza de Santa María de Guadalupe. Es lo habitual tratándose de esta celebración. Pero este año hay más. Una quincena repartidas entre los balcones. Y en los alrededores, otras cuantas, tal como ocurre en las calles de muchas localidades del país. El conflicto catalán ha hecho por las fábricas de banderas españolas más que Iniesta con su gol a los holandeses en el Mundial de Sudáfrica, hace siete años. Y bien lo sabe Vidal Esteban, que pidió a su proveedor más enseñas pero no pudo servírselas. «La última vez que se me acabaron todas fue cuando la selección de fútbol se clasificó para las semifinales del Mundial (con gol de otro del Barça, Puyol)», constata el comerciante, que apura también las últimas pulseras con los colores nacionales. Valen 1,25 euros, aluden en letras negras a la patrona extremeña y le quedan una docena. «Entre el fin de semana pasado y el anterior –detalla– hemos vendido noventa de estas pulseras».

«Las cuatro banderas son para apoyar a la Constitución» A. Arévalo, Padre guardiÁn

«No me quedaba sin banderas desde el Mundial de fútbol de 2010» Vidal Esteban, Comerciante

El rojo y amarillo cotiza al alza en general y en Guadalupe tal día como ayer en particular. Un joven con una bandera española que por el tamaño debe pesar lo suyo sube la escalinata que lleva hasta el templo, donde hace un rato se celebró la misa, a la que los programas oficiales, en fechas señaladas, le añaden la palabra solemne. La ofició Francisco Cerro Chaves, obispo de Coria-Cáceres, que habló del amor a la Virgen y de la importancia de la labor misionera. «Gracias a Dios –defendió durante su homilía–, el único amor que no está en crisis es el amor de madre». Después cantó el Coro Francisco de Sande, de Cáceres. Yel guión de la fiesta siguió su camino, muy parecido al de todos los años. Los nuevos miembros de la Real Asociación de Caballeros de Santa María de Guadalupe recibieron la bienvenida oficial, y después, el colectivo desfiló por la plaza que queda a los pies del Monasterio, cuya fachada lucía ayer un detalle que ayuda a comprender el calado de lo que está ocurriendo.

Los cuatro mástiles

En la parte más alta de esa estupenda fachada gótica hay cuatro mástiles. Fray Antonio Arévalo, padre guardián del Monasterio, explica que habitualmente las ocupan las banderas de Extremadura, España, Europa y el Vaticano. Pero ayer, lo que había eran cuatro banderas de España. «Las pusimos hace unos días, para mostrar nuestro apoyo a la Constitución», explica el padre guardián, que recuerda que el gesto responde a la doctrina que ha marcado la Conferencia Episcopal. «También hemos hechos preces (ruegos) por la unidad de España estos días en las eucaristías», amplía el fraile.

Acaba de terminar la procesión de los caballeros, y en la tienda de recuerdos del Monasterio hay el mismo jaleo que una hora antes. No hay un minuto en el que no haya alguien curioseando entre las estanterías. Tras el mostrador, certifican la impresión de que la españolidad vive horas felices. «Se nos han acabado los llaveros –explican–, y a este ritmo de ventas se acabarán agotando también las pulseras con los colores nacionales». Calculan que las ventas de productos alusivos a la bandera se han incrementado un 75 por ciento.

En la tienda de recuerdos del Monasterio se quedaron ayer sin llaveros con los colores nacionales

Ya en la calle, a cuatro pasos de la tienda de recuerdos, una mujer posa junto a la estatua de San Francisco de Asís para que su marido le haga una foto. La pareja está acompañada por otra. Son amigos. Un grupo ecléctico: uno de los matrimonios lo forman dos extremeños, y el otro, una andaluza y un catalán. Unos viven en Barcelona y los otros en Tarragona. Yestán pasando unos días en Extremadura. ¿Les molesta la profusión de banderas españolas? «No», responden unos con la voz y otros girando la cabeza. «Pero no queremos saber nada de política, somos antipolítica», dice Toni de la Asunción, el catalán de la pandilla. «No, no, yo no soy antipolítica», reacciona su amigo Manuel Fernández. «Yo soy español por los cuatro costados –proclama–, y le digo que allí la independencia la quieren cuatro». Las mujeres, Fermina Fernández y María del Carmen Moriana, tercian en el distendido debate. YManuel Fernández, extremeño residente en Cataluña, zanja el asunto: «En menudo berenjenal –termina– nos han metido el uno y el otro».

Los cuatro se hacen la foto para el periódico, saludan y se marchan caminando. Puede que a comer una morcilla, que es, y en esto hay cierta unanimidad, la gran bandera de la gastronomía local. Ayer, antes y siempre.

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