La escasez de agua del Gabriel y Galán deja al descubierto la alquería de Arrofranco

La alquería se puede observar tras la bajada del agua. :: f. b. g.

FÉLIX BARROSO GUTIÉRREZ

Sabido es que las obras del embalse de Gabriel y Galán se deben a un proyecto de 1902, ampliado y reformado en tiempos de la II República. El estallido de la Guerra Civil malogró su construcción, que se iniciaría a finales de 1952, bajo la dictadura del general Franco. Al frente de los trabajos se puso el ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Juan Bonilla Domínguez, natural del pueblo cacereño de Torre de don Miguel. Se remató su construcción muriendo el año 1961. Por Orden del Consejo de Ministros, en 1955, se expropiaron numerosas hectáreas de terreno, que afectaron de modo primordial a algunas alquerías jurdanas, como a la de Arrofranco, que quedó completamente anegada por las aguas del pantano. Sus vecinos tuvieron que buscarse las habichuelas por otras partes, recalando varios como colonos en el pueblo de Alagón del Río, llamado hasta hace poco Alagón del Caudillo.

La terrible sequía que azota a las tierras extremeñas y de la que no se ha librado su zona más norteña, siempre más húmeda y lluviosa, ha dado lugar a que el embalse solo mantuviera, a fecha del pasado 7 de septiembre, 191,67 hectómetros cúbicos de agua embalsada, rondando el 20% de su capacidad total, que se encuentra en 911 hm3. El pasado año por estas fechas mantenía 354 hectómetros cúbicos: 38,86%. Esta ostensible bajada del nivel de agua ha dado lugar a que el caserío de Arrofranco haya quedado completamente al descubierto. Aunque la aldea se encuentra dentro del concejo de Caminomorisco, no se cita, en los documentos antiguos y muchos de los contemporáneos, como núcleo habitado, refiriéndose solo como lugar de majadas de ganado. Esto también ha sido común a la hora de catalogar otras alquerías jurdanas, tales como El Moral, El Maúl, La Rocasquero o El Teso. Pero lo cierto es que todas ellas estuvieron habitadas y en sus antiguas viviendas vieron la luz muchos infantes.

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La noticia de que el pueblo de Arrofranco había quedado al desnudo, observándose perfectamente el conjunto de viviendas devenido en maqueta pizarrosa, ha atraído a numerosas personas, sobre todo a hijos de dicha alquería.

No es tan fácil llegar en la actualidad a Arrofranco, pues la carretera muere en el pueblo de Arrolobos y, luego, hay que introducirse en las abruptas serranías jurdanas para, a través de pistas con muchos altibajos, llegar hasta las orillas del río Alagón, no muy lejos de donde desembocan en él el río Jurde o Jurdanu y la otrora caudalosa garganta de Arrofranco. Pero bien merece la pena, pues el abrazo con la dura y pura naturaleza, pese a su agostado estado, resarce al viajero de estos agobiantes e inusuales calores otoñales.

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