Descubierto un nuevo panel de grabados prehistóricos en el Valle del Alagón

Roca con los grabados, 'custodiada' por el perro Rebelde. :: f. b./
Roca con los grabados, 'custodiada' por el perro Rebelde. :: f. b.

FÉLIX BARROSO

En una de esas fincas muradas donde crecen robles y encinas y los peñascos graníticos adoptan las formas más caprichosas, y en las que antes se sembraba el centeno y hoy ya se destinan a pastizales para el ganado vacuno de carne, han sido descubiertos recientemente una serie de grabados cuya factura arqueológica parece llevarnos a etapas calcolíticas; o sea, allá por el tercer milenio antes de Cristo.

Uno de los curiosos correcaminos de estas latitudes norteñas cacereñas, Gil Lorenzo, tropezó con él, añadiendo más datos a la Prehistoria de la zona.

Una cuasi anodina roca de granito, que no destaca por su conformación singular, muestra bien a las claras un panel donde un puñado de cazoletas envuelven a una especie de mortero excavado en el duro cancho que se acurruca entre un terreno alomado donde crecen las retamas negras (cytisus scoparius), conocidas vulgarmente como 'escobas'.

Muy cerca de la roca aparecieron una cuarzoarenita deslascada por una de sus caras y una pudinga muy compacta, con clastos ferruginosos y cuarzosos. Ambas piezas pétreas debieron ser usadas por aquellas gentes prehistóricas, posiblemente como percutores.

Otros cercanos

Este panel de grabados se concatena con otros no muy lejanos, de factura semejante, y con covachos conformados por acumulaciones y superposiciones de masas plutónicas. Algunos de ellos son de gran interés arqueológico y se encuentran a escasos tiros de honda del petroglifo, rastreándose en su interior fragmentos de cerámicas calcolíticas y profusión de cantos rodados trabajados.

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